viernes, 29 de octubre de 2010

Vengo a decirles, por si no lo sabían aun, que el "te quiero" es un *maldito* camino de ida.

martes, 26 de octubre de 2010

Retazos amorosos sobre una instalación eléctrica

Perfecto. Tenemos el aplique maravilloso que tardé casi un año en comprar, los destornilladores, la pinza para pelar los cables. La cinta aisladora, una tijera y la luz cortada. ¿Necesitamos algo mas?
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Vos sosteneme la escalera, lo único que me da miedo en toda esta operación es caerme de ahí. Vértigo tengo, ¿entendés?. Un vértigo de la concha de la lora. Bueno, vamos. Dale, perfecto. Teneme esto, tomá.
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Uh, mierda. Uno de los cables de la instalación se me rompió. A ver, pasame la pinza para ver si puedo pelarlo.
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Uh, mierda. Lo corté del todo.
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Bueno, ya. Pará que me bajo a descansar. Sí, me duelen las piernas y me duelen los brazos y me duelen los hombros porque tengo todo el tiempo los brazos para arriba. Y no, ya no veo mucho, hay que apurarse porque lo único que falta es, no sólo no llegar a instalar nada sino encima quedarme sin siquiera una lamparita triste colgando. Bueno, va, dale, sosteneme la escalera. No, no tengo miedo, tiemblo porque esta escalera es una chotada y no me entran los dos pies en el último escalón. Tiemblo porque la estoy jugando de malabarista mas que de equilibrista.
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Ya está todo. Agarrá el aplique y pasame que ya empiezo a conectar. Tá, cinta. ¡Cinta! Uh, que pancho, vos quedate ahí sosteniendo eso que yo voy a buscarla. No se te va a caer que si se cae se rompe y si se rompe el aplique te rompo todos los huesos. Qué lindo que quedó el otro, ¿lo ves? Sí, ya sé que duele tener los brazos ahí. Ya voy.
***

Perfecto. Encintado. Tapado. Precioso. Divino. Justo eh, mirá que no queda nada de nada de luz. ¿La prendemos? Nunca probé si funcionaba o no, si no llega a funcionar largo todo y me hago hippie. Sí, dale, da la luz.
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¡Anda!
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Mierda.
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Quedó torcido.
Este es el peor momento de mi vida.
Abrazame.
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En los comentarios de esta entrada, Wuchi me pregunta: "Con tanta fábula, ¿no estará esperando que lo salves?". Y porque la respuesta me parece importantísima y porque fue algo que me costó entender y aprender, aquí va:

No, yo no estoy para salvar a nadie.
Yo no soy una super heroína.

Y se repite, como un mantra, hasta que se aprende. O, mejor dicho, hasta que se pone en práctica.

Cosas lindas y maravillosas que escuchás y te hacen sonreir el corazón

"Vos levantate y bañate tranqui que yo mientras preparo el desayuno".

lunes, 25 de octubre de 2010

No sea pelotudo

No sé bien por qué, pero a mi el censo me parece de lo mas importante del año. Ni me chupa un huevo ni me da miedo ni me parece una mentira.

Asi que yo me sumo:

Un pacto

Es un pacto que hicimos, vos y yo, sin necesidad de estrechar las manos o sellarlo con la firma en una hoja. Ya lo sabemos: vos decís cualquier mentira, yo me hago la que te creo. De tu boca salen las anécdotas mas inverosímiles, los personajes mas estrafalarios. La novela es tu forma de expresión, tu mundo inventado, el mundo en el que querrías vivir. No te culpo. Todo lo contrario, te entiendo, entiendo tu melodrama, entiendo tu necesidad de llamar la atención. Entiendo que la que habla es tu soledad, tus ganas de sentirte el centro de algo. Habla tu tristeza, se disfraza de ser humano irresistible. Vos decís "se enamoró de mi", yo escucho "ojalá me hubiera contestado el mensaje". Vos decís "no es mi culpa, la mina no paró hasta que la invité a salir", yo escucho "le rogué tanto que aceptó". Y no es que no quiera creerte, por momentos hasta me hacés dudar. Por momentos pienso que no podés estar mintiendo tanto, todo el tiempo. Y mentirme a mi es lo de menos. Lo que no entiendo es cómo hacés para vivir en ese mundo de fantasía en el que todas se enamoran de vos, en el que todas te ruegan por tu amor. En ese mundo tan grande, tan grotescamente inmenso, en el que lo único que hacés es romper corazones a cada paso que das. Y cómo hacés para dormirte a la noche, habiéndote contado un cuento, el mismo cuento, durante todo el día, cómo hacés para leer un libro, para mirar una película, para distinguir la ficción de la realidad, cómo hacés para engañarte tanto, para saber que estás mintiendo pero olvidarte que lo estás haciendo. Me pregunto cómo podés mentirte tanto, pensarte tan protagonista, tan galán de novela, tan centro del mundo. Me pregunto qué hacés cuando estás solo, cuando nadie escucha tus mentiras, cuando no hay necesidad de disimular tu triste soledad. ¿Qué hacés? ¿A quién le mentís? Sospecho, por momentos, que te parás delante del espejo, que contabilizás tus falsas conquistas, elaborás introducciones nudos y desenlaces con todas las minas que te cruzaste en el día, esos mismos nudos que después vas a venir a contarme a mi, esas historias que voy a escuchar, y a las que voy a responder con una sonrisa condescendiente, una sonrisa que por ahora dice "sí, te entiendo, estás tan solo que tenés que inventar todo esto" pero que en cualquier momento se transforma en una seriedad absoluta y en un "pero escuchame, boludo, ¿vos te creés que no se nota que todo esto es mentira?".

