lunes, 30 de noviembre de 2009
Parroquiales
Hoy es el cumpleaños de la comenteadora estrella de este blog, que además es tocaya mia y por eso me cae bien. Y aunque ella me prefiera enrodetada y en joggineta en vez de vestidito floreado super top, la bancamos lo mismo, y le decimos que los cumplas feliz.
¡FELIZ CUMPLE MARIAN!
viernes, 27 de noviembre de 2009
Me acosté el miércoles a la noche con una extraña sensación en el cuerpo: no sentía nada. Literalmente, no estaba triste, ni contenta, ni melancólica ni aburrida. Nada. Supongo que debería haber estado triste, algunas horas antes me habían avisado que había muerto mi abuela (mamá dijo "falleció la abuela", y yo odio la expresión "fallecer" porque le imprime a la muerte una elegancia que no merece), y sin embargo no lo estaba. No estaba nada. Hacía calor y había una humedad insoportable, el aire estaba pesado, casi no podía respirar. Sentí la presión que me bajaba, siempre me baja la presión cuando hay humedad y hace calor. Me levanté de la cama y me lavé la cara, me miré al espejo, y no entendí por qué no sentía nada. Me preocupé. ¿Puedo ser tan insensible? ¿Puede ocurrir que una muerte previa, una repentina, como la de mi hermana, me haya convertido en esto? ¿Puede suceder que nunca vaya a sentirme triste nuevamente por la ausencia de alguien? ¿Cómo funciona la cabeza con respecto a la muerte? ¿Hay una jerarquía? Natural me parecía no haber sentido nada frente a la muerte de personajes famosos que me acompañaron muchos años, como Fernando Peña. Pero con alguien cercano es diferente. No sentir nada frente a la muerte de un pariente se siente raro. ¿Hay muertes y muertes? ¿Unas en negrita que te cambian la vida, la perspectiva de la vida, que te enseñan cosas? ¿Y otras en cursiva? ¿Que pasan por delante tuyo y ni siquiera notás su presencia (ausencia)? ¿Hay que ponerse triste? ¿Siempre? ¿Es normal este estado en el que estoy, la nada misma, el saber que no vas a ver a alguien nunca mas en tu vida y que no te pasa nada? ¿Nada de nada? ¿Ni siquiera tener la necesidad de contarlo? ¿Se puede ser políticamente incorrecto con la muerte de un familiar cercano? ¿Se pueden hacer chistes de mal gusto?
Cuando volví a la cama empecé a leer. El aire seguía pesado, y los vecinos habían empezado a cantar algunas cumbias. Se reían, disfrutaban, gritaban. En general me enojo cuando pasa eso. Pero esta vez, nada. Dejé el libro en la cama, y miré al patio. Ese patio era de mi abuela, esta habitación era de mi abuela, esa cocina también, el baño también, el living, el cuartito, el placard. Ese placard que ahora tiene mis polleras y musculosas tenía batones y trajes de antaño, con muchas bolitas de naftalina. La isla, que ahora es isla, antes era taller. Tenía una máquina de coser, que había sido de mi abuela, y cantidad de bolsas llenas de retazos de telas, las telas mas lindas que uno pueda imaginar, con unos estampados preciosos. ¿Y mi abuela? Yo no tengo recuerdos de mi abuela, tal vez por eso esté sintiendo esta nada que me pone tan incómoda. La mesita de luz era de mi papá, la hizo mi papá, cuando era chico. Tiene algunas marcas y anotaciones que todavía no puedo descifrar. ¿Te acordás de la casa de Arribeños? Antes, a la tarde, cuando volvía del trabajo, pasé por Barrancas. Se largó a llover. Se me ocurrieron dos posibilidades: Belgrano está triste porque se murió mi abuela o mi abuela llegó al cielo y los cagó tanto a pedos a todos que se pusieron a llorar. Apenas pensé en esas dos posibilidades revoleé los ojitos como cuando algo no me convence, porque yo no creo en el cielo, ni creo en Dios, ni creo en nada. ¿Qué pasa cuando uno se muere? Cuando se murió mi hermana, por ejemplo, una de mis primas dijo: "Es que ella era tan organizada que se fue temprano al cielo para que todo esté perfecto para cuando nos toque ir a los demás". Ahí también, revoleé los ojitos. Y una tía dijo: "Ojalá llegue al cielo". Ahí no, no revoleé un carajo.
