martes, 2 de agosto de 2011

Rutina

Es todo risas hasta que uno de los dos dice esta conversación se está volviendo un poco rutinaria. Una explosión de sinceridad que no se esperaba y que el otro toma como cualquier cosa que no se espera: etapa sorpresa, etapa enojo, etapa tristeza, etapa solución.

Yo, por ejemplo, soy una dualidad con piernas: mi mayor temor es la rutina y soy la persona más rutinaria que conozco. Yo tengo rutinas para bañarme, para cambiarme, para cocinar y para ordenar o limpiar. Tengo rutinas para trabajar (o las tenía, qué sé yo, ahora estoy con toda la cabeza laboral dada vuelta) y tengo rutinas para el ocio. Me gusta la rutina y al mismo tiempo me aburre lo previsible de mis rutinas, yo sé que mañana voy a desayunar un café con leche, dos tostadas con queso y un jugo de naranja. Sé que voy a preparar todo eso y me voy a sentar a chequear mails o boludear un rato y que después voy a empezar a trabajar y que cuatro horas más tarde voy a tomarme un recreo para lavar platos, ordenar ropa y armar la cama. Y después voy a seguir trabajando pero voy a parar para elegir una película o serie para ver a la noche y voy a dejarla cargándose o bajándose. Y puedo seguir. Puedo detallar exactamente en qué orden voy a guardar la ropa, cómo voy a armar la cama o a qué hora voy a cerrar las ventanas porque ya está todo ventilado y tengo frío. Y lo sé hoy, a veinticuatro horas de que todo suceda, y lo sé porque soy así: pura rutina. Por eso, y porque trabajo en silencio y sola y encerrada y nunca cruzo palabras ni tengo compañeros de trabajo, me considero una persona aburrida. No, me corrijo: soy divertidísima pero en mi vida no existe la anécdota del día o el episodio que solamente sucedió hoy y nunca más. Soy costumbre. Si me preguntan qué tal tu día, no puedo decir demasiado. No me gusta hablar.

Es difícil convivir conmigo misma en medio de las rutinas que me impongo y que me aburren tanto. Pero de vuelta: las necesito. Necesito los mecanismos y necesito los procesos casi mecanizados. Si no están me desesperan. Pero me aburren. Pero son mis rutinas y me las banco. Nadie tiene que soportarlas. Soy yo con mi necesidad del orden. Yo con mi necesidad del método. Soy yo.

Cuando alguien dice qué rutinaria esta conversación, lo que escucho es qué aburrido es estar con vos. Es como cuando una amiga que querés mucho está enamorada de un pelotudo con el que se pelean y se amigan dos veces por semana y cada vez que se pelean y se amigan ella corre a contártelo y vos la escuchás seis meses y al séptimo le decís siempre lo mismo con ustedes. Primero, tu amiga se sorprende porque le parece imposible que su amiga del alma y el corazón la esté cortando tan en seco cuando lo único que tiene que hacer es escuchar la misma canción aunque ya se la sepa de memoria. Al toque, no pasan minutos entre una cosa y la otra, tu amiga se enoja con vos, te dice qué guacha, yo vengo a contarte cosas importantes y vos me decís ésto. Esta etapa del enojo puede durar horas, días, semanas o meses, vas a seguir viéndola pero ella no va a contarte nada y en las conversaciones va a haber un remanente de enojo, casi imperceptible, esa incomodidad que se genera entre lo dicho y lo no dicho, lo que cuenta cada una y lo que calla porque las dos sabemos que, en el fondo, algo se quebró. Acompañando esta sensación de quiebre, viene la tristeza de las cosas nunca van a ser como antes, vos extrañás la novela de tu amiga y tu amiga tiene dieciocho capítulos que todavía no te contó. Ahí hay perdones, abrazos, mails, cenas o algo que reoriente todo a la amistad que tenían antes. Eventualmente, con las amigas, todo se soluciona.

En una pareja, en cambio, no sé si hay una vuelta atrás. La palabra rutina es como un monstruo invisible que se va apoderando de los dos y cuando se hace explícita se convierte en el peor enemigo que pueda imaginarme. Yo no sé si se puede volver de la palabra rutina en una pareja, se puede cortar con la rutina por un rato, se pueden implementar placebos, engaños, pero la rutina siempre va a estar ahí, en forma de conversación repetida, convivencia frustrada o respuestas automáticas hasta que uno de los dos, casi sin darse cuenta, vuelve a decir qué rutinario todo esto.

10 comentarios:

DANILA dijo...

a veces ciertas cosas de la rutina y en pareja te puedo asegurar que son adorables, es decir... son ya "sabidas" pero forman parte de la complicidad con el otro. posta.

MissBgui dijo...

No estoy de acuerdo con eso de que en las parejas no se puede solucionar.
Por qué ese afan de separar amistad y pareja? La amistad entre una pareja existe, con otros códigos, uno de ellos la cama, pero existe. Solo hay que dejar de pensar en el concepto "amistad" por separado.
Eventualmente, en una pareja, también todo se soluciona. Está en el proceso de conocerse y en saber cómo encontrar esa solución.

Besos, hermosa.

Paul Maril dijo...

Tal vez él sea aburrido, y no vos.

Ana dijo...

Coincido en que la rutina forma parte de la vida, hay que aceptarla como uno acepta tener que hacer cosas que no le gustan.
Hay rutinas agradables y creo que las rutinas son en el fondo una forma de tapar lo que nos produciría asumir que en realidad todo es incierto e indeterminado a pesar de nuestra voluntad.
Ahora si uno está tan agarrado del orden y la rutina que se pone mal si no cumple con ciertos hábitos hay miedo a la vida y se llama TOC.

The Freaky One dijo...

¿quien dijo que eras vos? ;)

Terror a la rutina, le dicen.

me encanta como transmitis.
Saluditos desde al ladito de Rosario =)

Laura dijo...

Decir "creo que esta conversación se está volviendo rutinaria" es agregar un ítem de reflexividad totalmente innecesario a la vida en pareja. Claramente, vivir o estar mucho tiempo con una persona, con la que hay que negociar, acordar, explicarse, pedir ciertas explicaciones, planear en conjunto y lograr a pesar de todo un consenso no parece nada racional ni reflexivo. Si reflexiona, no esté en pareja: es sencillo.

verborragica dijo...

Hola ! Genial tu blog Primero empeze a leer origenramero.... y tambien soy minita es genial ! siempre toda nueva entrada del blog supera a la anterior!

t invito a conocer mi blog (recien creado jaja)

saludos

verborragicaa

Anabella dijo...

La rutina se rompe solo en vacaciones.

Anónimo dijo...

Creo que el error es pensar que para la rutina hay soluciones definitivas. Uno no soluciona, va resolviendo.
La rutina tiene que estar ahí, de otro modo, es el caos, y no parece que te guste el caos. Entonces yo diría, disfrutá de ese orden que necesitás, pero ponele cada tanto un plus de inesperabilidad, sorprendete con algo que no pensaste y que hacés porque sí.
Un beso desde Roma, adonde vine -después de París- para escapar a la rutina!!
L

Ana dijo...

Mirá Anie Hall de Wooody Allen.