viernes, 31 de diciembre de 2010

A pesar del mal humor viene el brindis

En el brindis de fin de año o de comienzo de año me ganan el egoísmo y el pensamiento mágico. Pienso que si tomo un trago pensando que el año que viene va a ser mejor que éste, el año que viene, efectivamente, va a ser mejor. Este pensamiento mágico de tomar un trago, pedir un deseo y tener la seguridad de que va a cumplirse sólo tiene validez en el ámbito personal. Por eso yo no pido que haya trabajo para todos, ni paz mundial, ni alimentos lloviendo del cielo. Me parece una pelotudez suprema, pensar que porque tomás un trago y pedís un deseo universal, el deseo vaya a cumplirse.

Gracias por este año de compañía virtual, no quiero ponerme maricona, pero saberlos del otro lado me hace sonreir siempre. Gracias por haberme votado en cuanta estupidez se me ocurrió participar y gracias por haber hecho que ganara el premio de los lectores de Obglogo (tengo que contarles del día que fui a recibirlo, me bloqueé y me dieron el micrófono y fue un papelón). Gracias por entender que todo lo que pasa acá es de mentirita, es un chiste. Gracias a las minitas por no tener miedo en decir también soy minita y a los tipitos que vienen acá y comentan sin miedo a las minitas. Gracias por estar ahí, es por ustedes que yo sigo acá (ahí está, ya me puse todamaricona y se me llenaron los ojos de lágrimas). Hoy a las doce de la noche voy a llorar como todos los años, voy a brindar con mi hermana mirando algún cielo repleto de fuegos artificiales, voy a pensar que este año que termina fue increíble, y voy a repetir el deseo del año pasado:

Por un 2011 con el doble de risas,
¡salú!


Mas vale tarde que nunca

Siendo 31 de diciembre de 2010 me acaba de agarrar el peor ataque de mal humor de todo el año. Qué bueno, pensé que este año iba a ser la excepción y me asustaba lo que pudiera venir después (después de la falta de mal humor seguro que viene el optimismo).

miércoles, 29 de diciembre de 2010

En el 168

Zapatos amarillos.
Calzas amarillas.
Musculosa/vestido ajustadito, amarillo.
Pelo amarillo.

Increíble.

¿No sabés que el amarillo es mufa, querida?

¿Balance? No, gracias, me da fiaca

Mi balance de este año, sin entrar en demasiados detalles, cierra con demasiado saldo a favor. Ni ganas de ponerme a enumerar todo lo lindo que me pasó este año, y muchas menos ganas de ponerme a detallar todas las malas que me pasaron.

Rescato una y una:
the good one: dejé el taller de escritura
the bad one: dejé el taller de escritura

Obvio que después no cumplo nada

Se acerca el 2011 y ya ando haciendo planes como empezar deporte, usar mas la bici, organizarme mejor con la facultad, tener un mínimo de constancia.

martes, 28 de diciembre de 2010

No puedo entender a las personas que le regalan ropa a los niños. ¡Ropa! ¡El regalo mas aburrido del planeta! ¿Nunca fueron niños ustedes? ¿Nunca sintieron esa decepción grandísima que se siente al abrir un paquete y ver una remera? Es un bajón chicos. A los niños, juguetes, libros, juegos de mesa, música, películas, o mil opciones mas. Pero ropa, NO.

Conurbano potencia

Mamá dice de la gente adinerada: "Esa familia no cuenta la plata, la pesa".

Sed de triunfo

El entrenamiento de ping pong viene enfurecido.
Ya entendí.
Ayer metí unos golpes violentísimos.
Mi partenaire me felicitó.

(ojota con el optimismo de la etiqueta que le puse al post)

Tampoco es TAN así

En el tren perfecto las cosas son diferentes. En el tren perfecto no hace calor, las señoritas usan zapatos y los señores saco y corbata. Olores a perfumes, uno por persona, ninguno repetido. En el tren perfecto los imperfectos viajan en el furgón. Los muchachos mas jóvenes visten camisas polo y unos rulos medio despeinados. En el tren perfecto las señoras paquetérrimas no abrazan su cartera. En el tren perfecto no hay olor a chivo salvo en contadas ocasiones. Nadie escupe por la ventanilla. Nadie viaja con medio cuerpo fuera del vagón. Nadie grita. No hay vendedores ambulantes: hay un dúo que hace "hipfolk" (fusión hip hop y, bueno, folklore), un trío que sólo hace folklore. En el tren perfecto sale mucho el gaucho Cardón, que toma mate cebado por su peón. En el tren perfecto no hay niños llorando, no hay viejos locos, no hay olor a mandarina. En el tren perfecto las vidas perfectas de los perfectos pasajeros es abrumadora. Los perfectos pasajeros son como imanes que se atraen unos a otros y se largan chorizos llenos de anécdotas perfectas de hijos profesionales, mudanzas a espacios mas grandes, esposas cocineras, esposos amorosos, viajes al exterior, al interior, mucamas ladronas, "lachica" nueva. Una competencia en la que se gana con perfección. Con una perfección interminable, una perfección que supera toda medida de perfección humana, una perfección sublime, infinita, incalculable. Una perfección tan falsa como la misma perfección.

lunes, 27 de diciembre de 2010

A las tres de la mañana la Navidad ya fue

Hasta las tres de la mañana soy la enamorada de la Navidad. Después dejame de joder. Ya se comió el asado, se bebió lo suficiente. A las tres de la mañana ya empiezan a quedar los turrones mas feos, o los que se pusieron demasiado blandos de tanto estar al calor. Ya casi no hay garrapiñada y el pan dulce que está sobre la mesa tiene frutas abrillantadas. ¡Frutas abrillantadas! ¡Pero por favor! El día que comés una fruta abrillantada envejecés de golpe quince años. Te lo juro. A las tres de la mañana el champagne está medio tibiazón, lo único frío es una sidra (y todo muy lindo, pero vamos, no nos engañemos: la sidra tiene sabor a jugo de manzanas podridas). A las tres de la mañana los potes con hielo sobre la mesa transpiran y adentro hay un agua helada que es, por supuesto, intomable. Los regalitos ya se repartieron, los niños ya rompieron los juguetes mas sensibles, los bebés ya están por dormirse. Los perros siguen con miedo, apichonados sobre las piernas de alguien que tiene que acariciarlo sin parar. Pobrecitos. El que estaba alegremente borracho ya es un borracho desagradable y las cañitas voladoras empiezan a bajar en intensidad, color y alegría para convertirse en tristes silbidos y una explosiones finales que ni asustan ni divierten. En realidad: a las tres de la mañana ya no hay fuegos artificiales de los buenos: quedan esas tristes cañitas, y las bombas de estruendo de los adultos que se creen criaturas, y algunos globos de esos que se iluminan, aunque la mayoría vaya volando por los aires prendido fuego porque esos globos nunca funcionan bien. A las tres de la mañana cada uno debería agarrar el regalito que le ha tocado en suerte, debería saludar con un beso y un "felicidades" o un "todo muy rico" y tomarse el buque. A las tres de la mañana la Navidad ya fue.

Lo vamos viendo, pero por ahora, lunes, diez cuarenta y cinco de la mañana, las cosas están así: trabajar APESTA.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Me olvidaba

Juego al ping pong.
Me sale cada vez mejor.
Y me divierte demasiado.

Nunca pensé que el ping pong fuera tan genial.
También toco el piano.
Sólo con la mano derecha.
Diez años de estudio.
Siete de abstinencia.
La izquierda te la debo.

Supongo que algo así es la felicidad

Hay florcitas silvestres, una pileta sin productos químicos, dos pianos, una huerta orgánica, conservas caseras, una terraza que da al río y un bombo.

Estoy hace varios días tocando el bombo como si fuera un gaucho. Toco y no me sale y me rio y vuelvo a tocar y sigue sin salirme. Y vuelvo a reirme.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Las nenas con las nenas

Hoy fui a varias jugueterías. Ser tía tiene ese privilegio: poder entrar a una juguetería, tocar todo, no llevar nada. Ir a otra, tocar todo, no llevar nada. Las jugueterías en vísperas de la llegada de Papá Noel son el infierno (mejor dicho: cualquier centro comercial en vísperas de Navidad son el mas caluroso y recalcitrante infierno). Hay decenas de adolescentes acosándote para ver si necesitás ayuda, están ahí por unos pesos y tienen que tolerar estar bajo el sol envolviendo regalos el día entero. Debe ser de lo menos estimulante que te pueda pasar en la vida, tanto como trabajar de mesera y tener que bancarte diez pajeros en pedo y no poder decir nada (nota mental: debería contar mi experiencia en trabajos horrorosos: yo le limpié la caca blanda a muchos niños, me metí en piletitas con forma de riñón recontra meadas por otros cuantos niños, banqué pajeros en un bar y profesores que me trataran como si fuera una lacra. Otro día, eso queda para otro día).

En las jugueterías, hay sector bebé, criaturita, criatura, criatura que no es mas criatura y adulto que se cree criatura. Pero mas importante que esa división etaria, hay una división siniestra y, a mi gusto, bastante pasada de moda: nenes y nenas.

En las estanterías "nena" hay: muñecas, juegos de cocina, muñecas, kits con objetos de limpieza, muñecas, pinturitas, muñecas. Se ven desde la entrada, uno puede perfectamente identificar dónde están los juguetes de nena, y dónde están los juguetes de nene. Los colores lo dicen todo. El lado juguetes de nena es rosas, fucsia, rosa, fucsia. El lado juguetes de nene, negro, verde, azul. Asi de tradicionales son las jugueterías, asi de demodé y antiguas. Las nenas, limpian. Los nenes, disparan. Las nenas, tienen bebotes de plástico. Los nenes, autitos. Las nenas, cocinan. Los nenes, usan herramientas. Las nenas, son señoritas. Los nenes, bien machitos.

Una porquería.

Cuánto odio y mal humor, esa gente que te dice "Vamos caminando, son seis cuadras" y cuando ya pasaron las seis cuadras: "¿No eran seis?".

"Je, te mentí. Son trece".

Mirá, hoy me fui de paseo y me puse a hablar de las guerreras del amor.

martes, 21 de diciembre de 2010

Sumemos

Florecillas que otorgan felicidad. Inmensa felicidad.
Deseo de festejo en forma enigmática. ¿Con quién festejo?
*Asteriscos* en el título de un post.
Guirnalda de luces con bolas chinas.

Resultado
El blog al que usted accedió,
hoy se ha convertido en el de una minita de lo mas *minita*.

Volveremos al pesimismo amoroso, a las quejas, a la soledad y a la autocompasión en breve.


Disculpe las molestias.

Las tengo porque me saqué NUEVE en el final

En mi casa hay un ramo de flores blancas chiquitas con el centro en violeta, como si fueran mini margaritas. No sé cómo se llaman, pero me hacen inmensamente feliz.
El falso revolucionario empecinado en atacar a las redes sociales, o los blogs, o la internet toda, me parece, lejos, una de las tribus urbanas mas pelotudas de los últimos tiempos.