Volví a agarrar el libro y seguí. Los cementerios son una mierda. Ir a llorarle a una piedra me parece horrible, nunca lo hice. Miento. Sí, lo hice. El día del entierro de mi hermana fue un martes de junio de 2004. Ya se van a cumplir seis años. Seis. Es un montón. A ver, para que se entienda: una de las únicas veces que fui a la psicóloga le dije: "Me impresiona saber que de acá a 8 o 9 años voy a superar en edad a mi hermana, voy a haber vivido mas tiempo que ella". Y es eso, estoy llegando a la edad en la que mi hermana se murió. Se terminó su vida, de un momento a otro, en un segundo, en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo habrán sido esos últimos segundos antes del impacto? ¿De qué estaría hablando? Era martes, era junio, era soleado. Yo estaba mal vestida y mal peinada. Antes de subir al auto para ir al cementerio, papá vio el nombre de mi hermana en una plaquita, en un cajón. Y ahí lloró. Antes había llorado un poco, pero ahí entendió, ahí cayó. Fuimos en el auto, despacio, esas caravanas fúnebres son de lo mas atemporales y deprimentes, pero en ese momento no me importaba. Conmigo viajaba mi madrina, me dormí apoyando la cabeza en su falda, y mi novio me acariciaba la pierna. Cuando llegamos al cementerio vimos un micro escolar.
Apoyé de nuevo el libro en la cama y quise prenderme un cigarrillo. No llegué a hacerlo. Cuando me di vuelta hacia la mesita de luz, la vi: una cucaracha inmensa, a centímetros de mi nariz. Pegué un salto y corrí. Salí al patio con esa sensación de asco que queda en el cuerpo, en la garganta, después de haber visto algo desagradable. Tenía espasmos, saltaba en el lugar como si hubiera tocado a la cucaracha, como si la hubiera pisado, como si la hubiera masticado. Pero sólo la había visto. Volví a la habitación y empecé a buscarla. Naturalmente, no estaba. Me senté en la cama a esperar que apareciera. No iba a poder dormirme sabiendo que una cucaracha compartía conmigo el espacio. No iba a poder, de ninguna manera. Sin embargo lo intenté. Dejé la luz prendida, cerré los ojos y me tapé enteramente. Había ruidos de cucarachas caminando por todos lados. Me levanté, furiosa, y saqué de un tirón la sábana.
Cuando entramos al cementerio estaban ellos: una selección de alumnitos de mi hermana, con una flor en la mano cada uno, parados derechitos, uno al lado del otro, con cara triste. La gente decía cosas que ahora, a la distancia, leo como estupideces: "El lugar es hermoso", "Mirá la cantidad de árboles que hay", "Es justo para ella, que le encantaba la naturaleza", "Le hubiera gustado mucho, acá". Y yo pensaba "es un cementerio, nadie quiere vivir en un cementerio". La gente me saludaba, yo estaba mareada, no entendía del todo qué estaba pasando. O sí, lo entendía pero no lo creía: estábamos por enterrar a mi hermana, a la mejor hermana que cualquiera hubiera podido tener, a mi hermana, esa que había visto dos días antes y con la que me había despedido enojada por una estupidez. A esa hermana, una mujer de veintunueve. Estábamos a punto de enterrarla. Estaba muerta, nunca mas en la vida iba a poder escuchar su voz. Es tan triste saber que no vas a poder volver a hablar con alguien que no encuentro palabras exactas para expresarlo. Supongo que no hay palabras para eso. Había un cura, que habló, y dijo cosas que ni siquiera me esforcé en escuchar. Y después, sí, empezaron a bajar el cajón. Una prima se acercó a los gritos, a mi me pareció que estaba fuera de lugar. Y listo. Terminó. No había mas hermana, ni amiga, ni hija ni profe. Tres días mas tarde me reincoporé al trabajo. Trabajábamos en el mismo colegio, con mi hermana, asi que tuve que soportar saludos de todos los que la conocían a ella, y ahora a mi. Me puse el pinafore y saludé a los chicos. Al rato fui al baño y lloré. Cuando salí del baño una de las nenas se acercó corriendo a mi y me abrazó, en el oído me dijo "Miss M. I´m so sad", y yo le pregunté, en castellano, por qué. Y me dijo "Porque se murió tu hermana". "Todos estamos tristes", y me callé, le di un beso y le dije que fuera al patio a jugar.