No es para nada lo mismo

Decir "un ex" que decir "mi ex".

viernes, 22 de octubre de 2010

La felicidad puede ser cualquier cosa

La felicidad es hacer guacamole, tener un ramo de jazmines en un jarroncito celeste, y pasar por al lado y olerlo, y bailar arriba de la cama, saltar cualquier tema, hacer un random que pase de cualquier cosa mala a cualquier cosa peor, es abrir la ventana y que entre un airecito fresco, y taparse con la sábana, liviana y suave, y despertarse sonriendo porque sí, o tomar un jugo de naranja recién exprimido o que cuando te saluden te digan qué linda sos.

La infradotada

-No te hagas problema, si esa no baja vemos una peli repe.

-¿Repe?

-Perdón, a mi la felicidad me hace hablar como una infradotada.
Hace un mes aproximadamente, recibí un mail de un amigo con el que no hablo hace mucho, que decía que había notado un cambio en mi.

Le respondí preguntándole en qué se basaba para decir eso, y si ese cambio le había resultado positivo o negativo. Además le dije que que sí, que había cambiado, que por suerte había cambiado.

Me dijo que el cambio le resultaba negativo.

Justo que yo pensba que estaba en mi mejor momento.

jueves, 21 de octubre de 2010

Chicas de piernas largas que comentan en la entrada anterior quejándose por sus piernas largas:

las odio.
A veces sueño que tengo piernas largas y puedo usar pantalones chupines.
El vacío después del parcial es horrendo. Hasta ahora, todos los días, todas las noches, estaban ocupadas, colmadas de papeles, resaltadores, resumenes y listas de pendientes. Y de repente, nada. Pareciera que el tiempo liibre se triplica, que no hay absolutamente nada por hacer, que debería tener otro examen asi sigo ocupando mi cabeza y no pienso en las cosas horribles de mi vida.

Uh, mierda. La semana que viene tengo otro.

Mirá, me pasé una semana sin publicar nada

Y pareciera que ya no tengo cosas para decir.

jueves, 14 de octubre de 2010

Ahí están, ellas son, dos boludas del montón

Me dijo al teléfono: "Estoy en un estado de boludismo tal, que pienso en dormir con él todas las noches de mi vida y sonrío".

Le respondí "Ay, qué lindo".

Me cortó.

Pero la puta que lo parió

Escuchate esta porque es increíble y no me deja dormir: el año 1995, ese que todavía recordás como si fuera ayer, ese que todavía te salpica con sus hits musicales pedorros y sus costumbres menemistas, fue hace quince años. Quince. Es una barbaridad de tiempo. Un montón, una bocha, demasiado, un exceso. O sea: eso que vos pensás que pasó hace poco, pasó hace quin-ce-a-ños. No es joda, che: nos estamos poniendo viejos y chotos a una velocidad que no se puede creer. Qué miedito.