Un festejo en forma de guacamole, cerveza y jamón crudo.
Festejemos todos los días.
Siempre.

De nuevo, me agarra la navidad en *veremos*

Yo quería que este año fuera la excepción: comprar los regalos en noviembre, armar el arbolito el ocho de diciembre, organizar en mi departamento la cena del treinta y uno. En cambio, mi casa sigue sucia, no tengo arbolito pero sí decenas de pajaritos origamis en colores bellísimos, no tengo regalos y de nuevo ("de nuevo" dignifica: como en el 2009, 2008, 2007, 2006) tengo que ir a comprar los regalos el 23 de diciembre o el 24 a la mañana. Y no llegué a comprarme el arbolito pero me estoy quedando sin plata, asi que será para el año que viene.

Tengo lucecitas, eso sí.

Una guirnalda de lucecitas blancas con mini bolas chinas que se prenden y se apagan. Se prenden y se apagan. Se prenden y se apagan. Y yo las miro una hora. Dos horas. O tres.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Seguro que se me va a trabar la lengua

Decidir como tema de final Escuela de Frankfurt y que eso implique la repetición constante de palabras como autenticidad, reproductibilidad e irrepetibilidad es, al menos, una de las decisiones mas estúpidas que vaya a tomar en la vida entera.

jueves, 16 de diciembre de 2010

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Llorá

Yo estaba tirada en la cama, con bombacha y corpiño, y vos te tiraste arriba mio y apenas lo hiciste se me llenaron los ojos de lágrimas. Me preguntaste qué me pasaba y no te respondí, no sé qué me pasaba. Me abrazaste fuerte y yo te mojé el cuello con mis lágrimas. Y me volviste a preguntar qué me pasaba y yo seguía sin saber qué me pasaba. Solamente sabía que no podía parar de llorar de ninguna manera. Sentí tu respiración en mi oído, y la escuché tan cerca mio que por unos minutos sentí que había vuelto a confiar, que había vuelto, que estaba ahí, con vos. Se me caían los mocos y respiraba entrecortado, sentía ardor en los ojos y el pelo, que se había pegado a mi cachete, estaba húmedo. Te quedaste ahí, abrazándome, y me dijiste lo que yo necesitaba escuchar. Me dijiste llorá, y yo te hice caso. Lo repetiste, yo seguí. Y mientras seguía llorando sin saber por qué, agradecí en silencio que me dijeras eso, te lo agradecí con un beso, y vos tal vez ni siquiera te diste cuenta de mi agradecimiento. Te agradecí no sólo por decirme eso, sino porque el que dice eso sabe que no es la causa del llanto, sabe que no tiene nada de culpa, sabe que es una catarsis que no tiene motivo específico, que es nada mas que llorar y desahogar. El que dice llorá está dispuesto a estar ahí. Está para abrazar. Está porque quiere estar. El que dice llorá sabe acompañar, sabe escuchar, sabe hablar y sabe hacer silencio. El que dice llorá entendió. Me entendió. Y eso es demasiado.

Y lloro con todo eh

Estoy nerviosa y sensible, y si me rozás me estremezco y enseguida me largo a llorar.

Qué intriga, la puta madre

Hoy a la mañana, en el colectivo, una señora tenía una musculosa muy grandota, no llevaba corpiño y la materia teta estuvo a punto de salir a tomar sol cada treinta segundos. Pero además, la señora se pasaba la mano por el chivo derecho, y luego se olía la mano, y después el chivo izquierdo, y de nuevo se olía, y de vuelta chivo derecho, olía, izquierdo, olía. Y así, todo el camino Almagro-Colegiales. Me pareció entre raro, asqueroso e intrigante. ¿Por qué se olían tanto y tantas veces y sin hacer pausas?

Imaginate que es lunes

Imaginate que es lunes y que odiás los lunes y sabés que todos los lunes pasa algo malo y si no pasa algo malo te inventás algo malo que pase porque es lunes y los lunes pasa algo malo. Imaginate que querías ir al trabajo en bicicleta pero cuando la inflás se te desinfla enterita y no sirve ni para perchero. Imaginate que el día en el trabajo es rutinario como siempre, o peor. Que el delivery del almuerzo te da opciones horribles y tenés que comerte un sandwich tibio de atún y a vos el atún tibio o caliente no te gusta. Imaginate que el colectivo apesta de olor a chivo, que vas parada, que te pesa el bolsón con los mil apuntes que tenés que leer y todavía ni siquiera pispeaste. Imaginate que igual le ponés garra, y llegás a tu casa, prendés la compu, te hacés un mate, y empezás. Y leés una cosa y la resumís, y los resúmenes en computadora te resultan raros porque nunca resumís en computadora: te gusta que la hoja sea cuadriculada y esté llena de flechitas y colores porque pensás que si el resumen es colorido, te va a entrar mas fácil en la cabeza. Imaginate que bueno, por esta vez, por este examen, por la cantidad de material que es y por todo el tiempo que perderías escribiendo a mano, los resumís en la computadora. Imaginate, entonces, que ya tenés la mitad de la materia resumida, imaginate que estás contenta, y que están ricos los mates, y que las cosas malas que pasaron el lunes no son tan malas como podrían haber sido. E imaginate, finalmente, que en esta pequeñísima explosión de alegría, en este extraño estado de optimismo, se te apaga la computadora.

Y que no vuelve a prender.

Y que no tenés back up de nada.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Ahí está, mirá, ya me salió la Doña Rosa

No hubiera querido decir nada por dos motivos: no quería hablar de Gran Hermano (aunque secretamente a veces lo ves un poco) y odio juzgar las decisiones ajenas porque, precisamente, son ajenas a mi, no son mias, no me corresponde decir nada de ellas.

Pero, una sola cosita, que me da vueltas por la cabeza: ¿qué es lo que lleva a un chico o chica de veinte o veintiuno o veintitrés o cuarenta a anotarse a Gran Hermano? ¿Nada en el mundo mas interesante que someterse a eso?

Finalista

La cosa es que quedé como una de las finalistas del concurso "El blog femenino del año" que organiza la revista Victoria Rolanda, junto a grossas y copadas como Elen y Pau.

Si te copa, podés pasar a votarme por acá, queda tiempo hasta la semana que viene.

¡Gracias!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Recreo guachín

La verdad es que todo muy lindo, pero en la época de finales no todo puede ser Kant y Nietszche. Las amas de casa, además, tenemos que ordenar la casa, lavar la ropa, limpiar, hacer las compras y pagar las cuentas. Entre Platón y Heidegger, además de siglos de diferencia, en mi cronograma hay una anotación que dice "LAVAR LOS PLATOS", escrito con marcador rojo, mas grande que todo el resto. Y para esos recreos en los que soy ama de casa con batón y ruleros, la música también tiene que acompañar.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

¡A armar el arbolito que ya llega Papá Noel!

Siendo ocho de diciembre de 2010, haciendo no tanto calor como ayer y seguramente tampoco como mañana. No habiendo estudiado un carajo y llegando tarde a algún lugar, queda aquí registrado que ésta fue la entrada número 1000 del blog También soy minita. Y ¡feliz día de la virgen para todas las minitas que leemos este blog!

Por suerte, hoy es mañana

No podés decirle a una persona ansiosa "tengo una sorpresa para vos, mañana te la doy" porque el ansioso se olvida de todo lo demás y lo único que quiere es que llegue mañana. No puede concentrarse en nada porque solamente piensa "sorpresa sorpresa sorpresa". El ansioso pide pistas y se muere por saber cuál es la sorpresa y todo lo demás pasa a un segundo, tercer o cuarto plano. Y piensa posibilidades y hace listas mentales de todo lo que podría sorprenderlo basándose en las pistas. Decile al ansioso cuál es la sorpresa o decile "sorpresa" al mismo tiempo que le das la sorpresa. No tortures a un ansioso, porque ante la incapacidad de saber cuál es la sorpresa, el ansioso enloquece.

Por suerte, hoy ya es mañana.

Feriado

Dexter
Nietzsche
Kant
Dexter
Hegel
Dexter
Origami
Dexter
Dexter
Heidegger
Origami
Origami
Nietzsche
Dexter
Adorno
Dexter
Dexter
Dexter

Así, nunca jamás voy a poder rendir bien mi final.

martes, 7 de diciembre de 2010

Ayer en la calle me crucé con dos chicas que llevaban puesta la misma musculosa rayada que yo, y en lugar de pensar "qué quemo, todas iguales, somos presas de la moda", pensé "pero qué bien que les queda, ¡yeguas!".

Mi todo - tu nada

Ya no te extraño mas. Me di cuenta que lo nuestro no era amor. Era otra cosa, y aunque no sé bien qué, ahora sé que eso no era amor. Me seguís buscando, y por cómo reacciono cuando me buscás es que sé que ya no te extraño. Ya no sé qué es de tu vida y no me importa. Y ya no sabés qué es de la mia y eso te saca. No, no te saca, no exageremos. Pero te molesta: no ser mas mi centro, ni mi corazón, ni mis recuerdos ni mis pensamientos. Te molesta no ser mi todo. No sé qué cambió. No sé si fui yo o fuiste vos o cambiamos los dos. Solamente sé que ya no sos mi todo. Y que ya no me interesa ser tu nada.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Me preparo para rendir un final

Y me distraigo con diez sobrecitos de papeles metalizados que estoy convirtiendo en grullas y estrellitas para mi arbolito de navidá.

Responsabilidad, ¡volvé! ¡te juro que no te esquivo mas!

Ojo donde asoman las narices

El sábado estaba limpiando la cocina de mi casa, con las ventanas abiertas, y sentí un aroma que hacía mucho no sentía, un aroma que me transportó a, por lo menos, diez años atrás: cera de depilación, en su estado mas hirviente, doloroso y escalofriante. Relojeé las ventanas próximas a las mias, pero no había nadie. Ni en una, ni en la otra.

Mi nariz estaba enloqueciendo porque necesitaba saber de dónde venía el olor, asi que me acerqué un poco mas a la ventana, asomé un poco la cabeza, y ahí estaban: mi pareja de vecinos gays, depilándose las espaldas y charlando de lo cara que está la verdura.

Les hubiera preguntado si se copaban en hacerme el cavado, pero me dio vergüencita.

Viernes a la madrugada, mientras miraba infomerciales

Quiero la máquina de pan.
Quiero el cosito para los abdominales.
Quiero el picador de cebolla.
Quiero el sillón inflable.
Quiero.
Quiero.
Quiero. Todo.

Si tuviera plata, sería el mejor y mas dedicado y amoroso cliente de todos los cosos esos de venta telefónica tipo sprayette y ¡compre ya compre ya, que llamando YA se lleva dos al mismo precio!

Se me cae la baba, man.

Una cortita

Es todo risas hasta que se te escapa decirle "novio" delante suyo.

Acá ando, de nuevo, pidiendo favores

Este fin de año me agarra participando de otro concurso, esta vez para la revista digital Victoria Rolanda, que está eligiendo "El blog femenino del año". Entre otras estoy yo, si tienen ganas pueden entrar y votarme por acá: 0-800-Votá a una minita y hacela feliz (soy la segunda de la lista).

