domingo, 11 de enero de 2009

Sobre la Navidad

Cuando era chica existía Papa Noel. Tengo fotos con el entregándome los regalos. Después, cuando supe que no vivía en el Polo Norte ni tenía enanitos fabricadores de juguetes, tampoco dejó de existir. Porque seguía existiendo la Navidad. Y a mi eso me bastaba. O debería decir, nos basataba.

Mi hermana y yo éramos fanáticas de la Navidad. Nos encantaban las casas decoradas y después de hinchar muchos años, logramos que mi madre comprara unas guirnaldas hermosas, y que cambiara el arbolito por uno mas tupido. Nos divertía que la cena se organizara en casa. Buscábamos manteles especiales para la ocasión y organizábamos cada segundo de la noche, cada plato, cada comida, cada paso a seguir.

Papá Noel ya no existía como yo lo veía cuando era una nena. Papá Noel ahora era mi hermana, y yo era el suyo. Nos comprábamos regalos sorpresas y jodíamos las semanas previas tratando de descubrir qué nos iba a regalar la otra. No importaba si el regalo fuera un ganchito para el pelo, un collar o un muñeco de peluche. Lo importante era la sorpresa.

Después mi hermana se murió. Y se llevó consigo mi Navidad, y la de toda mi familia. Ya no hay cenas organizadas en casa, y durante algunos años tampoco ninguno se animó a armar ese arbolito que tanta alegría nos había causado en algún momento y que ahora solo traía una melancolía enorme. Un vacío incapaz de llenarse. Tampoco hay fuegos artificiales. Eso me parte el alma. Cuando sonaban las doce, y después de esos brindis de rigor, con mi hermana salíamos al patio, o a la vereda, o al balcón o donde fuera (no importaba en lo absoluto) a ver las lluvias de colores que coloreaban ese cielo que ahora, en Navidad, siempre veo gris y aburrido.

3 comentarios:

hormiga dijo...

También es un lindo motivo para acordarse de ella y extrañarla. Es una linda noche para abrazarla desde lo más profundo de tu ser y sentirla cerca.
Ante las ausencias, las faltas, hay pocas fechas que pueden hacer que uno se acuerde sí o sí de quién no está. Es una melancolía que, si bien puede venir acompañada de lágrimas, son lágrimas de lo mucho que se quiere. Son lágrimas de abrazar esos recuerdos y ser abrazado.
Cuando tengas tu hijos y le transmitas todo eso, a lo mejor puedas vivirlas feliz. Reviviendo en ellos lo que vivías con ella.

Daria dijo...

La verdad no sé bien qué decirte. Salvo que yo en tu lugar estaría igual. Y que la navidad es una fiesta triste.
Quizá Hormiga tenga razón y cuando tengas tus hijos, ellos te hagan recuperar el "espíritu navideño" y los sentimientos generedados con tu hermana y se los trasmitas. Después de todo, ellos merecerán no sólo disfrutar del famoso espíritu navideño, sino también de los ahceres de su tía....

Ay, Ramera ..... nada, que te mando un abrazo!

Natalia Alabel dijo...

Me emocioné. Mi hermana y yo somos muy unidas, y la que se encarga de la Navidad en casa es ella. Decora todo, organiza fiestas de disfraz (sí, nos disfrazamos en Navidad), trata siempre de hacer festejos modernos y divertidos sin la parsimonia hipócrita de tantas familias.

Quisiera decirte algo pero Hormiga se ha expresado muy bien. Es importante recordar, aunque duela.