miércoles, 2 de diciembre de 2009

¡Cómo me gustan los Muppets, por Dior!





Estoy TAN enojada

De qué carajo sirve alejarse del pueblo chico, si el infierno va a seguir siendo inmensamente grande.

SPM

Estuve toda la mañana posteando cosas y borrándolas cinco minutos mas tarde.

Desayuno en la cama

Le dije a una amiga, con tono triste y casi al borde de las lágrimas: "Necesito que alguien me lleve el desayuno a la cama. Alguien que no sea mi madre".

Y la santa me invitó a dormir a su casa, y el domingo a la mañana me trajo el desayuno en una bandeja. Llovía.

¿Te acordás?

Eran noches de verano en tu terraza. En esa terraza que ya estaba pintada de naranja. Me acuerdo el día que empezaste a pintarla. Yo me senté en el colchón y te hablé de Eurípides, te hablé de Las Bacantes. Vos me escuchaste, atento, mientras pasabas el rodillo y camuflabas las paredes llenas de humedad. Nunca quisiste tener plantas en tu terraza, y eso siempre me dio muchísima pena. Esa noche de verano fuiste al club armenio que quedaba cerca de tu casa, y yo fui al super a comprar cerveza. Nos encontramos en la puerta y volvimos a entrar. Trajiste humus, niños envueltos, y otras cosas que yo llamaba "la carne cruda", "eso con hojaldre", "el que tiene berenjenas". Prendiste velas. Me diste cerveza. Comí niños envueltos. "Pensé que iba a ser mas rico" me dijiste, y yo te respondí con una mueca, porque no sabía qué decirte. Al rato no comimos mas. Fumamos. Yo estaba de buen humor. Te hice performances de los mas extrañas, actué de varias personas a la vez. Hice las voces, me moví como ellos, jugué a que no era yo. Y vos te reías. Te doblabas de la risa. Me enseñaste a hablar en cordobés, a mi no me salió. Te saqué algunas fotos. A veces las miro. Seguí actuando. Inventando historias. Fabricando las teorías mas extravagantes sobre la vida y la muerte de las estrellas. Eso sí me da miedo: no creerme capaz de volver a hacer esas cosas frente a cualquier otro. Ahora siempre cuidadita, siempre con cautela, siempre dando de a un pasito, jamás actuando ni bailando delante de nadie. De vez en cuando te mostraba el vaso. Siempre me daba bronca que no leyeras que si te mostraba el vaso era porque quería algo para tomar. Y siempre te daba bronca que te mostrara el vaso y no te dijera que quería algo para tomar. Pocas veces hablamos el mismo idioma. Seguí. Te conté un chiste. Yo soy mala contando chistes, pero le pongo onda igual. Me hago la simpática. Y tan mala soy que me olvidé del final. El remate. Sin remate no hay chiste. Los puntos suspensivos nunca funcionan en el chiste. Me dijiste "sos una boluda". Me lo dijiste seco, como si me hubieras lanzado una piedra. Me levanté para ir al baño. Cuando volví me dijiste "vení, Diego Armando". Yo te devolví con una media sonrisa. Ya no estaba tan de buen humor. Es una falencia mia: un detalle mínimo puede arruinarme una noche. "No me digas gorda". "No te dije gorda, pero mirá las gambas que tenés". "¿Te acordás cuando recién me conociste? No podías creer que mi ex dijera que era gorda". Te reiste. "Estaba chamuyándote, boba". Te di el vaso de cerveza y te lancé un "servime" sin por favor ni gracias. Me quedé callada. Me tiré en el sillón. "No tenés sentido del humor" me dijiste, cuando en realidad yo necesitaba un beso que me hiciera olvidar que soy boluda, o que soy gorda o que tengo las piernas de Diego Armando. "El problema no es lo que me digas, el problema es el tono ese paternalista y pelotudo que usás cuando me decís ´boluda´". "No tenés sentido del humor". "Sentido del humor las pelotas". "No es culpa mia que tengas piernas gordas". "Bueno, ya está, cambiemos de tema" dije yo, que imaginaba que el vasito que tenía en la mano te hubiera quedado muy lindo de sombrero. "Siempre te las ingeniás para arruinar todo". Y yo te miré, te estudié, leí entre líneas, quise leer cosas lindas entre líneas, pero no había nada. Ya tenías esa cara que ponés cuando te enojás, cuando las cosas no son como querés, cuando alguien no te da la razón. Te ponés nervioso, te movés mas que de costumbre, te servís cerveza con mucha espuma porque no tenés control sobre tu cuerpo, caminás de un lado para el otro, dando pasos firmes y amagando con romper algo. "Vení que te doy un beso" te dije, tranquila. "No, ahora no tengo ganas". "Andá a cagar, pelotudo de mierda. Te estoy diciendo que te doy un beso, que pasemos a otro tema, y me decís eso. ´Ahora no tengo ganas´ ésta". "Encima sos una ordinaria. Siempre diciendo guarangadas". "¿Y vos? Qué te hacés el fino, bien que cuando te digo que me metas la pija bien adentro no me decís ordinaria. Bien que me pedís que te haga un pete. Y usás la palabra ´pete´ boludo, qué te la das de fino. De dónde te creés que venís, pelotudo de mierda".