Gracias, y perdón, porque desde hoy hasta que termine el concurso, todos los días voy a recordarles que sí, que pueden seguir votándome, acá.

sábado, 4 de diciembre de 2010

No sé qué es peor: si liberar la mierdita propia o zambullirse en la mierdita ajena.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Ojo la gente sensible

Siempre me pregunté,
¿por qué los baños públicos de mujeres están sucios?

¿Cuesta mucho no dejar todo ahí expuesto en el tacho de basura?

Las toallitas usadas, los tampones, los protectores, *lo que sea*: se doblan, se envuelven, se enrollan, se guardan en una bolsa. Algo. No se dejan patas para arriba porque es un asco. Porque es de sucia, de chancha, cochina y mugrienta. Y porque estoy segura que en sus casas jamás harían algo similar.

Negación

Me despertó el zumbido de un mosquito en la oreja. Tenía el pelo pegoteado en la cara, la espalda transpirada. Las sábanas estaban calientes, la almohada también. Estiré el brazo hasta el otro lado de la cama: no había nadie. Me senté en la cama y agarré la botella de agua que estaba en el piso. Mientras tomaba algunos tragos caminé a la puerta ventana de la habitación, y salí.
Desde el piso catorce las cosas se ven lindas. De día hay hormiguitas que caminan y autitos de juguete que van de un lado para el otro. De noche todo son lucecitas. Como las de navidad. A mi me gusta la navidad.
Me senté en el piso del balcón. No corría una gota de aire, y supuse que el piso frío me refrescaría un poco, aunque sea las piernas. Algo. Respiré profundo varias veces pero no hubo caso: el oxígeno estaba viciado, el olor a humedad era insoportable, tenía las manos húmedas, la nuca pegoteada. Me fumé un cigarrillo. Estaba desvelada.
No sé cuánto tiempo habrá pasado desde el zumbido del mosquito hasta que me levanté. Lo que sí sé es que fue demasiado. Esperé demasiado tiempo, y sin embargo el no apareció. Cuando volví a entrar a la habitación, a lo lejos se empezaba a ver la claridad del día. Al lo lejos, en el río, los primeros reflejos del amanecer. No había nubes, y la humedad seguía siendo insoportable. Hoy iba a estar igual que ayer: pesado y asqueroso. O asquerosamente pesado.
Caminé por el pasillo hasta la puerta del estudio: estaba entreabierta. Me asomé y lo vi, de espaldas, sentado en la computadora. Otra vez. Entré, despacio, sin que me escuchara, y me apoyé contra la pared. Desde ahí podía verlo a él, y podía ver el enjambre de pijas y conchas y tetas operadas que se movían en la pantalla. Sentí envidia al ver su mano metida en el pantalón. Su respiración agitada me calentó. Traté de recordar cómo era sentirla cerca mio. Cómo transpiraba cuando estaba arriba mio. Sus ojos, por momentos cerrados, hicieron que me preguntara si yo también estaba siendo parte de su fantasía. Si entre todas esas tetas, estaban las mias. Si yo todavía estaba en algún lugar. Si, todavía, en algún lugar, en algún momento, lo calentaba.
Me respondí que sí. Que estaba entre esas tetas, que era parte de esa fantasía, que todavía lo calentaba. Antes de cerrar los ojos, encontré un mosquito y lo maté. Sonreí, triunfal, y me dormí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Algunos me preguntaron si estuve en Uruguay


Sí, estuve.
(y todas las fotos salieron fuera de foco)

Igual lo engullí, y estaba buenísimo

Ayer comí conejo por primera vez en mi vida y juro que mientras acercaba el tenedor a mi boca al lado mio se formó una nubecita con el dibujo de una pradera hermosa y verde y un cielo azul turquesa y conejitos blancos y negros y grises saltando felices, de un lado para otro.

Gramática for dummies

En la oración condicional, se interpreta como que ninguna de las dos situaciones sucede y por tanto es hipotética.

(fuente http://es.wikipedia.org/wiki/Modo_condicional)

martes, 30 de noviembre de 2010

Chicos, NO ENTIENDO

Si un señor te dijera "vos para mi sos un ocho", ¿se supone que es un piropo? ¿las chicas ocho son un "superó los objetivos, pero tampoco para tanto"? ¿es un "te faltó cinco pa´l peso"? ¿o es una puñalada total? ¿un "conocí chicas diez, no les llegás a los talones"? ¿un "seguí participando, má"?

¿Qué es? Por el amor de la virgen santa, ¿¿QUÉ ES??

Devuélvanme mi feminidad

Estoy feísima. Dejada. Despeinada. Sin depilar. Tengo ojeras.
En época de parciales sólo hablo de cosas de la facultad y me pongo así, horrible.
Hay chicas que van a rendir con las uñas impecables y el pelo divino.

¿Cómo carajo hacen, hijas de puta?

Ojo, con los parciales sueño lindo

Anoche, por ejemplo, no sé qué soñé. Lo que sí sé es que hoy, que rendía estética, me desperté habiendo entendido el movimiento dialéctico de Hegel. Fue así de milagroso: abrí los ojos y dije "¡Claro! La vuelta al espíritu" (eso fue lo que dije en voz alta: adentro de mi cabeza había algo bastante mas elaborado que, estoy segura, también se contruyó entre sueños).

Y esa sensación tan linda de haber entendido algo, de leer y saber que ahora sí, podés explicarlo si te lo preguntan, podés pensarlo sin entrar en corto circuito, por esa sensación todo esto vale la pena.

Aunque después, en el parcial, te pregunten cualquier cosa.

Pero después tenés pesadillas

Cuando me duermo sabiendo que dejé algo sin hacer no porque no tenía ganas de hacerlo sino porque no tenía la capacidad intelectual para hacerlo, duermo mal. Me despierto transpirada, acelerada, como si hubiera dormido cinco minutos y me despertaran de un grito o como si me hubiera quedado dormida cuarenta y ocho horas seguidas y se me hubiera pasado el horario de entrega. Duermo y sueño que me va mal, que no logro escribir nunca mas nada sobre los objetos y la iluminación y la música y las secuencias y la puesta en escena. Al día siguiente, ese día "no te preocupes, todavía te queda un día", se convierte en el día de las ojeras, el mal humor, y la incapacidad absoluta.

Y entonces te vas a dormir

En el momento cumbre de la desesperación, en medio de ese estado entre lacrimógeno y colmado de mal humor, aparecen esas ideas que son cualquier cosa menos grandiosas, esas palabras que caen en la cabeza como si fueran una solución mágica, cuando en realidad son solamente un placebo. En el medio de la vista fuera de foco por las lágrimas y la desesperación extrema, vienen, disfrazadas de medicamento milagroso, y te susurran al oído "no te preocupes, todavía te queda un día".

Desesperada (¡como el tema de Marta Sanchez!)

A mi me desespera, por ejemplo, no poder hacer algo que se supone debería poder hacer tranquilamente. Me desespera al punto de largarme a llorar en medio de la noche, gritar incoherencias mientras camino por el departamento, o de mirar el cursor titilando, no en una hoja en blanco (no quisiera caer en el cliché), sino titilando entre seis, o siete hojas, con párrafos desordenados, empezados y nunca terminados, copiados, mal pegados, mal escritos. Eso me desespera. No poder escribir un párrafo de corrido me hace mierda la vida. Se llama sobreexigencia, la sufrí toda la vida y cuanto mas crezco se vuelve peor. No puedo dejar que las cosas sigan su curso, no puedo darles el tiempo de maduración que necesitan. Simplemente no puedo, y eso desespera. Desespera estar acá, a las doce y media de la noche, escribiendo esto, que es una pavada, pero escribiéndolo al fin, sin trabas, sin pausas ni dudas, y pasar al documento de texto y el cursor titilando entre decenas de párrafos sueltos. Párrafos que hasta hace media hora me parecían geniales y ahora miro y me parecen pobrísimos. Desespera. Desespera no saber por dónde empezar, si empezar por el final y no por el principio o por algo del medio. Desespera empezar, por dónde sea, y no poder terminar. Que la fecha de entrega sea ya y yo siga con párrafos a medio hacer, medio escritos medio borrados, desespera no encontrar una coherencia, un orden, algo que guíe, algo que ayuda. Desespera. Y se siente horrible.

sábado, 27 de noviembre de 2010

¡Pero qué lindo sueño!

Soñe que estaba de novia con un chico y me llamaba y me contaba que estaba muy nervioso no me acuerdo por qué. Yo le decía que se tranquilizara, que no iba a pasar nada, y todas esas cosas que se dicen para calmar al estado de desesperación del otro.

Cinco minutos mas tarde recibí un mensaje de texto:

"Me hice una paja en el baño del trabajo y ya estoy mas tranquilo"

Y yo respondía:

"Buenísimo :)"

viernes, 26 de noviembre de 2010

Perdón, te juro que era mas fuerte que yo

Estoy un 99% segura que el chico que estaba sentado al lado mio en el colectivo dejó de chatear con su novia con su telefonito super inteligente porque se dio cuenta que yo cogoteaba como una loca chismosa.

Llegó el verano, má

Desde mi ventana puedo ver, circulando por mi cuadra, numerosos señores en cuero.

Saquémonos las caretas

Dejá de hacerte la que "yo no voy a decir nada" porque esa cara de orto que tenés está diciendo mucho mas de lo que pensás.

Y yo que no tengo arbolito

Creo que está de moda ser medio grinch, asi que tal vez los decepione un poco saber el otro día salí del trabajo, y vi locales decorados con cositas de navidad y papas noeles y guirnaldas de colores, sonreí, me puse loca de contenta y estuve cantando "we wish you a merry christmas and a happy new year" hasta que me quedé sin voz.

(mientras escribo esta boludez está la Rampolla contestando a un señor que pregunta "¿Cómo sé si la mujer está gozando en la cama?")

No sé si la vieron, pero hay una publicidad que muestra a una chica muy cosmopolita y empresaria ella, y se escucha el off de una locutora diciendo: ¿Cuántas veces la picazón en tu cuero cabelludo interrumpe tu día?, mientras la cosmopolita se rasca la cabeza en una conferencia, en una cita y no me acuerdo dónde mas.

¿Cómo?
¿Eso pasa?

Para mi que eso es mugre, sucia.
Andá a bañarte y vas ver como se te va la picazón. ¡Asco!

