jueves, 24 de febrero de 2011

Cuando tu novio y vos empiezan a tener el mismo discursito boludo sobre todo lo que hay en el mundo, se acabó el contrapunto tan adorado, están al horno.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Para ellos no es un viaje en colectivo

Me encanta esa sub-especie humana que, simbólicamente, practica algo en el colectivo. Se da muchísimo entre músicos y bailarines, que practican instrumentos o coreografías respectivamente. Los primeros practican preferentemente teclado, piano o percusión. Sus piernas se convierten en el instrumento, a veces llevan los palitos y se golpean de manera animal, como si realmente el muslo fuera un platillo. Los pianistas y tecladistas, en cambio, establecen un teclado imaginario que no sólo está en las piernas sino también en el espacio que queda entre ellas: ahí también hay teclas, ellos las tocan. Después están los que leen partituras, que en la escala del practicante simbólico son los que menos me divierten porque no hacen demasiado con el cuerpo. Y mis preferidos, los bailarines y bailarinas. Sus auriculares escupen la música de la coreografía, a los demás nos llegan algunos sonidos sueltos, si tenemos suerte podemos adivinar el tema que están bailando. Cuentan compases, mueven las manos exageradamente pero casi sin moverlas del lugar. Los hombros, la cabeza, para un lado, para el otro. Movimientos exagerados pero casi imperceptibles. Expresiones sensuales pero no tanto. Golpes en los muslos. Yo los veo ahí, moviéndose un poco, tocando un piano invisible, contando compases y equivocándose y volviendo a empezar. Ese piano que no veo es, para ellos, un Steinway hermoso y lustrado, o es un escenario, lleno de luces y aplausos. Para ellos no es un viaje en colectivo, es cualquier otra cosa: una sala de ensayo, una zapada con amigos, una coreo de fin de año, la felicidad. Por eso me encantan.

Buscalos, encontralos,
te van a hacer feliz a vos también

martes, 22 de febrero de 2011

Superficial, mami

El sábado a la tarde, casi a la nochecita, conocí al vestido de mis sueños, me lo probé y me calzaba perfecto, me quedaba soñado, estaba para ir directo a la alfombra roja. El precio era el cuco, había que cerrar los ojos porque te asustaba para toda la vida y no podías dormir nunca mas. Lo dejé apenada, colgado entre otras prendas todas feas, todas insípidas al lado de él, el vestido de mis sueños. Y me fui despacito, dando pasos cortos y lentos, caminando hacia atrás, viendo cómo el vestido de mis sueños se volvía chiquito e insignificante y cada vez mas lejano, mas imposible.

Sigo soñando con él.

viernes, 18 de febrero de 2011

Había una vez

El mar.


¿Viste ese momento de la relación en el que pensás "Con esta persona jamás en la vida podría pelearme"?

Bueno, algo así.

Mariano "permiso denegado" fue uno de los primeros amigos virtuales que se convirtieron en amigos de la vida real. Mariano es acuariano, putea un montón, y no sé por qué se le ha metido en la cabeza que cuando sea viejo yo, como buena amiga, voy a tener que cambiarle los pañales. Pero además es una de las personas mas copadas y buenas que conocí en mucho tiempo.

Yo no creo que cumpla eso de cambiarle los pañales, porque me da un asco bárbaro de solo pensarlo, pero mientras tenga blog, todos los años, todos los 18 de febrero, voy a decirle FELIZ CUMPLEAÑOS desde acá, el lugar donde nos conocimos.

¡FELIZ CUMPLE MARIANO!

Y como siempre digo, salúdenlo. Nada mejor para un acuariano que recibir pilas de cariño.

lunes, 14 de febrero de 2011

¿Cómo era vivir con alguien?

Hace mas de un año que vivo sola. Casi dos. Un año y ocho meses.

Siempre tuve problemas de memoria. Siempre tuve problemas de memoria para cualquier cosa que no sea memorizar números. Me acuerdo todos los números de teléfono que tuve en la vida pero no me acuerdo qué almorcé ayer. Mucho menos qué cené el sábado. Pero desde ayer, y no importa por qué, estoy tratando de recordar cómo era vivir con alguien.

Y no hay caso.