El chiste es obvio y pelotudo y están avisados

Tengo frío, todo el tiempo, y después tengo calor. Y tengo hambre, y como dos bocados y me lleno. Tengo ganas de llorar, pero no sé por qué habría de llorar si está todo más o menos bien. Tengo ganas de dormir, cuando duermo no quiero soñar, cuando sueño pido al menos que no sean pesadillas. Cuando hay alfajorcitos de maicena daría la vida por un sandwich de jamón y queso y cuando solo tengo arroz y queso fresco en la heladera me prostituiría por un pedazo de salmón. Cuando no me dan motivos, desconfío igual, cuando me están cagando como a una pelotuda lo dejo pasar. Me olvido de nombres esenciales, de fechas importantes, pero sé de memoria todos y cada uno de los nombres del jurado de "Bailando por un sueño". Como tengo ganas de llorar me invento los motivos y cuando tengo motivos para llorar me trago las lágrimas y hago como que aquí no ha pasado nada. No sé si es él, o soy yo. No sé si él me obliga a verlas todas asi, tan lindas, tan estilizadas, tan perfectas, tan inteligentes. No sé si es él, o son mis fantasmas, no sé por qué desconfío, pero tampoco sé por qué debería confiar. Y asi como no sé si confiar o desconfiar, por las dudas me quedo en la segunda opción (a mi con la primera no me joden mas la vida, nada ni nadie, vos menos), y empiezo a maltratar. Primero el silencio, la indiferencia y la seriedad. Después cualquier palabra es motivo del análisis mas minucioso que pueda imaginarse y cada oración se convierte en un sinfín de juicios y prejuicios y seguramente dijo eso porque en realidad quería decir aquello y ahí, sí, se encuentran los motivos para llorar. Pero no lloro, porque cuando tengo motivos me muerdo los labios y apreto los puños y digo la concha de tu hermana y cuando me preguntan qué te pasa digo que nada, y cuando digo que nada en mi cabeza se contruye una lista llena de preguntas, miedos, terrores, fantasmas y mostruos y siempre, los hijos de puta, no quieren salir, se quieren quedar ahí, atormentándome, conviertiéndose en la nada que me retuerce el estómago y de nuevo, las ganas de llorar y no querer. El frío, el calor, el hambre de algo dulce cuando hay salado y salado cuando hay dulce. La histeria infinita. El miedo a todo. La angustia porque sí. El no soportarme mas. Que me venga, por favor. Que me venga YA.

miércoles, 13 de octubre de 2010

"Odiar no es sano" las pelotas

Algunos días, odiar (con ganas, repletos de ira, de rabia), tener los puños apretados y putear porque sí, es mucho mas sano de lo que muchos creen.

viernes, 8 de octubre de 2010

Hay gente que casi no te conoce, o te conoce poquito, o te conoce por lo que otro le dijo de vos, e igual te ayuda, y te da una mano, y te alegra la semana de mierda.

martes, 5 de octubre de 2010

Hoy me voy a dormir pensando que todo podría haber sido peor

Hoy voy a pasar por la cuadra que está llena de florerías y que queda muy cerca de mi casa y me voy a comprar un ramo de fresias bien perfumadas, o tal vez seas dos ramos, uno para poner en el estante que está arriba de mi cama o en el escritorio y otro para poner adentro de la jarrita celeste pre-cio-sa que me compré el sábado pasado en el mercado de las pulgas. La jarrita celeste que es tan linda tan linda que te dan ganas de abrazarla la voy a poner arriba de la mesa del comedor. En la mesa del comedor me voy a sentar un rato largo a hacer origamis con papeles *específicos para origami* que me trajo mi amiga la doctora que se fue de vacaciones y sabe perfectamente cómo hacerme feliz. También voy a ir a la verdulería y voy a comprar espárragos y voy a comprar palta y voy a comprar espinaca y voy a comer una ensalada, la voy a comer directamente del pote, sentada en la cama, hoy tengo que ver Casablanca, y si por una de esas casualidades no me dan ganas de ver Casablanca voy a hacer un zapping escandaloso y me voy a indignar con los programas de chimentos y con los que repiten todo lo que pasó en la televisión y que yo siempre me pierdo porque como el noventa por ciento de la gente a esa hora estoy trabajando como una esclava. Voy a abrir las ventanas del living comedor habitación escritorio y también voy a abrir las de la cocina, que se arme una corriente que amenace con volar mis apuntes de la facultad que están por ahí, dando vueltas en todos y cada uno de los rincones del departamento. Y voy a correr a juntar el que se vuele y voy a volver a organizarme para estudiar todo llegar con todo aprobar tranquila. Voy a tirarme en la cama a mirar el árbol que está en la vereda de mi casa y voy a ver cómo se va oscureciendo todo en el departamento mientras afuera se prenden unas luces amarillentas que provocan que en una de mis ventanas las sombras formen el dibujo de un dinosaurio. Además voy a tirarme en el piso, esto es lo que mas amo en el mundo, con unos auriculares bien grandes, puro exceso, y voy a poner algún tema bien fuerte, que me exploten los oídos que no se escuche ni un puto auto ni una mísera bocina. Y después me voy a poner el piyama y voy a abrir la cama y me voy a acostar en mis sábanas que tienen siempre olor rico porque en mi casa NO SE TOLERA el olor asqueroso o repugnante y voy a apoyar la cabeza en la almohada y seguramente voy a pensar en el olorcito tan hermoso que están largando las fresias, y voy a saborear los espárragos que me comí antes y voy a cerrar los ojos y tararear veinte o treinta segundos el último tema que haya escuchado y me voy quedar dormida sabiendo que a pesar de que mi vida es una mierda sin pausa de diez a dieciocho, me las ingenio para que no todo esté *tan* mal. Seguramente sueñe cosas lindas.