Los mosquitos me están morfando

Hace calor y te están morfando los mosquitos que no encontrás por ningún lado, solamente sus picadura y rascarse y el cansancio, los ojos que pesan, están colorados y no por llorar. Y los auriculares con una música de mierda que por ser tan de mierda desconcentra, y tener que estudiar y estar atrasada y saber que si no leés no llegás al parcial y te va a ir mal y nada en la vida te molesta tanto como comprobar que de nuevo, como siempre, dejaste todo para último momento. Y los mosquitos, horribles los mosquitos, vienen, te morfan y se van (como esos señores que vienen, te conquistan, todo lo otro, y se van) y vos te quedás con esa sensación horrible en el cuerpo y esa pulsión por rascarte hasta lastimarte y cuando los buscás con la ojota en la mano para matarlos, posta boluda, los hijos de puta no están. Y para colmo en tu cuadra, que siempre es ruidosa, hoy hay mas ruido: una fiesta de egresados, adolescentes disfrazados cantando temas que ya ni conocés porque hace un tiempo te volviste como tu vieja, que no entiende la "música moderna". Y están ahí, tan contentos y tan divertidos y vos tan aburrida puteando contra los mosquitos y escuchando música de mierda que por ser de mierda te desconcentra y no estudiás y te ponés de mal humor y empieza todo de nuevo, los mosquitos, la picadura, rascarse, la música de mierda, no llegar con nada, y decís en voz alta "se va todo al ocote" y te vas, qué se yo, mañana ves. Pero antes de dormirte, porque mujer precavida vale por dos (hace un tiempo empezaste a hablar con refranes y frasesitas hechas y por cada una que decís nace un niño nuevo y a vos te sale una cana) pensás "mañana me pongo el vestidito azul", para que el "mañana veo" empiece con el pie derecho. Como para que todo no sea tan al pedo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Las minitas muchas veces preguntamos a los señores que frecuentamos, mientras caminamos por la calle y señalamos a una que camina unos metros mas adelante que nosotros: "¿Yo soy gorda como esa?"

La respuesta, siempre siempre siempre, es NO.

Nunca sabremos si es la verdad.

No me humanices o atenete a las consecuencias

Te doy lo que sea, te lo juro, no me importa, pedímelo y ya está, ahí lo tenés, no ofrezco resistencia, no te pregunto los por qué, vos pedime, yo te doy. Hagamos eso, juguemos a eso, copate querido, sé buena onda, hagamos cualquier cosa, pedime lo que sea, pero por favor, te pido, te ruego, te imploro: no me humanices.

Manteneme ahí, en el terreno divino, perfecto, inhumano. Manteneme ahí, hagamos pausa en ese lugar, y no descubras mis defectos. No sepas que soy celosa y mucho menos que soy insoportablemente insegura. Que cualquier cosa que digas "voy a lo de mi mamá" "salgo con mi hermano" "me voy a quedar en casa" voy a escucharlo como otra cosa, horrrible, tan pero tan fea que ni siquiera voy a escribírtela acá. Me da miedo que se cumpla.

Manteneme ahí, en el terreno divino, perfecto, inhumano, y no te enteres que cada vez que me llamás para salir a último momento mi vida se convierte en una batalla en la que limpio, ordeno, me depilo y cocino a la vez. Ni se te ocurra darte cuenta de eso, quedate pensando "qué organizada, una barbaridad".

Manteneme ahí, en el terreno divino, y fijate, concentrate, memorizá, cómo te hago reir. Fijate qué buenos chistes, qué comentarios tan irónicos, qué lindo todo lo que digo. Lo demás no lo escuches, tapate los oídos y andate, date vuelta. No me veas angustiada ni triste ni llorando porque cuando me angustio y estoy triste y lloro no hago reir a nadie y mis comentarios parecen el pésame del velatorio de alguien que nunca conocí.

Y no, no mires la televisión conmigo, porque vas a saber que a veces miro Tinelli, y que cualquier reality show me engancha y que siempre lloro en las películas de marginales con talentos extraordinarios, que las películas con juicios me-pue-den y que los dibujitos son mi programa preferido. Y no, ya que estamos, manteneme también en el terreno divino musical y no te fijes, no, por favor, sacá la mano de ahí, no veas mis listas llenas de cumbia y no abras esa carpeta, no, dale, esa carpeta dejala cerrada, no te va a gustar lo que hay ahí, no lo vas a entender. Dejá, mis libros no los toques, están escritos, como esos cuadernos rivadavia de tapa dura, pero no podés mirar lo que dicen, porque si los mirás te vas a dar cuenta de mis imperfecciones, de mi insoportable sensibilidad rosa, de mis miedos y mis tristezas y de todo eso que tan alejado está de ese terreno divino, perfecto, inhumano, donde me tenés ahora.

Pero si de verdad querés ver todo eso, si de verdad querés humanizarme, imperfeccionarme y mandarme de una patada del cielo a la tierra, hacelo. Conoceme, sentate a mirar la televisión conmigo, fijate la grasada que escribí en ese cuaderno, bancate diez minutos de Tinelli porque lo único que quiero ver es quién baila y qué baila, dale, miremos dibujitos, y el reality de los peluqueros, el de los cocineros, el de las inmobiliarias y el de los diseñadores (sí, los de indumentaria y los de interiores), vení, si te animás vení, yo te hago un lugarcito y te digo al oído que anoche te llamé a tu casa y no estabas y me habías dicho que ibas a quedarte y exijo una explicación.

Está bien, hagámoslo, si te animás, pero con una condición, una solita y te juro que ya está, no me importa: yo te muestro todo, mis defectos y mis virtudes, y mis pelitos un poco crecidos y mis listas de cumbia y los programas pedorros de televisión, pero vos me prometés, con una mano en el corazón, que después de ver todo eso, después de humanizarme e imperfeccionarme e instalarme en la tierra mas terrenas, me querés menos, y me amás mas.

¿Qué hacemos?

viernes, 19 de noviembre de 2010

jueves, 18 de noviembre de 2010

La aparata careta

Hoy mandé un mail re careta a alguien que conozco e incluí la palabra "apoyatura". Desde que lo mandé, hasta ahora, me acuerdo cada quince minutos, y me rio de mi misma.

Basta por favor

Dije que hay que terminarla con los puntos suspensivos porque esta cosita de que vengo, no vengo, voy, no voy, lo vamos viendo, hablamos, te llamo, y el sinfín de sinónimos que ya sabés, me están secando el alma a una velocidad que no se puede creer.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Demencia

El viernes pasado me cambiaron de planes a último momento y me agarró tanto mal humor que me puse a vaciar el placard para reorganizarlo.

Eran las once de la noche.

Tren fantasma

Eran mas tenebrosos los tirones que daba el carrito que los monstruos que se aparecían. Había una mano, una cabeza, un fantasma informe que parecía se iba a caer encima tuyo, un drácula, un frankenstein que besaba al cadáver de su novia, telas de araña hecha con algodón, arañas de plástico, olor a encierro, paredes negras. Desde el primer tirón (repito: los tirones daban miedo y era violentos y si yo hubiera tenido un hijito seguro que salía partido en dos) me largué a reir. No podía parar. Me reía con cada tirón y me reía mas con cada aparición monstruosa. Me reía porque no entraba bien en el carrito y me reía porque, man, ¡estaba en un tren fantasma!. Fueron dos minutos, como mucho. El recorrido terminaba con un último tirón y un choque contra las puertas que te llevaban afuera: las puertas tenían pintado un micro, o algo similar. Me bajé del carrito y me reí, no podía parar, no podía hablar bien porque quería que comentáramos la experiencia pero solamente me salían balbuceos entrecortados.
El título del último capítulo de esta temporada de Weeds se llama Theoretical Love Is Not Dead.

A mi y a mi corazón agujereado,
nos encantó

Ojalá fuera joda

Soy tan tilinga que veo la palabra "descuento" (no importa el rubro ni el producto ni la marca) y me hago pis de la emoción y no hago absolutamente nada para disimularlo.

Parque de diversiones

Cuando era chica estaba completamente enamorada de los parques de diversiones. Me gustaban los juegos, las lucecitas, los sonidos, montañas rusas, tren fantasma, autitos chocadores y tacitas. No la vuelta al mundo. La vuelta al mundo, cruel ella, me daba un miedo tremendo. Me daba todo el miedo que ningún otro juego. Me subía, sí, pero la pasaba mal, en esas frenadas y hamacadas que me daban la sensación de estar a punto de morir. Estaba enamorada de los parques de diversiones, no por el parque en sí, sino por el concepto que encierra el "parque de diversiones". Desde el nombre se manifiesta como el lugar de la felicidad, de la alegría, de la diversión. En el parque de diversiones todo es risas, es lucecita de color, es música de sintetizador que jamás incomodaría al alma. El parque de diversiones es la infancia perfecta, es el cuento que escuchamos mil veces, pero hecho realidad. Es la fantasía ahí, hecha juego, color, textura. Es la fantasía palpable. Se la puede sentir, se puede jugar con ella, se puede disfrutar. Es la ficción ahí: no en un libro, no en una película. Está ahí, en el parque de diversiones.

Hace algunas semanas fui a un lugar casi detenido en el tiempo. Un lugar maravilloso, en el que el parque de diversiones se me apareció en su máxima expresión: un domingo caluroso. Las músicas de los juegos se mezclaban. Había una vuelta al mundo que de verla me daban ganas de llorar, había una montaña rusa mecánica, de esas que suenan como si estuvieran por destartalarse, una mezcla de chirrido metálico y madera podrida, autitos chocadores (los vi y recordé: me daba impresión la chispita de la antena del autito contra el techo, para mi que podía incendiarse), había un samba y un barco pirata y tacitas y un gusanito. Miré los juegos y las lucecitas y los sonidos, pero ya no sentía amor, aunque me hubiera encantado sentirlo. Me hubiera encantado tener que hacer colas interminables para el samba, me hubiera encantado sentir la adrenalina que se siente cuando se sabe que el carrito de la montaña está subiendo hasta la cima y que, desde ahí, es todo vértigo y emoción.

Pero estaba insolada, y el sol me había secado todo el amor por el parque de diversiones. Tenía toda la cara colorada y los hombros también y los brazos también. Me picaba y me ardía al mismo tiempo y mi mejor amiga era esa crema de aloe de vera que me dejaba todo pegoteado pero al menos me dejaba cinco minutos tranquila. No podía estar al sol, y eran las tres de la tarde, y hacía treinta y dos grados. Era un infierno: ver esos juegos ahí, y yo sin amor por ellos, sin energía para ellos. Esperamos hasta que bajara el sol. Caminamos no mas de una cuadra, y entonces lo vi: un tren fantasma. "¡Un tren fantasma!" dije con los ojitos llenos de emoción.

El lunes estaba nublado y hacía frío. Los treinta y dos grados del domingo se habían esfumado, como si el calor se hubiera concentrado todo en un solo día, como si no hubiera podido repartirse. Fuimos donde estaban los juegos. Nada, absolutamente nada quedaba de toda la alegría del domingo. Los juegos tapados con lonas, callados, apagados, sin luces. No había ruidos, ni siquiera el eco de alguna cancioncita lejana. No había colas ni salían gritos aterradores desde el tren fantasma. Estaba todo muerto. Era todo tristeza y melancolía. Y pensé en lo efímero que puede resultar todo, en lo chiquita que es en realidad la felicidad, la diversión, la alegría. Y agradecí, profundamente, haberme subido, el día anterior, al tren fantasma.



lunes, 15 de noviembre de 2010

Fuertísimo

Recibí un mail y no sé bien qué contestar:

1) Forro, descarado, pelotudo de mierda.

o

2) Andate a la concha de tu madre.

