jueves, 15 de octubre de 2009

Una historia de desamor III

Conocés a un ideal. Y cuando elijo usar la palabra "ideal" es porque ninguna otra en el mundo podría reemplazarla. Es, verdaderamente, todo lo que buscaste siempre. No sólo cumple con alguna de las características que te gustan en los hombres, sino que las cumple todas. Es simpático, gracioso, bueno, apuesto, inteligente, etcétera. Habla tu mismo idioma, entiende tus chistes aunque sean de pésimo gusto y escucha la misma música pedorra que vos. Podés pasarte horas hablando con él, sabés que siempre te vas a divertir. Pero hay un problema, claro, porque estas son historias de desamor, y si todo saliera perfecto ya estaríamos en el terreno del amor, un terreno que transité y me desilusionó tanto que preferí borrarlo de mi mapa. En fin, me fui por las ramas, pero la cosa es que hay un problema: ese, que es ideal para vos, que es lo que siempre buscaste, ese no te gusta.

Por ejemplo, lo conocés en una oficina. Trabajan en el mismo piso, con algunos escritorios de distancia, y vos no hablás con nadie, porque todos te parecen estúpidos, porque no podés creer que estén contentos de trabajar en ese espantoso lugar en el que los controlan como si en cualquier momento alguno fuera a prender fuego el lugar. Y lo ves a él, tranquilo, que también mira de reojo los escritorios que lo rodean, que ríe con los ojos de las pavadas que escucha, que saca cagando a una que lo invita a un after office y cosas de gente de oficina que se conforma con pasarse ocho o nueve horas sentada en una mesa abrochando papeletas y peleando por los clips, a cambio de tener después una noche de sexo salvaje con algún boludo de corbata desabrochada que toma cerveza en el after.

Un día él se acerca a vos con alguna excusa que no viene al caso, y entonces confirmás que el tampoco está contento con ocho horas de oficina, y que, mejor aun, también cree que todos ahí son estúpidos. Entonces se hacen amigos. Siempre ocurre que cuando conocés a un ideal te hacés amigo. Y en el fondo, puede que sea ese el preciso motivo por el que sabés, de antemano, que no podría funcionar con él. Una vez que te hiciste amigo de alguien, es difícil poner la amistad en peligro por un dudoso polvo.

Almorzás con él, a veces te escapás a media mañana a tomarte un café y el te acompaña. Los chistes que se hacen entre ustedes rozan lo cruel con toda la gente de la oficina, pero ustedes se entienden. Le contás chismes de las chicas de la ofi, él te cuenta con quién está caliente cada uno de los muchachos. Y te reís. Todo el tiempo te reís. A veces el te deja alguna carpeta en el escritorio y desubrís un post-it con algún comentario sobre alguien y te reís fuerte. Largás una carcajada, que quiebra el silencio aburrido que reina en la oficina.

Pero no pasa mas. Estás todo el día en contacto con él, hasta que se despiden en la puerta del edificio hasta el día siguiente. De hecho, ni siquiera se hablan por teléfono, puede que hasta ni siquiera se hayan pasado los teléfonos.

Un día llorás. Llorás en el baño y se te corre el delineador. Te sentás en el inodoro, te sonás la nariz, respirás tranquila tratando de tranquilizarte. Y no es que te haya pasado algo grave, es simplemente que ese día te levantaste y te sentiste sola, y te diste cuenta que estabas acostumbrada a estar sola, y te pegó como el orto. Pensaste que todos los días de tu vida son iguales, sabés que cuando salgas de la oficina vas a volver a tu departamento y nadie va a estar esperándote, y sabés que vas a volver a cenar sola, mirando el programa de Tinelli y pensando chistes para hacerle a él, al día siguiente. Y cuando salís está él. Y lo ves ahí, sabés que es ideal, y hacés fuerza para que te guste, para mirarlo con otros ojos, pero no te sale, no podés, en tu panza no hay nada parecido a una mariposa. Él te pregunta, claro, qué te pasa, y te invita a tomar un café. Pero le decís que no, que mejor no, que tenés que trabajar. Porque vos sabés que el sí te mira con otros ojos, sabés que con un solo movimiento podés tenerlo en tu cama y él sería feliz, porque vos también sos ideal para él, y encima le gustás. Ese día te invita a comer a su casa. Y vos, que sabés que no tenés que hacerlo porque vas a terminar lastimándolo, porque sabés que no te gusta, porque sabés que vos sí le gustás, pero estás en un día especial, estás débil, te sentís sola, y no querés volver a cenar mirando televisión, le decís que sí.

En la cita te comportás como una idiota. No es con mala intención, es simplemente que querés dejar en claro que esta es una cena de amigos y nada mas. El se esfuerza. Intenta hacerte reír, te cocina algo que sabe te gusta, alquila una película de Woody Allen porque sabe que sos fanática. Entonces comés, te reís, mirás la película, tomás vino, estás relajada, y seguís preguntándote por qué, por qué no te gusta este, que te trata bien, que te divierte, que es inteligente, que sabés no te va a lastimar. Entonces lo besás. Y mientras lo besás te das cuenta que no, que las mariposas siguen sin aparecer, que no querés estar ahí, empezás a pensar en tu piyama, en tu cama, en tus pantuflas, en la oficina, en por qué no te pasa nada, en que te volviste insensible, que nunca mas te vas a enamorar, y él te toca las tetas, y objetivamente te está tocando como a vos te gusta, pero vos seguís sin sentir nada. Entonces lo frenás. Le decís "No puedo" y agarrás tus cosas y te vas.