Te fuiste. Te metiste en la casa. Te tiraste en el colchón. Prendiste el ventilador. Pusiste un disco de Radiohead. Apagaste la luz. Yo soplé las velas. Se me cayeron algunas lágrimas. Pensé que me había ido al carajo. Pensé que te trataba mal. Pensé que te perdía. Pensé en que esa es otra falencia mia: trato mal a la gente que quiero, les hago chistes de pésimo gusto, comentarios hirientes. Mi manera de demostrar cariño es por demás extraña. Dudá, si yo te hago un chiste sobre tu edad, o sobre alguna característica física tuya, puede que sienta cierto cariño por vos. Me acosté al lado tuyo. Te abracé. Me corriste. Volví a abrazarte. Te di un beso. Te di otro. Te susurré al oído que me perdonaras, que no lo había hecho a propósito. Me dijiste que estabas cansado de que te tratara mal. Volví a pedirte perdón, volví a besarte. Te diste vuelta, y me abrazaste. Todavía espero que vos también me pidas perdón.

Hoy empecé a ver Extras

Habilitame una granada

En el departamento de al lado cantan una y otra vez el "Feliz en tu día", versión original. O sea: escucho gente grande cantando a los gritos "amiguito que dios te bendiga, que reine la paz en tu día". Bis. "Amiguito que dios te bendiga, que reine la paz en tu día". Bis.

O los mato, o me mato.

martes, 1 de diciembre de 2009

Y después pensé

"Qué pena que haya gente,
sino te arrancaba la camisa con los dientes"

Lo vi y pensé

"¡Ah, pero qué cogible estás hoy!"

Autoestima y el barril sin fondo

Lo malo de estar con el autoestima por las nubes y pensar que todo me queda lindo o que soy hermosa etcétera es que no paro de comer en todo el día porque me veo bien. Tengo en el cuerpo una reserva energética que puede mantenerme vivita y culeando hasta el 2050.

"This is Spinal Tap"

Un mockumentary dirigido por Rob Reiner.

Conseguila y mirala. Urgente.

Yo creo que Peter Capusotto y Pedro Saborido se la deben saber de memoria.

Autoestima y fin de mes

Lo bueno de estar con el autoestima por las nubes y pensar que todo me queda lindo o que soy hermosa etcétera, es que justo está coincidiendo con fin de mes, y eso me imposibilita de realizar gastos innecesarios como la compra de dos vestidos mas, o de dos zapatillas del mismo modelo pero diferente color etcétera. Pero soy suertuda: tengo jefas que se van de vacaciones y vuelven con regalitos para mi. Decime si la remerita rayada no es una belleza.


Estoy medio vestida de niña bian, ¿no?.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Che, pero a vos se te pega cualquier cosa

Hoy a la mañana en la radio pasaron este tema mientras calentaba café. Ahora no puedo parar de cantarlo.