Se sabe que todos los solos tenemos comportamientos secretos en nuestra vida cotidiana que ni siquiera consideramos en alguna vez compartir: comer cucharadas del pote de dulce de leche, andar en tacos y camisón por el departamento, bailar semidesnudos mientras barremos, doblar las bombachas de una manera especial o cagar con la puerta abierta (no sé, yo sé de gente que le parece importante y hasta le gusta cagar con la puerta abierta, a mi me da asco). Pero ayer, mientras me bañaba sola en casa me puse a pensar y no recordé cómo era vivir con mi ex. Quiero decir: no sé si dejaba las bombachas colgadas de la canilla del baño, no sé cuándo tenía conversaciones telefónicas con amigas contando detalles amorosos y vergonzosos que un novio o concubino nunca jamás en la vida puede saber que andamos ventilando. No me acuerdo cuándo miraba pornografía o cuándo me hacía la paja. No me acuerdo qué hacía cuando el baño quedaba con olor (no se hagan los desentendidos que por ahora no se ha probado científicamente que alguien cague con olor a rosas). ¿Andaba desnuda por la casa que compartíamos? ¿Apagaba los cigarrillos en un vaso con coca cola de antes de ayer? ¿Los domingos me tiraba en la cama o reptaba hasta la cocina a buscar provisiones y volvía a la cama? ¿Miraba programas de televisión basura? ¿Me iba a dormir sola o esperaba que los dos nos fuéramos al mismo tiempo? Si era a destiempo, ¿me molestaba? ¿Usábamos desodorante de ambiente? ¿Una cajita de fósforos? ¿Me vio alguna vez depilándome los bigotes? ¿Cuándo me depilaba?

Desde ayer estoy preguntándome todo eso y no puedo acordarme ni siquiera un detalle. O tal vez sí: me vio una vez depilándome los bigotes y se espantó. Y no había desodorante de ambiente porque para mi todos los desodorantes de ambiente huelen a baño de Constitución. Yo no me acuerdo cómo era vivir con alguien, y francamente hoy no puedo imaginarme viviendo con alguien. Durante casi dos años desarrollé una pila de obsesiones pelotudas y secretitos que creo nunca nadie tiene que enterarse. Y aunque no haya planes de que alguien se entere de todas esas cosas, aunque no extrañe la vida de concubinato, aunque esté contenta con mi cama gigante y el pote de dulce de leche en la mesita de luz, no puedo parar de preguntarme: ¿Qué voy a hacer con todas esas cosas vergonzosas que hago porque vivo sola? ¿Dónde voy a colgar las bombachas? ¿Cuándo me voy a depilar? ¿Cómo carajo era vivir con alguien?

viernes, 11 de febrero de 2011

Y un día, me cansé

No quiero trabajar mas en una oficina con una dictadura horaria que me convierte en esa personita gris de la que hablaba algunos días atrás, de ese oficinista promedio que se pasa haciendo la cuenta regresiva para el fin de semana de lunes a viernes. Ese oficinista promedio que buscar excusas para faltar, que se toma quince minutos mas a la hora del almuerzo porque no quiero volver a trabajar. No puedo estar mas, en esta oficina cerrada, con esta luz artificial: cada vez que salgo al patio la luz solar me hace mal, a eso he llegado. No quiero mas tener que escuchar el despertador y sentirme desdichada y que lo único disfrutable sea la ida y vuelta en bicicleta. No quiero mas esta rutina, estos olores, este siempre hacer lo mismo. Pedir el almuerzo en el mismo delivery todos los días, saber a qué hora de la mañana tomo mate y a qué hora de la tarde repito el ritual. No quiero mas tener que disimular ante alguien cuando no tengo nada que hacer y no puede notarse que no tengo nada que hacer. No quiero mas atender el teléfono y volverme loca porque no sé cómo transferir las llamadas. Y no quiero no por caprichosa, sino porque todo esto me está secando por dentro, me está sacando las energías, las ganas, la voluntad, porque todos los proyectos que venía almacenando en la cabeza de repente fueron desapareciendo y los espacios libres se fueron ocupando por una agenda de feriados y nada mas. Porque mi trabajo es técnico y es aburrido y cada día que pasa se vuelve más técnico y mas aburrido, y yo tengo inquietudes, muchas, y esas inquietudes ahora están demasiado quietas porque, de verdad, estoy seca.

Y porque cuando estoy seca lo que necesito es algo que me haga revivir, es que no puedo estar mas acá. Porque necesito agua, sol, y aire. Necesito mis inquietudes revoloteando y saltando por toda mi cabeza, molestas. Inquietudes: quiero que no me dejen dormir a la noche y que me llenen de ansiedad.

No soy lo que pensé que iba a ser a los veintisiete. Esta persona horrible en la que me estoy convirtiendo no me gusta ni un poco. Y por eso necesito irme.