Me tiré en el sillón, dejé la luz del pasillo prendida, y me tapé con la sábana. Y no sé bien por qué, no sé si por mi abuela, o por el miedo a volverme insensible para siempre, o por mi hermana, o el miedo a la vejez, por saber que la gente, toda, se muere, no sé por qué, empecé a llorar, y seguí por un buen rato, creo que lo último que escuché fue a los pajaritos empezando a cantar. De la cucaracha inmunda, ni noticias.
Cuando volví a la cama empecé a leer. El aire seguía pesado, y los vecinos habían empezado a cantar algunas cumbias. Se reían, disfrutaban, gritaban. En general me enojo cuando pasa eso. Pero esta vez, nada. Dejé el libro en la cama, y miré al patio. Ese patio era de mi abuela, esta habitación era de mi abuela, esa cocina también, el baño también, el living, el cuartito, el placard. Ese placard que ahora tiene mis polleras y musculosas tenía batones y trajes de antaño, con muchas bolitas de naftalina. La isla, que ahora es isla, antes era taller. Tenía una máquina de coser, que había sido de mi abuela, y cantidad de bolsas llenas de retazos de telas, las telas mas lindas que uno pueda imaginar, con unos estampados preciosos. ¿Y mi abuela? Yo no tengo recuerdos de mi abuela, tal vez por eso esté sintiendo esta nada que me pone tan incómoda. La mesita de luz era de mi papá, la hizo mi papá, cuando era chico. Tiene algunas marcas y anotaciones que todavía no puedo descifrar. ¿Te acordás de la casa de Arribeños? Antes, a la tarde, cuando volvía del trabajo, pasé por Barrancas. Se largó a llover. Se me ocurrieron dos posibilidades: Belgrano está triste porque se murió mi abuela o mi abuela llegó al cielo y los cagó tanto a pedos a todos que se pusieron a llorar. Apenas pensé en esas dos posibilidades revoleé los ojitos como cuando algo no me convence, porque yo no creo en el cielo, ni creo en Dios, ni creo en nada. ¿Qué pasa cuando uno se muere? Cuando se murió mi hermana, por ejemplo, una de mis primas dijo: "Es que ella era tan organizada que se fue temprano al cielo para que todo esté perfecto para cuando nos toque ir a los demás". Ahí también, revoleé los ojitos. Y una tía dijo: "Ojalá llegue al cielo". Ahí no, no revoleé un carajo.
Volví a agarrar el libro y seguí. Los cementerios son una mierda. Ir a llorarle a una piedra me parece horrible, nunca lo hice. Miento. Sí, lo hice. El día del entierro de mi hermana fue un martes de junio de 2004. Ya se van a cumplir seis años. Seis. Es un montón. A ver, para que se entienda: una de las únicas veces que fui a la psicóloga le dije: "Me impresiona saber que de acá a 8 o 9 años voy a superar en edad a mi hermana, voy a haber vivido mas tiempo que ella". Y es eso, estoy llegando a la edad en la que mi hermana se murió. Se terminó su vida, de un momento a otro, en un segundo, en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo habrán sido esos últimos segundos antes del impacto? ¿De qué estaría hablando? Era martes, era junio, era soleado. Yo estaba mal vestida y mal peinada. Antes de subir al auto para ir al cementerio, papá vio el nombre de mi hermana en una plaquita, en un cajón. Y ahí lloró. Antes había llorado un poco, pero ahí entendió, ahí cayó. Fuimos en el auto, despacio, esas caravanas fúnebres son de lo mas atemporales y deprimentes, pero en ese momento no me importaba. Conmigo viajaba mi madrina, me dormí apoyando la cabeza en su falda, y mi novio me acariciaba la pierna. Cuando llegamos al cementerio vimos un micro escolar.
