jueves, 1 de abril de 2010

De la comedia romántica a la historia de amor

Aquella no sería la primera ni la última vez que confundo mi vida con una comedia romántica: tengo la incontrolable costumbre de hacerlo. Me baso en introducciones, elaboro nudos complicados y llenos de enredos que desembocan, siempre, en grandilocuentes e imposibles finales felices. Hay un momento, aquel en que uno se sienta a escribir el guión de esa comedia romántica, en el que inconcientemente transforma la realidad, escuchando palabras que nunca fueron dichas o soñando escenas que nunca sucedieron y nunca sucederán. Y por esos mismo, la escritura (invención) de una comedia romántica (based on a true story,) termina por convertirse en un arma de doble filo: mientras en la realidad hay palabras sin segundas intenciones y miradas sin ningún tipo de complicidad, en la fantasía se convierten en escenas con besos y miradas con ojos vidriosos. Aun asi, sabiendo que las comedias románticas son una película que jamás es based on a true story, aun sabiendo que la comedia romántica no es mas que un placebo para una vida que no conoce mucho de finales felices, no puedo dejar de escribirlas.

Con él escribí un guión precioso. En la fantasía, después del segundo punto de giro, hubo un beso en una cocina, un domingo mirando películas dobladas al castellano, una tarde de silencios, otra llena de palabras y nunca una despedida. Hubo un final feliz, una canción que después sería nuestra canción, un fundido a negro y un "happily ever after".

En la realidad, en cambio, no llegaron ni el segundo punto de giro ni el climax. O, al menos, no como yo esperaba. Porque el segundo punto de giro fue frío y determinante. Fue el punto final de un guión que luego, con dolor, tuvo que cambiar. Mutó. No fue mas una comedia romántica, se convirtió en una película de amor.

Esa tarde, él lo dijo en voz alta, con la frialdad y el tono del que lee la lista del supermercado: "Nunca me enamoraría de alguien como vos". Y aunque esas no fueron sus palabras, ese era el mensaje. Y aunque no estaban destinadas a mi, esas palabras fueron las que cambiaron mi guión. Y yo, que quería susurrarle "take me down to the paradise city", tuve que agarrar unos violines y arrancar una melodía triste y melancólica que declara el final de lo que nunca se vivió. Yo quería una comedia romántica, quería enredos graciosos, palabras con doble sentido. Y tal vez lo mas doloroso fue darme cuenta que no hay manera de encontrar un final feliz. Por primera vez en mi vida sentía que había elegido bien, que no estaba frente al prototipo que me gusta: no era un hijo de puta carilindo e histérico que me dejaría con el corazón partido en mil pedazos. Era diferente. Estaba convirtiendo en protagonista de mi comedia al que en cualquier otra de mis historias hubiera sido el personaje secundario. Estaba haciendo las cosas bien, ésta vez estaba segura de estar escribiendo todo para un final feliz.

Cuando lo dijo en voz alta, lo sentí casi como una puñalada y los ojos se me llenaron de lágrimas, tuve que pedir permiso y salir del lugar, tuve que tragarme las lágrimas, hacer como que aquí no ha pasado nada, y sonreir, como siempre, hacer los mismos chistes de siempre, los mismos comentarios estúpidos de ex rubia que de inteligente tiene poco, tuve que seguir siendo como era hasta ahora, sólo que el final de mi guión se había transformado. Asumí con tristeza que había cambiado. Y supe desde ese momento que sería complicado reescribir todo. Que sería difícil no derramar lágrimas por una comedia que yo sola inventé, por una estructura narrativa que estaba basada en una simple fantasía. No fue fácil, no es fácil, asumir ese punto de giro. Y el climax serán lágrimas, el climax serán distancias, resignaciones, separaciones o muertes. El final tendrá un fundido a negro, y los créditos aparecerán en letras blancas, con una música que se irá apagando de a poco. El "happily ever after" nunca aparecerá.

Cuando escuché y sentí sus manos en mi teclado escribiendo "The end", recordé que existe una cuestión de género que siempre paso por encima, que niego por aburrida: las comedias románticas tienen finales felices, las historias de amor no. Y a pesar de que uno siempre busca la comedia romántica, la realidad está llena de historias de amor. Y en el momento en que tu comedia romántica se transforma en una historia de amor, no hay nada mas por hacer. El final está escrito. Y ese final, repito, por una cuestión de género, nunca es feliz.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

enriedos?????

Estemmm...

M. (Una Ramera) dijo...

anonimus: hubiera jurado por mi vieja que existía. pero ya lo cambié, no me retes mas. beso

Anónimo dijo...

Este te salió muy, moyyy lindo! Congrats, Escritora.

Elano Nimo

Jam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miss Bgui dijo...

Ay, amiga...es el post mas hermoso que leí hasta el momento.
Por un final feliz, que cambie la historia ya escrita.

Beso enorme!

Anónimo dijo...

>anonimus: hubiera jurado por mi >vieja que existía. pero ya lo >cambié, no me retes mas. beso

M: No se preocupe, que un tropezón cualquiera da en la vida. Le perdono, ya que su blog es muy entretenido. Otro beso.-

Ashiku dijo...

Estás segura de que entendiste bien lo que dijo? Decodificaste bien que eso quería decir que nunca se enamoraría de alguien como vos?

Agustín dijo...

Señorita, esta demasiada enfocada en los finales.
Incluso aunque se hubieran casado, ¿Es eso un final feliz? La verdad es que la vida es un continuo devenir de circunstancias, y si, hay etapas, hay ciclos, pero difícilmente alguna de ella termina con nosotros caminando alejándonos hacia la puesta de sol en el horizonte.
Los comienzos y los finales se entrecruzan. Hay comienzos que no notamos, hay finales que no son tales y no lo sabemos.
Una historia de amor no tiene porque terminar mal... En la vida real, una verdadera historia de amor no tiene porque terminar. Puede cambiar, evolucionar, transformarse, sin llegar necesariamente llegar a un fin.
Comparar la vida real con una comedia romántica es un lindo ejercicio, pero no le hacés justicia a la vida real. Esta es mucho mas compleja, rica, sutil, desafiante y profunda que lo puede ser una historia. Como lo es una una mujer de verdad comparada con una heroína de novela.
Pero un post bellamente escrito. sin duda.
Besos.

M. (Una Ramera) dijo...

agustín: me interesa eso de "bellamente escrito". je

no, en serio: este es solo un ejemplo y jamás hubiera comparado la vida con una comedia romantica, porque seria quitarle muchas cosas.

y ojo, porq lo pensé y ahora lo voy a postear: el final feliz puede haber sido, justamente, que esa comedia nunca llegara a nada.

Imosha! dijo...

Tan igual que me da miedo. Me gusta el twist en el comment anterior, quizas el final feliz sea que no pasó.

Bernardo P. dijo...

Te puedo dar un consejo que no seguí... "No dejes nunca de escribir"
Excelente, como tantos otros posts.

Imposivle dijo...

nunca me enamoraría de nadie como vos. O sea, melocotón en almíbar, patatas y arroz.

Verónica Molina dijo...

Qué buen post! Hace rato que te leo, en este blog y en Origen Ramero: me encanta cómo escribís, pero este post, en particular, tiene mucho sentimiento puesto ahí. Y mucha imaginación, también.

Se viven varias historias de amor buscando una sola comedia romántica (no, no son tantos los finales felices en la vida real). Rarísima proporción, porque una pensaría que no hay más espacio en el cuore para andar sufriendo una pena más.

Besos gigantes.