En un momento de la vida se me dio por el turquesa: ojotas turquesas, musculosas turquesas, colitas de pelo turquesas, collares turquesas, todo turquesa. No recuerdo bien si fue hace cinco años o diez, lo que sí sé es que la resaca de esa turquemanía tiene forma de dos pares de ojotas i-gua-les y varias colitas de pelo, adivinaste, turquesas. No combino a propósito ojotas y colita de pelo, como pregunta alguien en el post tan deportivo que tiré ayer: simplemente es el resto de mi manía por el turquesa. Manía que sé aberrante y bastante demodé pero que me hace recordar a una época que era la mar de la felicidad. Casi como ahora.