viernes, 18 de noviembre de 2011

Mirenla

Por suerte no sucedió

Hace un rato, en la clase de pilates, estuve a una extensión de pierna de que se me acalambre la cola.

¡La cola!

Por suerte no sucedió, hubiera sido más humillante que entré a una pizzaría con una teta al aire.

martes, 15 de noviembre de 2011

Temporada de cerezas

Lo mejor que se puede hacer en estos días es salir a mirar los jacarandás y empezar a comprar cerezas y cerezas y cerezas.

lunes, 14 de noviembre de 2011

No fue tan traumático y asqueroso como suena

Hace algunas semanas, cuando les cociné a mis amigos la cena multicultural, nuestro estómagos estaban tan abarrotados de comida que ya no quedaba espacio para la torta y aunque hicimos el esfuerzo de comerla, no hubo forma: quedaron dos o tres pedacitos que puse en un platito y pensé comer al día siguiente.

Al día siguiente estábamos con Juan en la cama mirando no me acuerdo qué serie y aunque yo seguía llena de la noche anterior y de la cena de un rato antes, tuve la brillante idea de buscar el platito con la torta. Así, a oscuras, caminé hasta la cocina y como a mi cocina la conozco de memoria, también caminé por ella a oscuras, agarré el platito con la torta que estaba en la mesada y volví a la cama. Con la mirada fija en la computadora manoteé un pedazo de torta y le di el mordisco más grande del mundo con mi bocota más grande que un buzón. Sentí un leve sabor alimonado que nada tenía que ver con mi torta de manzanas pero pensé que seguramente se había salpicado con un poquito de jugo de limón en algún momento. No le di importancia porque soy una gorda mental que come sin pensar. Tragué, tranquila, y le di un segundo bocado a la torta y el gusto alimonado seguía ahí y yo soy una descontrolada con la comida pero no para tanto, entonces acerqué el platito con las porciones de torta a la pantalla de la computadora y las vi: decenas de hormiguitas caminaban confundidas y supongo que aterradas porque un gigante les estaba destrozando el banquete y la vida a pura mordida. Iban de un lado para el otro, corrían desesperadas por sus vidas en círculo, chocando unas con otras, agradeciendo la suerte que tenían de no haber ido a parar a mi boca. "Hormigas" grité con la boca llena de torta y hormigas y corrí al inodoro a escupir todo lo que tenía adentro y a enjuagarme la boca varias veces con agua y después dentífrico y después enjuague bucal. Y cada vez que escupía salían algunos cadáveres de hormiguitas con sabor a limón.

Salí del baño.
Tiré lo que quedaba de torta con hormigas dentro de tres bolsas y las sellé herméticamente como si eso pudiera borrar el hecho de que me había comido unas hormigas de postre.
Durante la noche me desperté varias veces.
Todavía quedaban algunas hormigas desorientadas dando vueltas por mi cama.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Límites

No podría noviar con un muchacho que no fuera conciente de esto:

las mujeres no somos lampiñas
naturalmente tenemos pelos

domingo, 6 de noviembre de 2011

Salidores y caseros

El mundo se divide entre la gente que ve uno día como hoy, soleado y agradable, y salen a pasear a cualquier lado y los que vemos un día así y lo único que queremos es quedarnos en casa mirando series y leyendo.

El mundo se divide entre salidores y caseros.
Yo soy de los segundos y me rompe soberanamente las pelotas que cada vez que asome un rayo de sol me llamen para ir al parque.

La primera siempre sale mal

La primera siempre sale mal.
Me repetí eso varias veces al ver que la caída de la tela que elegí para mi primera pollera era una caída que no existía. Quedó toda paradita, nada que ver a como yo la había planeado.
Además corté la tela muy concentrada tomándome las medidas como indicaba el patrón y aún así cuando terminé de coserla me la probé y no pasaba por mis caderas: hice una pollera para alguien que pesa cinco kilos.
Eran las nueve de la noche del sábado y la amargura de la pollera chiquita no iba a dejarme tranquila durante el resto del fin de semana así que decidí arreglara. La descosí (¿descocí? me da fiaca buscar si va con s o con c) y le agregué una tira más de tela con otro color de hilo porque el hilo verde se me había terminado. Ahora sube perfecto pero sigue sin tener la caída soñada.
Pero es mi primera pollera, y las primeras siempre salen mal.
Y aunque no tenga caída siempre voy a quererla.