Algunas cosas son demasiado injustas.

(eso es todo lo que voy a decir por ahora)

viernes, 12 de noviembre de 2010

Advertencia

Chicas, mucho cuidado con el señor que dice tener un lado femenino bastante desarrollado. No significa para nada que sea gay, pero hay un 90% de posibilidades de histeria desmedida y egocentrismo galopante.

Una consultita

¿Todas hacemos eso de publicar pavadas en Facebook para que el chico que nos gusta vaya y comente?

Trastornos alimentarios

A mi me gusta mucho comer, y odio profundamente vomitar. Creo que por esas dos razones nunca padecí bulimia o anorexia. Pero sí tuve trastornos alimentarios.

Cuando era chiquita era un alfiler de flaquita. Se me notaban las costillas, los huesos de la pelvis, las clavículas. Y no me gustaba comer nada: no me gustaban las verduras, no me gustaba la carne, no me gustaban los fideos recalentados ni me entusiasmaban las achuras. Me tenían que obligar a terminar el plato y el postre (el maldito "postre" al que mi madre llamaba "postre" no era mas que una manzana arenosa partida al medio. Eso no es postre señores padres, las cosas por su nombre). Era flaquita. Tenía los brazos angostos, no podía usar pulseras porque se me caían. Tampoco cinturones porque el agujero mas chiquito a mi me quedaba gigante. Tenía la cara medio chupada, y el pelo largo, rubio, por la cintura, con un corte recto (en mi época las chiquitas íbamos a la peluquería sólo a cortarnos las puntas, nunca un rebajado, nunca un corte diferente, siempre largo hasta la cintura, jamás las puntas florecidas). Pero un día, "me hice señorita".

No recuerdo cómo se sucedieron los cambios, tengo la imagen mental del antes y el después, no sé si fue de golpe o paulatino, pero de repente, a la edad en que empezamos a gustar concientemente de chicos del grado, que nos queremos ver lindas, yo tenía granos horribles, había engordado diez kilos, me habían crecido unas tetas que para el grupo de amigas eran despampanantes, la espalda se me había ensanchado, y tenía panza. Y ahí empezó la lucha.

Pasé muchos años peleada con mi cuerpo. Y cuando digo muchos no exagero: siempre me veía gorda, horrible, grandota, fofa. Yo quería tener ese cuerpecito que había tenido alguna vez. Quería los brazos angostos, la panza chata y las clavículas salidas para afuera. Y tuve señores alrededor que no colaboraron: el apodo mas amoroso y repetido que escuchaba era "gordita". El chiste era venir, agarrar un rollo de mi panza y moverlo, y como si eso no hubiera sido ya suficiente humillación, agregar "qué rollitos, gordi". O darme una palmada en la cola y decir "¿Comemos flan hoy?". Esos chistecitos chiquitos, esos comentarios que hasta podrían verse inocentes, a mi me partían al medio el cuarto de ego que todavía conservaba, eran una puñalada que me destruía cada vez mas. Esos comentarios me volvían mas gorda, mas fofa, mas fea.

En esos años de pelea con mi cuerpo hice dietas crueles, fui al nutricionista, me obsesioné con el gimnasio, dejé de ir al nutricionista, comí galletitas de cartón, almorcé lechuga sola (o lechuga con sal), dejé de lado los verdaderos postres y me hice mejor amiga de las frutas. Pero a mi seguía gustándome demasiado la comida. Almorzaba una milanesa de soja, sí, pero a media tarde me atragantaba con un paquete entero de galletitas de chocolate. Me sentía culpable por la cantidad que había comido y juraba, repetía, con una mano en el corazón: "Mañana dejo de comer como un cerdo". Iba y venía. De dieta cruel que me hacía poner de mal humor a correr varios kilómetros por semana a decirle sí a tres kilos de helado. Era frustrante. Era espantoso. Sentir que la pasaba como el orto porque comía cosas sin sabor y encima seguir fea, gorda, fofa. Me daba vergüenza ir a una pileta porque sabía que todos iban a pensar "qué hace la gorda esa acá".

Hace algunos días caminaba con un amigo por la calle. Me dijo que estaba linda y yo me miré y le dije: "Hace algunos años yo ni loca usaba calzas. Ahora sí, porque me reconcilié con mi cuerpo". Y no es mas que eso. Yo me amigué con mi cuerpo, acepté que nunca voy a tener el cuerpecito frágil que tenía a los nueve años. Acepté que siempre voy a tener una pancita, que naturalmente las tetas se me van a caer un poco.

No sé bien cómo pasó. Sí sé que desde hace algún tiempo, yo me miro y me veo cada vez mas linda. Y tal vez sea una cuestión de felicidad, de bienestar: me veo linda porque estoy bien, estoy contenta, se podría decir que estoy feliz. Me veo bien y me veo la panza y me río de mi panza, y si alguien me dice "gordi" le digo "sí, claro, a mucha honra, pasame un poquito de crema para las frutillas". Ya no puedo ni considerar la idea de hacer una de esas dietas inhumanas que hacen mis amigas, ya no me detengo a leer cuántas calorías tiene el paquete de galletitas, ni hago cuentas mentales ni repaso lo que comí ni me doy un "permitido". Ojo, tampoco nos confundamos: no me fui al otro lado, para el terreno del descontrol, para nada, sigo cuidándome, pero a otro nivel: ya no es querer alcanzar la flacura de una modelo, es no atragantarme con cualquier cosa y después no poder moverme. Ya no es hacer tres kilómetros corriendo para tener las piernas duras, sino para poder respirar mejor. Ya no es comer ensalada porque "la lechuga no engorda y llena", es comer ensalada porque no podés decirle que no a una ensalada de palta y tomate o de chauchas y espárragos. Es comer rico y sano porque quiero, porque me gusta, porque me hace feliz, y no porque tengo que adelgazar. No como carne mas de una vez por semana porque no me gusta la carne. No como un paquete de galletitas entero porque con dos o tres ya estoy bien. No cuento calorías, no me veo fofa, no me veo gorda, no me veo mal. Todo lo contrario: me veo espléndida.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El evento del año


Mi amigo mas acuariano, delirante y enano friendly, el grandioso Mariano, cumple dos años de blog. Dice en su blog que agradece a todos los que entran bla bla y se pone medio melancólico. Yo doy fe: sé todo lo que quiere a su blog y a todos los que entramos en él. Para festejar dos añitos de locura virtual, el mas acuariano de los acuarianos se manda un fiestón, y me pide tímidamente que se la promocione en el blog. Pregunta, además, cuánto le cobro. "Nada, papá" fue mi respuesta, aunque ahora que lo pienso, mi lindo amigo, éstos zapatos me vienen maravillosamente bien.

Mariano hace una fiesta, en el soundtrack ya tenemos confirmados a Alcides, Rafaga y La Pura. No se asusten, también haremos trencito con Las Primas y pogo con Vilma Palma. Habrá de todo, para todos los gustos. La fiesta es el sábado 20 de noviembre, yo voy a vestir elegante vestido floreado. Encabezaré trencito y llevaré cotillón.

Los que quieran venir, requisito indispensable: "por las dudas traigan documento y traje de baño. Uno nunca sabe cómo, ni dónde, pueden llegar a terminar este tipo de quilombos."

Por las dudas, de vuelta pongo el link. Ahí entran, leen el post, le dicen a Mariano "Feliz cumpleaños de blog te amamos sos lo mas y toda la bola" y se me descargan el soundtrack de la fiesta del año, para ir ensayando. Después, cuando ya sepan que no quieren ni pueden ni deben perderse el evento del año, mandan mail a esloquehayblog@yahoo.com.ar y quedan registrados para una noche a pura conga.

Mariano, cualquier pavada que haya puesto mal me corregís?

martes, 9 de noviembre de 2010

No se equivoque

No se equivoque: no estoy triste ni estoy bajoneada ni tengo angustia ni melancolía ni ganas de morir. Tengo ganas de silencio. Tengo ganas de soledad. No sólo ganas de no hablar de mas, sino directamente ganas de no hablar. Ni ganas de hablar, ni ganas de escuchar. No quiero escuchar anécdotas graciosas ni quiero contarlas. Aunque están, las tuyas y las mias, y merecen ser contadas, merecen ser escuchadas. No tengo ganas. No quiero. Quiero limpiar mi casa, ordenar y poner sábanas limpias en la cama. Quiero escuchar música, yo sola, y no compartirla con nadie. Quiero mi soledad y mi acolchado que ahora me da calor, pero que sigue siendo de lo más cómodo y por eso me resisto a sacarlo y poner la mantita de verano. Quiero ser egoísta, hoy quiero ser solo yo. Hoy no quiero hablar con vos, ni con el, ni ella ni nadie. No quiero palabras graciosas. Tampoco puteadas. No quiero palabras. De nadie. Quiero mi casa, y mi soledad, mi música y mi acolchado. Y tirarme y llorar, tranquila, silenciosa y tímida, dándole la cara a mi almohada, sufriendo tímida, sufriendo en silencio, solita, que nadie me vea, que nadie me escuche, que no me pregunten. Pero no se equivoque, y de verdad se lo digo: no estoy triste ni estoy bajoneada ni tengo angustia ni melancolía ni ganas de morir. Tengo ganas de silencio. Tengo ganas de soledad.

Señoritas que juegan a MAFALDA para camuflar su SUSANISMO crónico:

NO - LAS - BAN - CO

Bienvenida

Te necesitaba muchísimo, mi queridísima (aunque veces vapuleada y odiada) soledad.

Y acá ando, poniéndome cremita verde y pegajosa cada cinco minutos en la cara y los hombros y los brazos porque como buena víctima del entusiasmo cabeza, llegué al destino de *findesemana*, me alquilé una bici con canastito y anduve como si el sol fuera un amigo y no mi peor y mas despiadado enemigo, desde las doce horas hasta las dieciocho.

Qué pintoresco

Qué pintoresco, decimos, mientras caminamos con la cámara en la mano y miramos para uno y otro lado. Para uno y otro lado hay edificios antiguos, conventillo destruidos. Hay balcones incompletos, pedazos de maderas que sostienen techos. Hay baldosas flojas, o directamente no hay baldosas. Hay tierra, hay barro. Hay olor a pis que emana de algunas puertas abiertas. Escaleras angostas que no se sabe hacia dónde van. Hay viento, después hay quietud. Hay ropas rotas, colgando de sogas improvisadas que atraviesas los balcones incompletos, esos balcones que seguramente son la culminación de esas escaleras angostas. Hay señoras, descalzas, escribiendo, concentradas, en la puerta de uno de esos edificios destruidos. Hay frentes recién pintados, hay frentes que se caen a pedazos, hay algunos lugares que son sólo frente. Adentro, nada. Pasto. Pasto hasta la rodilla y en el fondo, la medianera. Una medianera pintada, "Virgen milagrosa" dice en la parte superior de la medianera. Y en la inferior, hay un triángulo, pintado, sin nada dentro. Ahí no hay virgen. Ahí no puede haber milagros. Milagro es otra cosa. Hay viento, y cuando hay viento bailan las ropas colgadas, y el olor a pis que sale de las casas circula por las veredas con mayor velocidad. En una entrada, en un edificio, hay caca. La palabra caca es poco elegante, pero se entiende. Es contundente e irremplazable. Hay caca, y está medio tapada con una chombra roja. Qué pintoresco, repetimos. Y nos vamos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

martes, 2 de noviembre de 2010

(¿cómo puede ser que estando tan de buen humor me esté haciendo tanto la mala?)

