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jueves, 2 de junio de 2011

Hace dos años era una persona muy triste

"Me enamoro de una casa que no tengo, de unos estantes que veo por ahí, del sol que entra por una ventana que no es la mía, de unas flores en un florero que no tengo, de un color de pared que jamás se me hubiera ocurrido. Me enamoro de una escena que tengo en la cabeza, la luz tenue, rico olor, un disco de Belle and Sebastian, un libro que nunca leí y una manta que no conozco. Una mesa ratona grande donde apoyo los pies. Me encanto con comidas que nunca probé y que nunca voy a cocinar. Me enamoro de mi viendo películas de equis director. Pienso en un perro que me hace fiesta cuando llego a mi casa o un gato que me abriga la panza en invierno, mientras yo duermo la siesta. Y mientras me enamoro de todas esas posibilidades, me lleno de trabajo y trato de no estar sólo conmigo porque si hay algo de lo que no me enamoro, soy yo." (Junio de 2009)

Ahora, no sé, me amo así como estoy.
Así como soy.

jueves, 8 de abril de 2010

A veces me da bronca

Ser buena y que terminen cayéndome mas que bien todas las minas que me cagaron pibes.
Ser buena y dar pasos al costado mientras mi corazón queda todo roto.
Ser buena y escuchar cosas que no debería escuchar.
Ser buena y resignarme.
Ser buena.

jueves, 25 de marzo de 2010

Génesis

Todo parte de lo siguiente: yo nunca pierdo chongos. Yo gano amigos.

Es jueves pero parece lunes, por eso se confundió y se depidió diciendo "que empieces bien la semana"

Me pregunta si estoy enojada y le digo que no, por qué habría de estarlo. Al rato le pregunto "¿por qué pensaste que estaba enojada?" y no sabe qué decirme. Me contesto y le contesto: "si pensaste que estaba enojada debe ser porque me hiciste algo malo". "No, si yo soy un santo". Se llama cola de paja, eso de preguntarle a alguien -porque sí- si está enojado con uno.
Nos entendemos y nos queremos a nuestra manera. Funcionamos porque tenemos las cosas claras. Me pide consejos. Le doy consejos. A veces siento que los que piden consejos no están, en realidad, pidiendo consejos, sino buscando la confirmación de que lo que eligieron (previamente) está bien. Están buscando un tilde, una aprobación. A veces me equivoco. Le digo "No lo hagas, no seas boludo, vas a quedar como un pelotudo y encima te va a salir mal. Es obvio que te va a salir mal. Esas cosas siempre salen mal". Dice que no puede prometer nada. Y está bien, me parece absolutamente sincero decirme "no puedo prometerte que no voy a hacerlo". Busco argumentos. Le explico y me río en su cara y le digo: "No seas minita despechada". Sigue sin poder prometerme nada.
"Por eso te quiero tanto" me dice cuando yo niego con la cabeza preguntándome para qué abrí la boca contándole del muchacho que me dijo que no. Y luego, continúa: "Porque no te podés guardar nada". Lo hago reir. Escucha las cosas que le cuento: el pibe que dejó a su mujer porque (guarda con esto) tenía los huevos hinchados y le dolían tanto que necesitaba acabar y por eso se cogía a cuanta mina apareciera por ahí. Me gusta hacerlo reir. Me gusta porque encontré tristeza en sus ojitos, y no me gusta que mis amigos estén tristes. No me gusta que sufran ni que estén perdidos. Ni que actúen como minitas despechadas. Lo escucho y le digo "sí, bueno, conchudísima, pero vos no podés hacer nada para cambiar eso". Después me quedo sin argumentos, por momentos hasta me hace dudar, pero no se lo digo, mantengo mi: "No-lo-ha-gas". Porque el "no lo hagas" es, justamente, lo que tiene que hacer.

Nos entendemos y nos queremos a nuestra manera. Le cuento secretos y cosas que hice y me avergüenzan. Me cuenta secretos y cosas que hizo y lo avergüenzan. Sabe que cuando lo trato mal lo hago para demostrarle cariño, sé que cuando me pide un consejo realmente me está escuchando. Sé que en el fondo es débil. Sabe de movida que soy débil. Sabe levantarme el ego y decirme "no puede ser que te haya dicho que no, mirá lo que sos", sé bajarlo de un hondazo y decirle "estás actuando como un pendejo de quince".

Hace un tiempo me dijeron: "por amor propio no deberías dejar que te cuente esas cosas". Me sentí juzgada. Trato de no juzgar a nadie, no soy quién para decir ésto está bien y ésto está mal. Hago lo que puedo. Los demás hacen lo que pueden. Cuando me siento juzgada me enojo, ahí sí me enojo. Cuando me dijeron eso me enfurecí. Y me callé la boca, me alejé, hice silencio. Si hubiera pasado hoy, si hoy me hubieran dicho "por amor propio no deberías dejar que te cuente esas cosas" no hubiera hecho silencio, hubiera dicho que justamente se trata de amor, propio y ajeno. Se trata, simplemente, de un amigo, que necesita a una amiga, que quiere hablar, que necesita que lo escuchen, que quiere escuchar palabras lindas, que necesita ser querido, que está pidiendo un poquito de amor.

Y justo yo estoy ahí, que soy buena amiga y además sé dar amor.
Nada más che. No es complicado.

jueves, 25 de febrero de 2010

Tengo un montón de entradas en borrador que te dan el merecido que has sabido ganarte. Y sin embargo, no puedo publicarlas. No me sale ser conchuda. No puedo prender el ventilador y volarte la peluca. ¿Y sabés por qué no puedo? Porque yo, a diferencia tuya, a la gente que quiero, no la puedo lastimar.