Y porque necesito irme, no me queda otra que renunciar.

jueves, 10 de febrero de 2011

Relajemos

Cuando nuestros novios se van de viaje, las inseguras pensamos solamente dos posibilidades:

1) Está con otra.

o (mi preferida)

2) En este tiempo sin verme se va a dar cuenta que está mejor sin mi y va a dejarme.

El 90% de las veces no se cumple ninguna de las dos. Relajemos, inseguras.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Emparejados

No importa si es un corto, medio o largo, drama, comedia, de terror, policial o de acción, si es serie, o película para televisión, o película de cine, los primeros veinte minutos, cuando en general se presentan todos los personajes y se plantea el conflicto general, yo estoy preocupadísima y ocupadísima en descubrir quién se va a emparejar (emparejar de "hacer pareja") con quién.

En ese momento no me cerró para nada la respuesta

Una vez le pregunté a mis hermanos qué era el "marrón" de "Entregá el marrón" de los Auténticos Decadentes, y en la desesperación por no saber contestarme o por no saber cómo mantener mi inocencia infantil, dijeron: "Un mueble".

Loca, como tu madre

Cuando era chiquita era desbolada y mamá, obsesiva de la limpieza, me odiaba por eso. Cuando me mudé (primero acompañada y después sola), descubrí que había absorbido un centenar de costumbres maternales a la hora de la limpieza del hogar. Estas son algunas que implemento en la cocina. Puse solo algunas para que no se espanten.

-Ir a dormir con todos los platos y ollas y cubiertos de la cena lavados y puestos a secar.
-Tener el trapito de la cocina siempre limpio, con rico olor y escurrido.
-Pasar la esponjita en la pileta de la cocina para que no queden restos de grasa.
-Guardar en recipientes bien cerrados los restos de las comidas.
-La mesa sin miguitas.
-La yerba usada en una bolsita aparte que después va al tacho "general".
-Un papel de diario en el fondo de la bolsa de la basura para evitar accidentes en caso que la bolsa esté agujereada.

Cuando le muestre la lista a mamá, va a estar inflada de orgullo.

lunes, 7 de febrero de 2011

Gris

Recién me senté en el piso del baño del lugar donde trabajo y me pregunté una y mil veces cuándo me convertí en esta persona gris que espera los feriados como una criatura a Papá Noel y llora del dolor de panza los domingos porque no quiere que sea lunes.

Mirá, Saudaris, así era el atardecer en la playa

domingo, 6 de febrero de 2011

Escatológica

Tener vómitos me resulta mucho mas desagradable que tener diarrea. Toda esa cosa de la comida transformada en una sustancia viscosa de color dudoso, aspecto asqueroso y sabor repugnante, me parece mucho mas feo que tener que sentarse en el inodoro y dejar que pase lo peor.

Pero a la hora de decirlo me pasa exactamente al revés: decir "tengo vómitos" me resulta más fácil y hasta un poco mas fino que decir "tengo diarrea".

Es domingo y me duele la panza y se me dio por reflexionar al respecto. Mamá me dijo: "Vos estás así porque estás somatizando. Porque sabés que mañana tenés que ir a trabajar sí o sí." Y después de decir eso, me quitó la poca alegría dominguera que me quedaba.

viernes, 4 de febrero de 2011

Último día de vacaciones

Tengo un bichito nuevo que se llama Ramona, miro Fringe tirada en la cama, me traen sanguchitos de miga de jamón crudo y rúcula y pido por favor al cielo y todos los santos que el tiempo pase lento porque no quiero que sea lunes.


No quiero que sea lunes.

jueves, 3 de febrero de 2011

Ibamos pedaleando por la playa, ya nos habíamos alejado del centro de La Paloma y entrábamos a La Serena, la última playa, desolada y un poco salvaje, llena de moscas pero con un puesto que vendía los mejores choclos de todo el pueblo (arriesgaría de todo Uruguay, pero no sé). Había un sol que no dejaba ver bien, pero el bulto era demasiado grande como para no notar su presencia.

Una persona, imposible. Es demasiado grande para persona.

Debe ser un barco.

Nos acercamos. Había una cinta de plástico, de esas amarillas, y una señorita corpulenta que no dejaba asomar mucho la cabeza. Gente alrededor.

Es un ballena, dije en chiste, porque había visto en el mapa de la ciudad que había varios lugares donde se avistaban ballenas.

Es una ballena, repetí, ahora un poco mas convencida, después de ver una aleta gigante que sobresalía por debajo de una media sombra triste y ajada.

Es una ballena. Y está muerta, pensé. Y es la primera vez que veo una ballena. Y está muerta.

Y me entristecí. Y después le saqué fotos. Creo que le dicen morbo.