Una minita en apuros

Es domingo, por ejemplo. Llueve. Estás encerrada en la isla, en piyama, con un mate tibio y ganas de hacer pis, pero ningún deseo de mojarte. Escuchás uno, dos, tres temas de Caetano Veloso y te hacés la que bailás bien, aunque sabés que tenés menos onda que un renglón. Paseás por blogs. No comentás. Te encantaría comentar pero hace mucho que perdiste las ganas de comentar. Revisás mails. Diez no leídos. "Epa", pensás. Pero no te ilusiones chiquita, es mucho Mercado Libre, mucho Facebook, uno que te vende no sé qué cosa, otro que te manda un .pps con cachorritos y amaneceres. Te acordás del horóscopo que te llegó a la mañana: Amor: fracaso. Dinero: pérdidas. Salud: posibles accidentes. Pensás en mandar un mensaje, una señal de humo, una alarma. Lo pensás, pero no lo hacés. Dejás el celular, corrés al baño, te mojás poco, volvés, pensás, de vuelta, en mandar el mensaje. "Es un despropósito que llueva de esta manera y vos no estés, justo, a dos cuadras de mi casa". Escribís. Claramente te estás haciendo la linda. Es mas facil, mucho mas facil, no recibir respuesta a ese mensaje y seguir con tu domingo de soltera, que invitarlo directamente a hacer algo y tener que soportar un "no" como respuesta. Mandás. "Mensaje no enviado". Probás de nuevo, ya estás encaprichada, le das mas fuerte al botoncito, "mensaje no enviado". Dos, tres, cuatro veces. Te rendís. Te bañás. "Igual era al pedo, total no me iba a responder" decís en voz alta mientras te enjuagás la cabeza. "Tal vez es una señal" pensás mientras te secás. "Mejor, mejor no lo mando, es medio cualquiera" repetís mientras agarrás el celular. "No, bueno, ya fue, pruebo una vez mas". Mandás. "Mensaje enviado". Ouch. Corrés, al baño, y mientras te peinás te decís frente al espejo "Pantalonuda, sos una pan-ta-lo-nu-da." Y empezás a putear. No pasaron ni dos minutos y estás puteando porque no te respondió. Te volvés a mirar al espejo y te decís "Bueno, boluda, bajá un cambio, no está bien que manejes estos niveles de ansiedad, no está nada bien". Y bajás. Te peinás tranquila, te volvés a empiyamar, y te tirás a hacer un zapping escandaloso. Suena el celular. "Me baño y voy para allá". Ouch.

La hecatombe. Tenés la casa hecha un quilombo, estás en piyama, la cama revuelta, en la heladera una botella de agua casi vacía, la bolsa del Mc Donald´s que te clavaste el viernes, ropa tirada por todos lados, la pileta con una montaña de tazas y platos, el cadáver de una cucaracha que te dio fiaca juntar. Ouch. Mirás todo y no sabés por dónde empezar. Te das cuenta que realmente no esperabas ninguna respuesta, y aunque la respuesta te haya convertido en la mar de alegría, no sabés por dónde empezar, y en vez de arrancar, mirás todo y seguís mirando y hacés una lista mental de lo que deberías hacer, y no sabés si conviene primero super, después lavar platos, después esconder la ropa sucia. Y vas perdiendo tiempo en pensar cómo organizarte. Corrés para un lado, para el otro, ordenás, salís, comprás agua, galletitas. En el medio hacés una pausa, te tomás unos mates, te fijás qué ropa ponerte, hay una humedad de la puta madre que lo parió, y pensás que va a sonar el timbre y vas a estar todavía en piyama, te cambiás, sacás al patio la bolsa de basura, de a poco todo toma forma de hogar cálido y siempre ordenado. Zafaste porque el viernes habías limpiado todo, asi que está mas que presentable. Acomodás, guardás, te echás un poco de perfume. Y creés que está todo listo, asi que te volvés a sentar en el sillón, arrancás de nuevo con el zapping y te fumás un cigarrillo. Timbre.

Y te acordás de repente lo que hablabas con una amiga el otro día, y volvés a ese estado pelotudo de ansiedad crónica, y pensás, y casi casi decís en voz alta que recién toca el timbre, y ya te estás lamentando porque después no vas a tener noticias suyas por varios días mas. Sin embargo, abrís la puerta, sonreís, te olvidás de todo lo demás, y te concentrás en disfrutar.

Un paquete de papas fritas, $5
Un salame picado fino, $8
Un pedazo de queso, $10

Tener una amiga que intenta abrir la cerveza con los dientes,
no tiene precio.