miércoles, 30 de septiembre de 2009

La visita

Estoy sentada en la cama. No me gusta mirar la televisión sentada, siempre prefiero acostada o tirada en el piso, pero estoy sentada. Son las once y media de la noche y estoy esperando a la visita. No estoy del todo concentrada en el último capítulo de la segunda temporada de Six Feet Under, estoy pensando en otras cosas. Yo siempre pienso en otras cosas. Puede que esté asintiendo con la cabeza o dándote una respuesta de lo mas elaborada sin tener la mas remota idea sobre qué estamos hablando. Me desconcentro. Con cualquier cosa. Es uno de mis mayores defectos. Pero en un momento estoy verdaderamente concentrada en lo que pasa en la serie. Te podés dar cuenta fácil si estoy concentrada en lo que esté mirando en la televisión: giro un poco la cabeza hacia mi izquierda y miro medio de reojo. Si hago eso, listo, te conté el secreto, estoy concentrada. Puede que Nate se muera en la operación. David llena un formulario, que es como un prematrimonial, aunque en este caso premuerte (digamos que es MUY similar). Nate le dice: "cremación". David llora. Se miran, entre ellos. Yo miro, de reojo. Y una catarata de imágenes pasa por delante de mis ojos, como diapositivas que tengo olvidadas pero reaparecen de vez en cuando. Una, dos, tres, cuatro imágenes. Un ataúd. Gente que llora. Otros que me abrazan. Él que casi se desmaya. Yo que no entiendo nada. Camino, entre la gente. Miro de reojo al ataúd, no puedo soportar siquiera la idea de acercarme demasiado. "Deberías verla" me dice la gente y yo respondo "No, eso que está ahí no es mi hermana". Lo obvio: empiezo a respirar agitada, siento una cantidad de lágrimas que brotan de mis ojos, y ya no pienso, no miro la televisión, no pienso en la visita. Solo digo, en voz alta "por qué por qué por qué". Pero no hay respuesta, nunca la hubo, y nunca la habrá. Corte a: Ruth hablando con Nikolai. Mis "por qué" se van apagando, al mismo tiempo que siento que las últimas lágrimas caen por mis cachetes.

Timbre.

Demoro algunos segundos en abrir la puerta, me miro al espejo, respiro entrecortado y cierro los ojos, rogando que desaparezca ese rojo que delata que lloré. Me lavo la cara, suspiro y me tranquilizo. Me mentalizo. "Fue un momento, no pasa nada, no pasa nada, no pasa nada". No me gusta, particularmente, que cualquiera me vea llorar, no me siento cómoda llorando delante de cualquiera, aunque a veces no lo pueda evitar. Abro la puerta. Camino, por el pasillo, creo que sonrío. Del otro lado, la visita, que tiene frío. Me apuro. Ya sé que tengo los ojos colorados, y ya sé qué excusa puedo poner si pregunta "¿por qué tenés los ojos colorados?". Abro la puerta, saludo a mi visita, vuelvo a sonreir, comento alguna pavada. Porque yo seré incapaz de un montón de cosas, pero siempre sabré hacer de cuenta que está todo bien.

4 comentarios:

Martianz dijo...

Bajo ningún concepto mire el último capítulo de la serie antes de recibir visitas.

Me gusta su bloc.

Leo dijo...

Qué post más triste y lindo a la vez.
Six feet under te come un poco la cabeza, ¿no? Es inevitable verse un poco en todos los personajes. ¿Cuál te gusta más? Creo que la mayoría elegiría a Nate pero yo lo prefiero a David toda la vida.

mariana dijo...

Con lo lindo que escribís, deberías inventar una historia que elijas leer, cada vez que la vida misma no te de ninguna opción.

Esta vez me dieron ganas de mandarte un abrazo. Nada de salutes! ;D

M. (Una Ramera) dijo...

martianz: me han hablado TAN bien de ese capítulo que me estoy comiendo diez por día para llegar rápido a ese!

leo: DAVID. absolutamente. es encantador

mariana: gracias por el abrazo, y ojalá tuviera tantas ideas como para leer una cada vez que la vida no me da opciones!!