Una de las cosas mas tristes que escuché en mi vida

"Yo todavía recuerdo cuando la vi ao vivo y me dio cosita verla tan pero tan pero tan sumisa (por no decir arrastrada)".

Y si encima te cuento que eso lo dijo un hombre (o sea: si le quitamos la posible carga envidiosa conchuda u odio femenino), creo que suena mucho peor.

El día que agarrás, y te hacés la mala

Lo que pasa, boluda, es que vos pensaste que yo iba a saltar como una imbécil a gritarte en la cara quiero re truco y quiero vale cuatro. Que iba a tirar las cartas sobre la mesa y te iba a dar un poco de pelea. Y lo que pensaste, boluda, es que tenías material para ganarme, que tus cartas eran mejores, que podés pegarte sobre la frente una carta y burlarte de mi, de mi soledad, de mi tristeza, de mi corazón roto, de mi condición de eterna segundona.

Pero no, boluda, porque cuando me atacás con tu tonito adolescente, me dan ganas de abrazarte, de decirte que no, que ese cuatro de copas que te pegaste en la frente no es la mejor carta, que si querés hacerme mierda esta vez no te va a salir, que ya me ganaste demasiado, boluda, que ahora me toca a mi, que esta vez, la que gana el juego, soy yo.
De actividades podemos llenarnos todos. De alegría, muchos menos.

viernes, 29 de octubre de 2010

Vengo a decirles, por si no lo sabían aun, que el "te quiero" es un *maldito* camino de ida.

martes, 26 de octubre de 2010

Retazos amorosos sobre una instalación eléctrica

Perfecto. Tenemos el aplique maravilloso que tardé casi un año en comprar, los destornilladores, la pinza para pelar los cables. La cinta aisladora, una tijera y la luz cortada. ¿Necesitamos algo mas?
***

Vos sosteneme la escalera, lo único que me da miedo en toda esta operación es caerme de ahí. Vértigo tengo, ¿entendés?. Un vértigo de la concha de la lora. Bueno, vamos. Dale, perfecto. Teneme esto, tomá.
***

Uh, mierda. Uno de los cables de la instalación se me rompió. A ver, pasame la pinza para ver si puedo pelarlo.
***

Uh, mierda. Lo corté del todo.
***

Bueno, ya. Pará que me bajo a descansar. Sí, me duelen las piernas y me duelen los brazos y me duelen los hombros porque tengo todo el tiempo los brazos para arriba. Y no, ya no veo mucho, hay que apurarse porque lo único que falta es, no sólo no llegar a instalar nada sino encima quedarme sin siquiera una lamparita triste colgando. Bueno, va, dale, sosteneme la escalera. No, no tengo miedo, tiemblo porque esta escalera es una chotada y no me entran los dos pies en el último escalón. Tiemblo porque la estoy jugando de malabarista mas que de equilibrista.
***

Ya está todo. Agarrá el aplique y pasame que ya empiezo a conectar. Tá, cinta. ¡Cinta! Uh, que pancho, vos quedate ahí sosteniendo eso que yo voy a buscarla. No se te va a caer que si se cae se rompe y si se rompe el aplique te rompo todos los huesos. Qué lindo que quedó el otro, ¿lo ves? Sí, ya sé que duele tener los brazos ahí. Ya voy.
***

Perfecto. Encintado. Tapado. Precioso. Divino. Justo eh, mirá que no queda nada de nada de luz. ¿La prendemos? Nunca probé si funcionaba o no, si no llega a funcionar largo todo y me hago hippie. Sí, dale, da la luz.
***

¡Anda!
***

Mierda.
***

Quedó torcido.
Este es el peor momento de mi vida.
Abrazame.
***
En los comentarios de esta entrada, Wuchi me pregunta: "Con tanta fábula, ¿no estará esperando que lo salves?". Y porque la respuesta me parece importantísima y porque fue algo que me costó entender y aprender, aquí va:

No, yo no estoy para salvar a nadie.
Yo no soy una super heroína.

Y se repite, como un mantra, hasta que se aprende. O, mejor dicho, hasta que se pone en práctica.

Cosas lindas y maravillosas que escuchás y te hacen sonreir el corazón

"Vos levantate y bañate tranqui que yo mientras preparo el desayuno".

lunes, 25 de octubre de 2010

No sea pelotudo

No sé bien por qué, pero a mi el censo me parece de lo mas importante del año. Ni me chupa un huevo ni me da miedo ni me parece una mentira.

Asi que yo me sumo:

Un pacto

Es un pacto que hicimos, vos y yo, sin necesidad de estrechar las manos o sellarlo con la firma en una hoja. Ya lo sabemos: vos decís cualquier mentira, yo me hago la que te creo. De tu boca salen las anécdotas mas inverosímiles, los personajes mas estrafalarios. La novela es tu forma de expresión, tu mundo inventado, el mundo en el que querrías vivir. No te culpo. Todo lo contrario, te entiendo, entiendo tu melodrama, entiendo tu necesidad de llamar la atención. Entiendo que la que habla es tu soledad, tus ganas de sentirte el centro de algo. Habla tu tristeza, se disfraza de ser humano irresistible. Vos decís "se enamoró de mi", yo escucho "ojalá me hubiera contestado el mensaje". Vos decís "no es mi culpa, la mina no paró hasta que la invité a salir", yo escucho "le rogué tanto que aceptó". Y no es que no quiera creerte, por momentos hasta me hacés dudar. Por momentos pienso que no podés estar mintiendo tanto, todo el tiempo. Y mentirme a mi es lo de menos. Lo que no entiendo es cómo hacés para vivir en ese mundo de fantasía en el que todas se enamoran de vos, en el que todas te ruegan por tu amor. En ese mundo tan grande, tan grotescamente inmenso, en el que lo único que hacés es romper corazones a cada paso que das. Y cómo hacés para dormirte a la noche, habiéndote contado un cuento, el mismo cuento, durante todo el día, cómo hacés para leer un libro, para mirar una película, para distinguir la ficción de la realidad, cómo hacés para engañarte tanto, para saber que estás mintiendo pero olvidarte que lo estás haciendo. Me pregunto cómo podés mentirte tanto, pensarte tan protagonista, tan galán de novela, tan centro del mundo. Me pregunto qué hacés cuando estás solo, cuando nadie escucha tus mentiras, cuando no hay necesidad de disimular tu triste soledad. ¿Qué hacés? ¿A quién le mentís? Sospecho, por momentos, que te parás delante del espejo, que contabilizás tus falsas conquistas, elaborás introducciones nudos y desenlaces con todas las minas que te cruzaste en el día, esos mismos nudos que después vas a venir a contarme a mi, esas historias que voy a escuchar, y a las que voy a responder con una sonrisa condescendiente, una sonrisa que por ahora dice "sí, te entiendo, estás tan solo que tenés que inventar todo esto" pero que en cualquier momento se transforma en una seriedad absoluta y en un "pero escuchame, boludo, ¿vos te creés que no se nota que todo esto es mentira?".

No es para nada lo mismo

Decir "un ex" que decir "mi ex".

viernes, 22 de octubre de 2010

La felicidad puede ser cualquier cosa

La felicidad es hacer guacamole, tener un ramo de jazmines en un jarroncito celeste, y pasar por al lado y olerlo, y bailar arriba de la cama, saltar cualquier tema, hacer un random que pase de cualquier cosa mala a cualquier cosa peor, es abrir la ventana y que entre un airecito fresco, y taparse con la sábana, liviana y suave, y despertarse sonriendo porque sí, o tomar un jugo de naranja recién exprimido o que cuando te saluden te digan qué linda sos.

La infradotada

-No te hagas problema, si esa no baja vemos una peli repe.

-¿Repe?

-Perdón, a mi la felicidad me hace hablar como una infradotada.
Hace un mes aproximadamente, recibí un mail de un amigo con el que no hablo hace mucho, que decía que había notado un cambio en mi.

Le respondí preguntándole en qué se basaba para decir eso, y si ese cambio le había resultado positivo o negativo. Además le dije que que sí, que había cambiado, que por suerte había cambiado.

Me dijo que el cambio le resultaba negativo.

Justo que yo pensba que estaba en mi mejor momento.

jueves, 21 de octubre de 2010

Chicas de piernas largas que comentan en la entrada anterior quejándose por sus piernas largas:

las odio.
A veces sueño que tengo piernas largas y puedo usar pantalones chupines.
El vacío después del parcial es horrendo. Hasta ahora, todos los días, todas las noches, estaban ocupadas, colmadas de papeles, resaltadores, resumenes y listas de pendientes. Y de repente, nada. Pareciera que el tiempo liibre se triplica, que no hay absolutamente nada por hacer, que debería tener otro examen asi sigo ocupando mi cabeza y no pienso en las cosas horribles de mi vida.

Uh, mierda. La semana que viene tengo otro.

Mirá, me pasé una semana sin publicar nada

Y pareciera que ya no tengo cosas para decir.

jueves, 14 de octubre de 2010

Ahí están, ellas son, dos boludas del montón

Me dijo al teléfono: "Estoy en un estado de boludismo tal, que pienso en dormir con él todas las noches de mi vida y sonrío".

Le respondí "Ay, qué lindo".

Me cortó.

Pero la puta que lo parió

Escuchate esta porque es increíble y no me deja dormir: el año 1995, ese que todavía recordás como si fuera ayer, ese que todavía te salpica con sus hits musicales pedorros y sus costumbres menemistas, fue hace quince años. Quince. Es una barbaridad de tiempo. Un montón, una bocha, demasiado, un exceso. O sea: eso que vos pensás que pasó hace poco, pasó hace quin-ce-a-ños. No es joda, che: nos estamos poniendo viejos y chotos a una velocidad que no se puede creer. Qué miedito.