Apoyé de nuevo el libro en la cama y quise prenderme un cigarrillo. No llegué a hacerlo. Cuando me di vuelta hacia la mesita de luz, la vi: una cucaracha inmensa, a centímetros de mi nariz. Pegué un salto y corrí. Salí al patio con esa sensación de asco que queda en el cuerpo, en la garganta, después de haber visto algo desagradable. Tenía espasmos, saltaba en el lugar como si hubiera tocado a la cucaracha, como si la hubiera pisado, como si la hubiera masticado. Pero sólo la había visto. Volví a la habitación y empecé a buscarla. Naturalmente, no estaba. Me senté en la cama a esperar que apareciera. No iba a poder dormirme sabiendo que una cucaracha compartía conmigo el espacio. No iba a poder, de ninguna manera. Sin embargo lo intenté. Dejé la luz prendida, cerré los ojos y me tapé enteramente. Había ruidos de cucarachas caminando por todos lados. Me levanté, furiosa, y saqué de un tirón la sábana.
Cuando entramos al cementerio estaban ellos: una selección de alumnitos de mi hermana, con una flor en la mano cada uno, parados derechitos, uno al lado del otro, con cara triste. La gente decía cosas que ahora, a la distancia, leo como estupideces: "El lugar es hermoso", "Mirá la cantidad de árboles que hay", "Es justo para ella, que le encantaba la naturaleza", "Le hubiera gustado mucho, acá". Y yo pensaba "es un cementerio, nadie quiere vivir en un cementerio". La gente me saludaba, yo estaba mareada, no entendía del todo qué estaba pasando. O sí, lo entendía pero no lo creía: estábamos por enterrar a mi hermana, a la mejor hermana que cualquiera hubiera podido tener, a mi hermana, esa que había visto dos días antes y con la que me había despedido enojada por una estupidez. A esa hermana, una mujer de veintunueve. Estábamos a punto de enterrarla. Estaba muerta, nunca mas en la vida iba a poder escuchar su voz. Es tan triste saber que no vas a poder volver a hablar con alguien que no encuentro palabras exactas para expresarlo. Supongo que no hay palabras para eso. Había un cura, que habló, y dijo cosas que ni siquiera me esforcé en escuchar. Y después, sí, empezaron a bajar el cajón. Una prima se acercó a los gritos, a mi me pareció que estaba fuera de lugar. Y listo. Terminó. No había mas hermana, ni amiga, ni hija ni profe. Tres días mas tarde me reincoporé al trabajo. Trabajábamos en el mismo colegio, con mi hermana, asi que tuve que soportar saludos de todos los que la conocían a ella, y ahora a mi. Me puse el pinafore y saludé a los chicos. Al rato fui al baño y lloré. Cuando salí del baño una de las nenas se acercó corriendo a mi y me abrazó, en el oído me dijo "Miss M. I´m so sad", y yo le pregunté, en castellano, por qué. Y me dijo "Porque se murió tu hermana". "Todos estamos tristes", y me callé, le di un beso y le dije que fuera al patio a jugar.
Me tiré en el sillón, dejé la luz del pasillo prendida, y me tapé con la sábana. Y no sé bien por qué, no sé si por mi abuela, o por el miedo a volverme insensible para siempre, o por mi hermana, o el miedo a la vejez, por saber que la gente, toda, se muere, no sé por qué, empecé a llorar, y seguí por un buen rato, creo que lo último que escuché fue a los pajaritos empezando a cantar. De la cucaracha inmunda, ni noticias.
Con mi hermana cantábamos este tema y nos sentíamos rockers
I saw my baby
She was turning blue
Oh, I knew that soon, her
Young life was through
And so I got down on my knees
Down by her bed
And these are the words
To her I said
Everything will be all right, Tonight
No one moves
No one talks
No one thinks
No one walks, Tonight
Everyone will be all right, Tonight
No one moves
No one talks
No one thinks
No one walks, Tonight, Tonight
I am gonna love her to the end
I will love her 'til I die
I will see her in the sky...Tonight
miércoles, 25 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
Yummy for my tummy
La receta de la felicidad (light)
-Espárragos
-The IT Crowd
-Chauchas
-Project Runway
-Espinaca cruda
-Peter Capusotto
-Papa al natural (una chica, gordita, no te cebes)
-Family Guy
-Dressing: una palta pisada, un touch de queso crema, limón, oliva
-"Down by law", de Jarmusch
-Pimienta, bastante, porque sin pimienta en este hogar no se come.