lunes, 4 de octubre de 2010

Las sobras de la cena de la semana pasada

En todas las heladeras de los solteros que todavía somos desorganizados, existe un tupper que no se abre. Un recipiente tapado que contiene alguna sobra de alguna cena que puede ser de la semana pasada, de hace quince días o de hace dos meses. Es un recipiente cerrado al vacío, que con el tiempo ya ni siquiera se recuerda qué contiene. Un recipiente que se ve siempre, pero se ignora. Son restos.

Las personas que sufrimos por amor alguna vez en la vida también tenemos algo que ignoramos. Algo que no sabemos qué es pero está ahí, latente. Un recipiente que contiene alguna imagen, una palabra, una sensación o un sentimiento que decidimos ignorar. Está ahí, lo sabemos, pero lo esquivamos con la mirada. Preferimos ignorar su presencia. Son restos. Nadie quiere los restos de la cena de la semana pasada.

El problema del recipiente de la heladera es abrirlo. Abrirlo es inundar la cocina de olor a podrido. Es ver que el recipiente se echó a perder. Que hay hongos verdes sobre unos fideos con salsa. Abrir el recipiente es enfrentarse a la podredumbre, a lo asqueroso, a lo desagradable. Pero la solución es sencilla: una mano abre el tacho de basura, el recipiente y las sobras putrefactas van adentro. Asunto olvidado.

En el amor, en cambio, veo imposible eliminar el recipiente con lo podrido. Por mas que querramos y nos esforcemos y tratemos de ver las cosas con otros ojos, siempre estará podrido. Podemos ignorar el recipiente de los restos del amor sufrido, podemos hacer como si no existiera, como si nunca hubiéramos cenado ese amor. Pero cuando menos lo esperamos, por una palabra, una acción, un movimiento, un tono de voz extraño, el recipiente se abre, el cuerpo se llena de olor a podrido, se liberan esos miedos, esas inseguridades, esas desconfianzas, esas sensaciones de mierda que pensábamos obsoletas.

El problema no es que hayas sufrido. No es haber elegido mal. No es que te traicionaran, que te mintieran o engañaran. El problema no es haberte quedado ahí, esperando la verdad, el compromiso, el amor. El problema no es quien te hizo sufrir. El problema lo vas a tener vos. El que venga después, los que vengan después, ellos van a tener que enfrentarse a las sobras de tu cena. A tu recipiente lleno de restos podridos. Van a tener que ver tu seriedad cuando el teléfono suena y no se te dice quién llama. Van a tener que soportar celos, angustias y llantos infundados en la nada misma, en la fantasía de que seguramente el otro está mintiendo. Van a ver tu recipiente oscuro, ese que pensabas que podías ignorar. Van a ser testigos de tu paranoia. Y no sólo ellos. Vos misma. Vos misma te vas a enfrentar a situaciones que abren el tupper de lo podrido. Vas a estar sentada en la computadora con su casilla de mails abiertos y vas a tener que contar hasta cien para no meterte en cosas que no son tuyas. Vas a mirar su celular y vas a morirte de ganas de saber a quién llama y a quién no. Y la lucha entre querer saber si te miente y querer confiar ciegamente va a estar siempre ahí. Siempre que te quedes a solas en su casa vas a querer revisar algún cajón y siempre vas a pensar que vas a encontrar algo. Siempre que te llame y te diga que está en la casa de un amigo vas a pensar si su amigo tiene tetas y está desnuda, en la cama, esperándolo.

No sé si hay manera de evitarlo. No sé si existe un tacho de basura para los restos del amor. Y digo "no sé" con una vaga esperanza de que ese "no sé" se convierta en un "sí" rotundo. Es vaga, mi esperanza, es chiquita, es un susurro. Si me preguntás hoy, te digo que no, que no hay manera, que las sobras de la cena de la semana pasada siempre van a estar ahí, y que en cualquier momento alguien va a venir a tu casa, sin permiso, a abrirte la heladera y preguntarte mientras abre el tupper: "Y acá, ¿qué guardás?".