El chiste es obvio y pelotudo y están avisados

Tengo frío, todo el tiempo, y después tengo calor. Y tengo hambre, y como dos bocados y me lleno. Tengo ganas de llorar, pero no sé por qué habría de llorar si está todo más o menos bien. Tengo ganas de dormir, cuando duermo no quiero soñar, cuando sueño pido al menos que no sean pesadillas. Cuando hay alfajorcitos de maicena daría la vida por un sandwich de jamón y queso y cuando solo tengo arroz y queso fresco en la heladera me prostituiría por un pedazo de salmón. Cuando no me dan motivos, desconfío igual, cuando me están cagando como a una pelotuda lo dejo pasar. Me olvido de nombres esenciales, de fechas importantes, pero sé de memoria todos y cada uno de los nombres del jurado de "Bailando por un sueño". Como tengo ganas de llorar me invento los motivos y cuando tengo motivos para llorar me trago las lágrimas y hago como que aquí no ha pasado nada. No sé si es él, o soy yo. No sé si él me obliga a verlas todas asi, tan lindas, tan estilizadas, tan perfectas, tan inteligentes. No sé si es él, o son mis fantasmas, no sé por qué desconfío, pero tampoco sé por qué debería confiar. Y asi como no sé si confiar o desconfiar, por las dudas me quedo en la segunda opción (a mi con la primera no me joden mas la vida, nada ni nadie, vos menos), y empiezo a maltratar. Primero el silencio, la indiferencia y la seriedad. Después cualquier palabra es motivo del análisis mas minucioso que pueda imaginarse y cada oración se convierte en un sinfín de juicios y prejuicios y seguramente dijo eso porque en realidad quería decir aquello y ahí, sí, se encuentran los motivos para llorar. Pero no lloro, porque cuando tengo motivos me muerdo los labios y apreto los puños y digo la concha de tu hermana y cuando me preguntan qué te pasa digo que nada, y cuando digo que nada en mi cabeza se contruye una lista llena de preguntas, miedos, terrores, fantasmas y mostruos y siempre, los hijos de puta, no quieren salir, se quieren quedar ahí, atormentándome, conviertiéndose en la nada que me retuerce el estómago y de nuevo, las ganas de llorar y no querer. El frío, el calor, el hambre de algo dulce cuando hay salado y salado cuando hay dulce. La histeria infinita. El miedo a todo. La angustia porque sí. El no soportarme mas. Que me venga, por favor. Que me venga YA.

miércoles, 13 de octubre de 2010

"Odiar no es sano" las pelotas

Algunos días, odiar (con ganas, repletos de ira, de rabia), tener los puños apretados y putear porque sí, es mucho mas sano de lo que muchos creen.

viernes, 8 de octubre de 2010

Hay gente que casi no te conoce, o te conoce poquito, o te conoce por lo que otro le dijo de vos, e igual te ayuda, y te da una mano, y te alegra la semana de mierda.

martes, 5 de octubre de 2010

Hoy me voy a dormir pensando que todo podría haber sido peor

Hoy voy a pasar por la cuadra que está llena de florerías y que queda muy cerca de mi casa y me voy a comprar un ramo de fresias bien perfumadas, o tal vez seas dos ramos, uno para poner en el estante que está arriba de mi cama o en el escritorio y otro para poner adentro de la jarrita celeste pre-cio-sa que me compré el sábado pasado en el mercado de las pulgas. La jarrita celeste que es tan linda tan linda que te dan ganas de abrazarla la voy a poner arriba de la mesa del comedor. En la mesa del comedor me voy a sentar un rato largo a hacer origamis con papeles *específicos para origami* que me trajo mi amiga la doctora que se fue de vacaciones y sabe perfectamente cómo hacerme feliz. También voy a ir a la verdulería y voy a comprar espárragos y voy a comprar palta y voy a comprar espinaca y voy a comer una ensalada, la voy a comer directamente del pote, sentada en la cama, hoy tengo que ver Casablanca, y si por una de esas casualidades no me dan ganas de ver Casablanca voy a hacer un zapping escandaloso y me voy a indignar con los programas de chimentos y con los que repiten todo lo que pasó en la televisión y que yo siempre me pierdo porque como el noventa por ciento de la gente a esa hora estoy trabajando como una esclava. Voy a abrir las ventanas del living comedor habitación escritorio y también voy a abrir las de la cocina, que se arme una corriente que amenace con volar mis apuntes de la facultad que están por ahí, dando vueltas en todos y cada uno de los rincones del departamento. Y voy a correr a juntar el que se vuele y voy a volver a organizarme para estudiar todo llegar con todo aprobar tranquila. Voy a tirarme en la cama a mirar el árbol que está en la vereda de mi casa y voy a ver cómo se va oscureciendo todo en el departamento mientras afuera se prenden unas luces amarillentas que provocan que en una de mis ventanas las sombras formen el dibujo de un dinosaurio. Además voy a tirarme en el piso, esto es lo que mas amo en el mundo, con unos auriculares bien grandes, puro exceso, y voy a poner algún tema bien fuerte, que me exploten los oídos que no se escuche ni un puto auto ni una mísera bocina. Y después me voy a poner el piyama y voy a abrir la cama y me voy a acostar en mis sábanas que tienen siempre olor rico porque en mi casa NO SE TOLERA el olor asqueroso o repugnante y voy a apoyar la cabeza en la almohada y seguramente voy a pensar en el olorcito tan hermoso que están largando las fresias, y voy a saborear los espárragos que me comí antes y voy a cerrar los ojos y tararear veinte o treinta segundos el último tema que haya escuchado y me voy quedar dormida sabiendo que a pesar de que mi vida es una mierda sin pausa de diez a dieciocho, me las ingenio para que no todo esté *tan* mal. Seguramente sueñe cosas lindas.

lunes, 4 de octubre de 2010

Las sobras de la cena de la semana pasada

En todas las heladeras de los solteros que todavía somos desorganizados, existe un tupper que no se abre. Un recipiente tapado que contiene alguna sobra de alguna cena que puede ser de la semana pasada, de hace quince días o de hace dos meses. Es un recipiente cerrado al vacío, que con el tiempo ya ni siquiera se recuerda qué contiene. Un recipiente que se ve siempre, pero se ignora. Son restos.

Las personas que sufrimos por amor alguna vez en la vida también tenemos algo que ignoramos. Algo que no sabemos qué es pero está ahí, latente. Un recipiente que contiene alguna imagen, una palabra, una sensación o un sentimiento que decidimos ignorar. Está ahí, lo sabemos, pero lo esquivamos con la mirada. Preferimos ignorar su presencia. Son restos. Nadie quiere los restos de la cena de la semana pasada.

El problema del recipiente de la heladera es abrirlo. Abrirlo es inundar la cocina de olor a podrido. Es ver que el recipiente se echó a perder. Que hay hongos verdes sobre unos fideos con salsa. Abrir el recipiente es enfrentarse a la podredumbre, a lo asqueroso, a lo desagradable. Pero la solución es sencilla: una mano abre el tacho de basura, el recipiente y las sobras putrefactas van adentro. Asunto olvidado.

En el amor, en cambio, veo imposible eliminar el recipiente con lo podrido. Por mas que querramos y nos esforcemos y tratemos de ver las cosas con otros ojos, siempre estará podrido. Podemos ignorar el recipiente de los restos del amor sufrido, podemos hacer como si no existiera, como si nunca hubiéramos cenado ese amor. Pero cuando menos lo esperamos, por una palabra, una acción, un movimiento, un tono de voz extraño, el recipiente se abre, el cuerpo se llena de olor a podrido, se liberan esos miedos, esas inseguridades, esas desconfianzas, esas sensaciones de mierda que pensábamos obsoletas.

El problema no es que hayas sufrido. No es haber elegido mal. No es que te traicionaran, que te mintieran o engañaran. El problema no es haberte quedado ahí, esperando la verdad, el compromiso, el amor. El problema no es quien te hizo sufrir. El problema lo vas a tener vos. El que venga después, los que vengan después, ellos van a tener que enfrentarse a las sobras de tu cena. A tu recipiente lleno de restos podridos. Van a tener que ver tu seriedad cuando el teléfono suena y no se te dice quién llama. Van a tener que soportar celos, angustias y llantos infundados en la nada misma, en la fantasía de que seguramente el otro está mintiendo. Van a ver tu recipiente oscuro, ese que pensabas que podías ignorar. Van a ser testigos de tu paranoia. Y no sólo ellos. Vos misma. Vos misma te vas a enfrentar a situaciones que abren el tupper de lo podrido. Vas a estar sentada en la computadora con su casilla de mails abiertos y vas a tener que contar hasta cien para no meterte en cosas que no son tuyas. Vas a mirar su celular y vas a morirte de ganas de saber a quién llama y a quién no. Y la lucha entre querer saber si te miente y querer confiar ciegamente va a estar siempre ahí. Siempre que te quedes a solas en su casa vas a querer revisar algún cajón y siempre vas a pensar que vas a encontrar algo. Siempre que te llame y te diga que está en la casa de un amigo vas a pensar si su amigo tiene tetas y está desnuda, en la cama, esperándolo.

No sé si hay manera de evitarlo. No sé si existe un tacho de basura para los restos del amor. Y digo "no sé" con una vaga esperanza de que ese "no sé" se convierta en un "sí" rotundo. Es vaga, mi esperanza, es chiquita, es un susurro. Si me preguntás hoy, te digo que no, que no hay manera, que las sobras de la cena de la semana pasada siempre van a estar ahí, y que en cualquier momento alguien va a venir a tu casa, sin permiso, a abrirte la heladera y preguntarte mientras abre el tupper: "Y acá, ¿qué guardás?".

miércoles, 29 de septiembre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

¿Ya es marzo?

Yo no sé bien de dónde saqué esa loca idea de que a partir del primero de marzo mi vida va a ser maravillosa, divertida y sin problemas.

lunes, 27 de septiembre de 2010

domingo, 26 de septiembre de 2010

Asi, a la distancia, no dejo de preguntarme: ¿Cómo me pude enamorar de vos?

viernes, 24 de septiembre de 2010

Así, viernes, no

El desayuno triste con un café medio quemado, tostadas de pan viejo y sólo queso crema.

El fantasmita europeo

Todos se quieren ir. No creo que quieran huir de mi, porque no es una idea que se les ocurre cuando me conocen. No. Ellos me conocen ya sabiendo que quieren irse, desaparecer. No por diez días, no por un mes. Irse, solos. Irse, sin saber si se vuelve o no. Irse, y nada mas. Me paraliza tanto escuchar es posibilidad, ese plan a futuro.

No quisiera quedarme sin palabras cada vez que se me habla del tema. No quisiera ver en esas palabras: abandono, separación, tristeza ni olvido. Quisiera ver felicidad, quisiera ver alegría, quisiera ponerme contenta por el otro, ayudarlo a cumplir el sueño, entenderlo.

Pero no puedo che, no hay manera.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La ansiedad al palo

Quiero que sea rápido el año que viene porque tengo un montonazo de proyectos copantes.

martes, 21 de septiembre de 2010

Ser anciana es elegir comerse una ensalada.

¿Brillante? ¿Brillosa? ¿Qué dijiste?

Hay que aprender a sonreír y callarse la boca y agradecer y decir "por favor". No recuerdo, mas bien no quiero recordar, si djo brillosa o brillante. Qué abismo tan gran hay entre brillosa (¿grasosa?) y brillante (¿rápida?). Qué difícil no saber qué se escuchó.

Mas dificil que no saber si brillosa o brillante es no saber callarse la boca. Porque qué necesidad. Para qué preguntar. Con qué objetivo.

Entonces fue:

"Estás brillosa" o "estás brillante".

Y después lo innecesario:

"¿Y eso es bueno o malo?".