Es asi III
¿Viste que hoy dije que había escuchado un tema en la radio y no lo encontraba? Bueno, para hacértela corta, la cosa fue asi: yo estaba en la cama, y en la radio estaba de invitado Maxi Trusso, el que recomendé la semana pasada. Maxi Trusso, además de tener una voz fantástica, es simpático y un poco tímido, me cayó de mil maravillas, y creo que hasta soñé con él. Cantó un tema de Roy Orbison, un tema muy Aspen, que me encantó y decidí postear hoy en el blog. Dediqué la mañana entera a escuchar decenas de temas de Roy Orbison, pero no hubo manera, el tema que me había gustado no aparecía por ningún lado. Y cuando digo que escuché decenas no miento: iba uno por uno, mientras subtitulaba, y cuando caía en que no era el que buscaba, cambiaba a otro y me ponía cada vez mas nerviosa, porque para nerviosa y ansiosa soy mandada a hacer. Entre lo de la película que todavía no encuentro, la pulsera ruidosa que me estaba enloqueciendo, y el serial number que nadie quiere compartirme, casi tiro la toalla. Pero no lo hice. Apelé a un último recurso, aquel que podía hundirme en el terreno del cholulaje: busqué la manera de contactarme con Maxi Trusso, y le mandé un mensaje. Congratulaciones, albricias, felicitaciones, divina tu música, genial tu voz, bla bla bla. Te hago una consulta: ¿cómo se llama el tema de Roy Orbison que cantaste anoche?. Me contestó. He aquí el tema, que en realidad es de Travelling Willburys, se llama "Handle with care", y lo cantan Roy Orbison y George Harrison, aunque también participan Bob Dylan, Tom Petty y Jeff Lyne. Como para que no me haya gustado.
No hay caso, a Ramera encaprichada, no le gana nada.
Servicio a la comunidad
Nos llega, vía mail, la consulta de Jorge de Paternal.
"¿Por qué las mujeres guardan la pollera del colegio?"
Querido Jorge, para esa pregunta hay dos respuestas posibles: o la mina es nostálgica, o la guarda para una noche de sexo feroz. Si es nostálgica, estás frente a un especimen relativamente pelotudo. Retirate del juego ya. ¿Cómo darse cuenta? Fijate si además guarda el pintorcito del jardín, o el primer corpiño que usó. Preguntáselo, la nostálgica nunca tiene problema en revelarse como tal y ni vergüenza le da a la muy desubicada decir que guarda en una caja la bolsita de las primeras toallitas femeninas que usó en su vida. Caso contrario, estás con la suerte de tu lado. Pedile lo que quieras, estás frente a una gauchita de ley.
por mas consultas comunicarse a origenramero@gmail.com
Por un mundo sin giles,
te saluda atentamente
te saluda atentamente
Marta, la Reina
por mas consultas comunicarse a origenramero@gmail.com
Espejito
Beatriz: Se busca chicas que son como él, pero en versión femenina.
Alicia: ¿Pero usted dice físicamente?
Beatriz: Exacto.
Alicia: Aléjese YA.
Alicia: ¿Pero usted dice físicamente?
Beatriz: Exacto.
Alicia: Aléjese YA.
Es asi II
Además, tengo una pulsera con cascabeles (cas-ca-be-les, sueno mientras camino chicos, parezco Papá Noel) que me está alterando la cabeza, y está trabada, y no puedo sacarla.
Es asi
Ahora, me voy a comer, voy a masticar tranquila, voy a tragar pedacitos chiquitos, no me voy a atragantar. Los niveles de ansiedad que manejé esta mañana fueron sobrehumanos, y tengo que bajar un cambio urgente. Pero ojo, no es que esté ansiosa por algo importante: es sólo que no encuentro un serial number, ni encuentro un tema que escuché anoche en la radio, ni encuentro una película que quiero ver hace mucho. Y estoy a punto de colapsar. No es muy sano que yo esté a punto de colapsar por este tipo de idioteces. Entonces ahora, me voy a comer, voy a masticar despacito, voy a tragar pedacitos chiquitos, no me voy a atragantar. Y cuando vuelva, voy a estar mas tranquila, y voy a encontrar todas esas pelotudeces por las que estoy a punto de morir de ansiedad.
Eso, nomás.
Eso, nomás.
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