Al día siguiente él se va a acercar a vos, te va a decir que necesita hablarte, y vos vas a sentir que lo único que podés hacer por él después de cómo lo dejaste es escucharlo. Entonces lo escuchás. Él habla de no perder la amistad, de lo importante que sos para él, de lo mucho que te quiere, y ahí dejás de escucharlo. Lo mirás, y te das cuenta que sos una histérica de mierda, que siempre andás buscando cosas imposibles, y que cuando encontrás eso imposible lo estás dejando pasar, pero también sabés que otra cosa no podés hacer, que no podés obligarte a querer a alguien, que no podés tragarte un frasco de mariposas para que revoloteen en tu panza. "Todo bien", le decís, y volvés a tu escritorio.

Después lo evitás. Tratás de cambiar tu horario de almuerzo, inventás reuniones de trabajo, le decís que no miraste Tinelli y que por eso no tenés idea de lo que te está hablando. Algunos meses mas tarde, vas a buscarte otro trabajo, y nunca mas vas a saber de él.

(Próximas entregas: "Conocés a un cínico" y "Conocés a un boludo")

9 comentarios:

Anónimo dijo...

????

Defina "Ideal" sin atracción....es ahí donde me perdí. En mi (básico) esquema de pensamiento masculino, el Amor pasa..o nó; nunca se explica, mucho menos, se comprende. Estoy convencido que si te "tenés que preguntar si la Amas"...cagaste!! Cuando te pasa no hay duda posible.

tudobomdoncarlos?pasoelbajon?

M. (Una Ramera) dijo...

Ideal sin atracción es justamente eso: una persona que te cae bárbaro, que te hace reír, te parece apuesto, inteligente, simpático, etcétera, pero no te gusta. Es: objetivamente cumple con todo lo que te gusta en un hombre, y sin embargo no podés mirarlo mas que como un amigo.

Supongo que sos hombre, y por eso no terminás de comprender. Las mujeres siempre tratamos de explicarnos TODO.

tudobomporahora
pasoelbajonperonocantemosvictoria

Anónimo dijo...

...me impresiona su poder de suposición...sobre todo, cuando le aclaro que "soy masculino".

Insssissssto, como puede calificar de "Ideal" alguien que no te atrae?

No debiera ser la "A" del ABC?

quebien;pa'trasniparatomarimpulso!

M. (Una Ramera) dijo...

es que es ideal objetivamente. imaginátelo de esta manera: es como cuando ves una película, y uno de los protagonistas es TODO lo que vos siempre soñaste. y pensás que si te cruzás con una mina/ tipo así en la vida vas a ser feliz, y de repente, zas!, te la/o encontrás, y no te gusta amorosamente

noentendilafirma
erarubiayhayvestigiosdeidiotez

mariana dijo...

Jajaja ustedes dos me hacen reir.
Que plato!

(no estoy muy pilas hoy, pero deveras, me hicieron reir)

Besos, M.

sofía • dijo...

Me parecen excelentes estas historias.
Cuando las termino de leer, me siento como angustiada, triste.
Ahí me doy cuenta de que son demasiado buenas.

M. (Una Ramera) dijo...

mariana: anónimo y yo somos un plato (?)

sofia: muchas gracias, pero no te pongas triste!!

-Pablo- dijo...

Debo coincidir con sofía! Estas historias de amores que escribís son muy buenas. Demasiado. Y también muy fuertes: uno las lee y no sé si queda triste, pero definitivamente te tocan, te hacen preguntarte sobre el loco funcionamiento de las relaciones, deprimirte un poco porque las cosas pasen tal como las narras en la vida real. Es algo difícil de explicar (como el "ideal", supongo), pero definitivamente este blog es medio adictivo.
Espero seguir leyendo este tipo de cosas "fuertes".

Un beso Ramera! :)

-Pablo-

Mercedes dijo...

"Un día llorás. Llorás en el baño y se te corre el delineador. Te sentás en el inodoro, te sonás la nariz, respirás tranquila tratando de tranquilizarte. Y no es que te haya pasado algo grave, es simplemente que ese día te levantaste y te sentiste sola, y te diste cuenta que estabas acostumbrada a estar sola, y te pegó como el orto. Pensaste que todos los días de tu vida son iguales, sabés que cuando salgas de la oficina vas a volver a tu departamento y nadie va a estar esperándote, y sabés que vas a volver a cenar sola, mirando el programa de Tinelli y pensando chistes para hacerle a él, al día siguiente. Y cuando salís está él. Y lo ves ahí, sabés que es ideal, y hacés fuerza para que te guste, para mirarlo con otros ojos, pero no te sale, no podés, en tu panza no hay nada parecido a una mariposa



Este texto es mi presente.
Que bueno que tus catarsis sean en el baño, a mi me paso una vez en el colectivo llendo a la facultad, esas ganas incontenibles de llorar profundamente.
Cada post que leo, es una sorpresa continua.
Te vas de tema querida, te vas de tema.