Y después, la confirmación de lo innecesaria que era la pregunta, el cachetazo invisible, la respuesta mas temida. El silencio.

lunes, 20 de septiembre de 2010

El horror es no poder contenerse

"Ay, sí, yo también quiero hacerme la dura, pero después venís a cuidarme porque me sacaron una muela y toda drogada por la anestesia y por el analgésico y por el antibiótico y medio despierta medio dormida empiezo a decirte cosas cariñosas que ni siquiera me acuerdo bien qué son y después me muero de la vergüenza."

Cuando el lunes se convierte en lo peor del universo estás jodido

Y no es que haya descansado viernes sábado y domingo. No, para nada. Viernes estudié hasta que se me empezaron a cerrar los ojos. Sábado cociné para la familia y después paseé un rato y caminé toda la tarde y eso a mi me cansa muchísimo. Y a la noche hice guacamole, hicimos guacamole, varias paltas de guacamole, varios tomates, varias cebollas, varios limones. Y el domingo estudié, y leí y no entendí y me empezó a agarrar la tara mental "no entiendo no llego no entiendo no llego no entiendo no llego". Y la verdad es que no, no entiendo, no, Kant, no te entiendo, con cada párrafo tuyo que leo tengo que parar el mundo y leer y leer y leer y leer y seguir sin entender. Y no, tampoco llego. Porque como siempre, todo para último momento, todas las semanas pensando "no es tanto, total ya lo sé todo". Y de repente esos "no es tanto" se juntan y la puta madre, esto es un montón, no llego.

Pero aun asi. Con la tara mental "no entiendo no llego", con las tareas y los paseos y dormir poco y cocinar mucho, aun asi estoy contenta, y estoy alegre y estoy feliz y me rio y no me importa tanto que no esté funcionando todo. Pero el domingo a la noche, cuando me doy cuenta que estamos a horas del lunes, todo se transforma. Toda la alegría y toda la felicidad y todas las risas desaparecen y me angustio, me seco por dentro, me paralizo y soy la personificación de la mala onda.

Y el lunes es todo gris, es todo oscuro, es el peor otoño del universo, es el invierno mas crudo, es la lluvia torrencial desde la parada de un colectivo sin techito. El lunes es ropa oscura en pleno verano. Es una comida demasiado salada: el lunes no tiene solución. Es la rutina. Es siempre lo mismo. Es "basta de esto". Es "ya fue suficiente". O no. No es "ya fue suficiente". Es "ya fue demasiado". Es la intolerancia, las malas contestaciones, la falta de paciencia, los dientes apretados, la rutina del bajón de presión una vez por semana, el cuello duro, y los nervios. Y llegar tarde y que no importe. Que no importe nada. Que todo se vuelva una mierda. Que el lunes me olvide de todo lo bueno del viernes el sábado y el domingo. Que todo sea horrible, espantoso, terrorífico. Que la dictadura horaria de diez a dieciocho te esté (me esté) haciendo pedazos por dentro. Que nada me haga reir. No tener ganas de hablar. Querer faltar por faltar. Que haya mas parciales para tomarse mas días de estudio. Es llegar a la puerta y antes de abrir, llorar.

¿Vale la pena todo eso?

No.

Lapidario

"Está hecha una boba".

martes, 14 de septiembre de 2010

No correspondido

A veces sueño que me decís que te pasa lo mismo que yo te dije que me pasa con vos.
Le dije: "Va a ser una niña". Y después: "Va a ser la ruludita mas preciosa y malcriada de todo el condado". Y por último le pregunté: "¿No te da mucha impresión tener una criaturita adentro tuyo?".
Ay, ¿viste?. Sólo sale con chicas que son su reflejo, pero con concha.
Es increíble.
Creo que es porque en realidad está enamorado de él.
Su sueño debe ser noviarse a sí mismo.

¿Zuecos?

Lo único que nos faltaba.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Los domingos

A la mañana todo se ve más lindo, pasa que en general estamos durmiendo.
A la tarde es neutral, pasa que en general estamos durmiendo.
A la noche es depresivo, pasa que ahí ya no tenemos sueño y sólo tendencias suicidas.
Los ansiosos podemos llegar a enloquecer frente a una llamada perdida que provino de un número privado o un número desconocido.

Uh, ¿te imaginás si me caso?

jueves, 9 de septiembre de 2010

Podría retrucarte

Pero no te conviene.
Porque si te digo todo lo sé, te pegás un tiro.

Remeras preferidas

La remera con conejitos saltando que me regalaste para mi cumple acaba de destronar a la de la jirafa roja metálica que había destronado a la fucsia con una gatúbela plateada.

Ando como las viejas, dando espectáculos en la vía pública

Pensé que era cansancio. Cansancio y calor. Hay que estar entrenado para viajar en colectivo a las seis y cuarto de la tarde, de lo contrario aparece un mal humor que no se va con nada. No había olores extraños. Iba sentada. Pero tenía cansancio, un cansancio que no me dejaba estar sentada con la espalda derecha. Me dejé caer. La cabeza sobre las rodillas, abrazando la campera que ya me había sacado porque hacía calor, mucho calor.

"Esto no es calor. A mi me está bajando la presión".

Y claro, cuando mentalmente dije "bajando la presión" tuve náuseas, y empecé a sentir la cara blanca, pálida, las ojeras violetas, las manos temblando y transpirando. Me levanté rápido del asiento, retrasando el vómito lo más posible, esquivé gente con la poca fuerza que tenía. Las piernas también me habían empezado a temblar. El bolso que llevaba colgado del hombro se caía, se deslizaba por el brazo y quedaba trabado ahí, no sé por qué, no sé cómo. La chica que estaba delante mio también iba a bajar. Yo respiraba profundo. Decía "no pasa nada no me siento mal no pasa nada no me siento mal". Se abrieron las puertas y descubrí que la chica era de esas que no tienen ningún apuro. La empujé, me miró mal, la miré mal, hubiera querido decirle "agradecé, pelotuda, que no te vomito encima" pero no dije nada: si abría la boca la bañaba en líquido ácido, de aspecto confuso y olor fétido.

Me desplomé. Posición de guerra. Doblada hacia adelante. Sosteniéndome el pelo con una mano, el bolso tirado medio para atrás, sobre la espalda. No pasó nada. Me senté. Se me caían las cosas. Me sentía blanca y fría, helada. Me transpiraban las manos, la panza, de repente el pantalón era un pegote. Ahí, cuando todas las sensaciones en mi cuerpo eran confusas, ahí, cuando no entendía nada de lo que veía y se me entrecerraban los ojos y me pesaba la cabeza, ahí pensé que la quedaba, en medio de Palermo. Y después de pensar que la quedaba, que me convertía en fiambre, en el peor y mas ruin de los fiambres, que me volvía una mortadela, un salchichón primavera, pensé otra cosa: "qué desperdicio, quedarla acá, en la vereda de este negocio de decoración tan pero tan feo, en esta vereda tan gris y genérica, tan rota y llena de pastitos que sobresalen, tímidos, sin saber si crecer o morir".

Se me acercó una señora extranjera. Me preguntó si estaba bien, y la miré como diciéndole "a vos qué te parece", pálida, transpirada y con náuseas. En cambio, le dije que sí, que estaba bien, que solo me había bajado la presión. ¿"Solo"? ¿Estaba sintiendo que mutaba a jamón y decía "solo"? "Cómo hago para aiudarte" dijo la extranjera. Y antes de contestarle. No sabía bien qué podía hacer para ayudarme, entró en escena un viejo con shorts de baño, soquetes y zapatillas tenis. "¡Te doy perfume!" me dijo el viejo y a mi me pareció simpático, porque no pensé que el perfume era para hacerme reaccionar, pensé que el viejo me estaba diciendo que olía mal. "Viejo, andá a olerte vos, haceme el favor, y después bañate en perfume". Le dije que no, y se acercó, "abrí las piernas" me dijo y yo abrí las piernas. "Bajá la cabeza", y yo la bajé. Y empezó a hacer presión, con mucha fuerza, con tanta, que al mismo tiempo que empezaba a sentir cómo recuperaba el color de mi cara también sentí que se me estiraban todas las vértebras y los músculos y quise gritarle "ahí, viejo oloroso, quedate ahí estirándome toda, que estoy tan cansada de todo que duermo mal y haciendo fuerza y estoy dura y por eso y por el dolor de muelas me baja la presión y tengo sueños horribles y dale, quedate ahí, estirame toda, sacame los dolores". Pero el viejo no me escuchó, porque en realidad no dije nada, solo le dije que ya me sentía mejor. Ahí llegó otra señora, una señora sin dientes (esto debe haber sido un preaviso de lo que me sucedería al día siguiente, recuérdenme que les cuente), y la señora sindientes me dijo lo mismo: "abrí las piernas, bajá la cabeza que yo presiono" y yo hice caso. Yo estaba entregada porque me sentía un poco mejor pero todavía sentía temblores, y tenía miedo porque estaba sola, y si me pasaba algo mas grave, qué vergüenza, yo andaba con una bombacha medio viejita. Y la sindientes se quedó ahí parada, yo sentía mi temperatura corporal un poco tirando a normal. La remera estaba mojada, qué asco, el hijo de la sindientes me convidó de su agua, y mientras yo tomaba le dijo a su mamá "má, a vos también te pasa eso, ¿no?". No tenía mas de siete años el hijo de la sindientes, y por suerte todavía tenía dientes. Y la sindientes me dijo que si no se me pasaba rápido llamábamos al SAME y a mi me dieron ganas de llorar: sola, en la calle, transpirada, desplomada en una vereda fea, sintiéndome como el orto, con una bombacha horrible. Lo único que me faltaba era terminar en un hospital. "No, ya me estoy sintiendo mucho mejor (señora sindietes), no se preocupe". Y se fueron: el hijo condientes y la vieja sindientes me saludaron, les agradecí mucho la ayuda, y se fueron.

Apoyé la cabeza contra la pared donde estaba sentada y respiré profundo. La gente que hacía la cola para tomarse el coloectivo me miraba de reojo. Yo sentía un viento de verano dándome en la cara, devolviéndome la salud, trayéndome de una patada al mundo de los mortales que salen de trabajar y tienen que subirse a un colectivo a las seis y cuarto de la tarde. Ya no era mas un jamón.

Una chica de jogging, desde la cola del colectivo, me gritó si quería un caramelo. Le dije que sí, no sólo porque eso iba a terminar de mejorarme, sino porque en ese tipo de gestos veo una dulzura y una necesidad de ayudar, de hacer lo que sea para ver al otro bien que imposibilita decir "no". Le dije que sí al caramelo, le diije que sí al agua del nene, le hice caso al viejo oloroso y a la vieja sindientes. Ellos querían ayudarme, yo no podía negarme a eso.

Me levanté, y sacudí el pantalón. me até el pelo y caminé, mientras masticaba el caramelo de ananá despacio. Miré para atrás, miré a esos que hacían la cola del colectivo y habían tratado de ayudarme. Ellos también me miraban.

Paré un taxi y me subí. "Vamos despacio, por favor, no me siento nada bien. Tengo un dolor de muelas que me está matando".