miércoles, 5 de noviembre de 2008

Obrera

En cambio, ir a trabajar con mi madre era totalmente diferente. Íbamos a la fábrica de ropa donde trabajaba ella y yo quedaba especialmente fascinada con el espacio. Lamentablemente, mis recuerdos no cuentan exactamente cómo era la disposición del lugar, aunque la sensación está intacta. Sin embargo, vagamente, medio fuera de foco, me acuerdo que todo era un gran galpón y en el fondo trabajaba mi madre, con otras señoras.

La tarea de mi madre era embolsar prendas, ponerle etiqueta y hacerles alguna otra cosita. Pero en ese mismo sucucho sin ventanas al exterior donde trabajaba ella, también estaba la planchadora, que tenía una de esas planchas gigantes de tintorería, que hacen ruido a sifón de soda y largan humo blanco por un instante. Un humo que invadía todo y te hacía transpirar.

En el galpón había muchos anaqueles colmados de prendas infantiles. La cantidad de estanterías color marrón se convertían en el perfecto ecenario para jugar a Laberinto. Yo caminaba, corría, saltaba y cantaba mientras jugaba a que estaba en la película, jugando a que tenía que ser una heroína.

A la hora del amuerzo íbamos a la cocina de la fábrica y casi siempre comíamos salchichas y huevo duro, o arroz y salchichas. A veces comíamos solas, a vece comíamos con las compañeras de mi madre, otras veces comíamos con Raúl (aunque no sé si en realidad se llamaba así). Raúl era cortador. Trabajaba en un salón grande con mesas que, de verdad, eran enormes. Había muchos metros y centímetros y tijeras de todas las formas, tamaños y colores. Sobre las paredes laterales del salón reposaban, esperando que su sentencia de muerte se cumpliera, los rollos de tela. Las telas eran de colores estridente, muy 90´s, estampados de camisas muy Versace, y lycras para mallas y bikinis con lunares de varios colores. Rául cortaba las telas exactamente por la línea que le indicaban sus tizas, sus moldes de papel madera, pero sobre todo, su talento para saber de dónde a dónde y para qué talle cada corte.

Después del almuerzo me tocaba la siesta. Nunca me gustó dormir la siesta (ahora que soy grande, vieja y vaga me parece el mejor invento del mundo), pero en la fábrica era diferente, porque yo subía a un cuarto que había en un entrepiso donde había kilos y kilos de telas y recortes de telas que ya no se usaban, o de prendas ya cortadas pero nunca cosidas (que habían sobrado de temporadas anteriores). Y recostarse ahí era como vivir en un mundo de fantasía, donde todo era acolchado y colorido. De cualquier cosa se podía armar una almohada gigante, o dos, o mil. Y con cualquier otro pedazo uno se tapaba. Y el aroma era el aroma al peor negocio de ropa coreana en Once, pero en ese momento, en ese lugar, era el olor a la máxima comodidad.

La odisea era a la vuelta. Tomábamos el 162 a unas pocas cuadras de la fábrica y teníamos un viaje eterno hasta Ramos (curiosamente, no tengo ni la más pálida idea de la ubicación de la fábrica) en un colectivo atestado de gente, todos con caras de cansado, con amargura en los rostros, con infelicidad en las miradas.

A medida que pasaban las temporadas quedaban prendas que eran repartidas entre los empleados. También se repartían las prendas que habían salido mal, o los recortes de tela que nunca se habían cosido. Mi madre todavía guarda bolsas de consorcio con bikinis a lunares, conjuntos de jogging (buzo con volado al cuello y pantalón), remeras y camisas con colores flúo. Yo, en cambio, conservo un vestido de friza floreado que vestí en mi cumpleaños número nueve y que me hacía sentir tan diosa como Flavia Palmiero.

3 comentarios:

PerSe dijo...

Por q sera q uno guarda cosas que sabe q no le sirven no??? Digo lo hacemos con cosas, con personas, con recuerdos. La obsecion de estar anclado de alguna forma a algo o alguien.

Nos anclamos a algo para justificar q lo q q realmente estamos anclando es a nosotros mismos.

Bueno basta... demasiadas pelotudeces juntas,

@todosrecontrareputosylarecalcadadesusmadres!

ahora si =)

Daria dijo...

Chan! Guardar cosas que no sirven ... ay! yo lo hago hasta que me agarra la loca un día, me pongo en plan de limpieza y tiro todo a la mierda!!!
Me gustó lo de Flavia Palmiero (aunque yo jugaba a Xuxa), yo tb tengo por ahí algunos vestidos que me hacía mi abuela.....
Y los recuerdos son lindos .... yo no los guardo tanto porque no me los acuerdo. Me cuesta uno y la mitad del otro rememorarlos ....
Ah! Y No creo que haya problema en atesorar recuerdos de lo que sea siempre que no se te convierta en una obsesión ... ahí más que recuerdo hay otra cosa.

M. (Una Ramera) dijo...

Persu: yo soy de anclarme muchísimo. De hcho, muchas veces me enojo conmigo misma porque pareciera que sólo vivo del pasado.

Daria: yo soy re basurera. Guardo porquerías de manera obsesiva. Y cuando me agarra la loca saco todo. Al ratito vuelvo a guardarlo.

Besos chiquis