viernes, 17 de junio de 2011

Nada interesante

Se suponía que ahora que iba a tener las mañanas libres iba a hacer todo lo posible para levantarme medianamente temprano y aprovechar para hacer las cosas que con un horario de nueve a dieciocho no podía hacer. Lo único que estoy haciendo es dormir. Hace unos días dormí tanto y me levanté tan tarde que estuve con dolor de cabeza hasta las cinco de la tarde. Esta semana fue casi una pérdida de tiempo absoluta y eso por un lado me enoja muchísimo y por otro me indica que estaba muy cansada o que soy lo más vago que puede existir en el universo. Me inclino por la primera porque la segunda me vuelve a enojar, y enojo + enojo es una combinación de la que hay que huir. Tengo proyectos y cosas por hacer y pensaba que las mañanas me iban a servir para avanzar con eso porque antes, cuando llegaba del trabajo a las siete, me justificaba con el cansancio de todo el día, y me bañaba, cocinaba, comía y ya eran las once de la noche y a las once de la noche lo que se hace es mirar películas o series y no ponerse a investigar sobre una banda para la que prometí un post para el blog colectivo.

2 comentarios:

Dea L. dijo...

Me identifico, no sabés hasta qué punto. Este año me pasé al grupo de "los que estudian/van a clase de noche". Aquellos tiempos dorados en que me acostaba tempranito y madrugaba quedaron en el pasado. Pero pensé, hey, mañanas libres para aprovechar! Estuve al menos dos meses durmiendo 10 horas. Hasta que decís basta y te ponés la alarma.

Anónimo dijo...

Creo tener una respuesta a esa especie de auto culpa. Lo que pasa es que uno se la pasa de una institución a otra: jardin, escuela primera, escuela secundaria, luego facultad (si es q queres hacerlo), facultad - trabajo, trabajo y asi. Todo el tiempo cumpliendo horarios hasta q al fin uno toma la decisión de querer explorar otro camino ... y ahi realmente es donde uno se encuentra con uno mismo ... no hay q autocastigarse, es cuestión de volverse a acomodar!