Soy de las que escuchan y después hacen lo que se les canta el orto

Dos amigas me aconsejaron exactamente lo contrario.
Una me dijo: No, no podés hablar eso. El problema es tuyo, no de él. Por más que te diga exactamente lo que necesitás escuchar, si no solucionás vos tu problema, no sirve para nada.
La otra: Hablalo, pedile que te diga lo que necesitás escuchar. Si te lo guardás es peor.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Cena multicultural para los amigos de mi corazón

-Guacamole.
-Cremita de queso con eneldo (me niego a llamarle "dip").
-Hummus.
-Tabule (¿tabuleh?).
-Papas bravas.

-De postre, un apple crumble no apto para personitas que cuidan su figura. O sí, es apto para todo público. Diría que es irresistible.

No pegaba nada con nada. Pero qué rico me salió todo.

Es notable que al principio me niegue a escribir "dip"
después me despache como si nada "apple crumble".


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los ojos de Julia

Empecé a verla y cada vez que me agarra miedo la apago y me pongo a hacer otra cosa hasta olvidarme.
Estoy dándole play y pausa desde ayer a las 17 hs.

Por las dudas estoy mal

No estoy pasando buenos días. Siempre me pasa cuando me sobreenamoro. Pareciera que tengo un límite de bienestar que está directamente vinculado con la cantidad de amor que siento por otra persona. Y cuando ese amor se desborda y cruza el límite, empiezo a sentirme como el orto. Es miedo, inseguridad y tristeza por las dudas. Nada está mal pero yo siento que hay algo que podría estar mal. Por momentos me pregunto qué haría si no tuviera más este amor y me desgarro de la tristeza. Me pego unos viajes depreso-insoportables que no sé bien cómo parar. Lloro un montón y empiezo a desconfiar de cualquier cosa porque es tanto el amor que algo malo tiene que pasar. Es tanta la perfección que algo oculto debe haber. Que mi novio se aparezca de sorpresa en Uruguay a visitarme no puede ser gratuito, alguna tormenta se está acercando. Que además de aparecer de sorpresa me traiga de regalo unas botas de lluvia confirma lo anterior: se viene una tormenta. Todo lo lindo se me tiñe de fealdad o lo tiño de fealdad o no se tiñe un carajo pero yo me hago problemas igual. Cuando estoy así me alejo. Me refugio en casa. Cuando estoy así soy un silencio tan oscuro que me asusto de mi misma. Cuando estoy así soy el cuco. Ordeno y sobreordeno las alacenas y la biblioteca y limpio muchísimo porque la limpieza es terapéutica. Cuando estoy así me siento fea y me siento a mirar pasar la vida por la ventana. Cuando estoy así hago mil millones de cosas pero las hago por inercia, como si no pudiera disfrutar nada porque algo podría estar mal y yo podría no estar dándome cuenta. Hoy a la mañana venía Juan a desayunar y me levanté temprano y me puse a cocinar unos muffins de limón y frutillas. Mientras espiaba si se estaban cocinando bien pensé que estoy teniendo demasiada suerte y no estoy acostumbrada a tener tanta suerte: tener tiempo para hornear algo para el desayuno un día miércoles no es algo que le pase a mucha gente. Conocer gente virtual y que esa gente virtual se convierta en amigos incondicionales tampoco es algo que le pase a muchos. Tener un novio que caiga de sorpresa a otro país para visitarte tampoco es algo usual. Tener una casa linda, una procesadora nueva, papelitos para origami, ganas de hacer cosas, ganas de aprender a hacer cosas. Tener una linda vida. Debe ser que no estoy acostumbrada a tener una linda vida durante un período tan largo. Tanta felicidad es abrumadora, tan abrumadora que todo el tiempo genera dudas. Y entonces cuando llegó mi novio, lo abracé y me largué a llorar. No sabía por qué lloraba, pero lloraba. Supongo que era por las dudas.

martes, 1 de noviembre de 2011

Los problemas de la gente sin problemas

Volví el sábado después de un poco más de dos semanas afuera de mi casa.
Hoy, martes, empiezan una obra en el departamento de abajo.
Obra con todo.
Nada de dos golpecitos o una lija o unos gritos o un taladro un ratito.

No.

Golpes.
Golpes.
Golpes.
Golpes.

Desde las ocho de la mañana.

Golpes.

Acá se sienten los vidrios vibrar.
Se sienten los pisos vibrar.
Se siente mi cabeza a punto de explotar.

Y yo, ingenua, tontita, lo único que quería era volver a la paz de mi hogar.