viernes, 6 de mayo de 2011

OJalá no pase

Por otro lado, mi trabajo nuevo me llena de miedo y ansiedad. Una productora nueva siempre es una productora nueva y yo pasé por varias productoras nuevas y vi el entusiasmo del comienzo, las ganas, el proyecto, la necesidad de crecer.

Pero también vi debacles, despidos, renuncias y cierres de persiana.

Por estos días

Creo que lo que mas me molestó del desempleo fue que durara tan poco. Tener trabajo (o medio trabajo, si se quiere) después de un fin de semana de búsqueda es algo que definitivamente no esperaba. Tenía plata para bancarme unos meses (esto es raro: de alguna manera el inconsciente me jugó a favor una vez en la vida y hace unos meses empecé a guardar plata por si me quedaba sin trabajo). En esos meses sin trabajo y gastando todo lo ahorrado había planeado visitas a amigos que no veo hace mucho, visitas a Once, limpieza general de la cocina un día, del baño otro, de la biblioteca otro. Y mientras tanto ir buscando trabajo. Tenía una lista de contactos y no llegué a mandarle mail a la mitad de ellos que de repente el lunes a las tres de la tarde estaba trabajando en algo. El terror era no poder pagar el alquiler, no poder pagar el monotributo, no poder no mantenerme después de tantos años de mantenerme. De tener que pedir prestado a mis papás, a mi novio o a mis amigos. Un terror medianamente boludo, esa dependencia monetaria que tantas veces me ha frenado a la hora de darme algún gusto (un gusto que, por su parte, también es boludo: una remera, una campera, un par de zapatillas). Yo sé aceptar préstamos, y sé pedirlos cuando es necesario, lo que no sé es quedarme tranquila sabiendo que le debo algo a alguien.

De cualquier manera el control monetario está a la orden del día. Mi nuevo trabajo (medio trabajo) me alcanza justo para pagar las cuentas y después veremos qué hacemos. Por lo pronto hoy me encontré en la cocina lavando verduras y escuchando atentamente al camioncito de la otra verdulería, esa a la que nunca voy, que vociferaba sus ofertas y yo memorizaba cuánto el kilo de berenjenas y cuánto el de mandarina para comparar con mi verdulería de siempre. Camino mucho y ni se me cruza por la cabeza tomarme un taxi, y recorro la ciudad en colectivo con la mochila de mochilera llena de ropa sucia porque ni loca voy al lavadero. Como muchas verduras de estación y vivo a mate. Trato de gastar lo justo y necesario y miro las vidrieras imaginando cómo me quedaría eso y cómo me quedaría lo otro, pero sabiendo que hoy en día no puedo comprar nada.

Estoy más contenta que la semana pasada, y que la anterior, y que el mes pasado y que el año pasado. Por momentos no puedo creer haberme quedado en ese lugar tanto tiempo, teniendo la posibilidad de patear el tablero (¡patear el tablero!) mucho tiempo antes. Hace unos días volví a mi oficina, ésta vez para trabajar freelance, ésta vez facturando por hora, y sentí tanto frío y hastío en tres horas que no supe cómo hacía para estar ocho horas, sola, ahí adentro. En el baño se formaron tres hormigueros gigantes, la empleada que venía a limpiar la empresa me dijo, el día que le conté que me iba: "Cuando llegan hormigas a un lugar significa que la gente está por irse". Y así fue. Ni los gatos quedaron.

Los clichés rameros que NO QUIERO

El jardín desde los dos.
El colegio privado.
Los amigotes de toda la vida.
La carrera con una importante salida laboral.
Los jueves, viernes y sábados salidas.
El autito propio.
El amor de la vida.
El casamiento.
La luna de miel en el Caribe.
El trabajo de nueve a dieciocho.
Los hijos.
Las vacaciones en Mar del Plata la segunda de enero.

martes, 3 de mayo de 2011

Mail recibido. Mail enviado

Mail recibido
blablablablablabla ¿Querés que nos veamos esta semana? blablablablablabla

Mail enviado
blablablablablabla Con respecto a lo de vernos, te digo que no. Estoy saliendo con alguien y estoy muy contenta y no me dan ni un poquito de ganas de verte. blablablablablabla

Mail recibido
Yo también estoy de novio, pero puedo verte igual.

Mail enviado
No se trata de poder o no poder: no tengo ganas de verte.

lunes, 2 de mayo de 2011

Mi departamento a las once de la mañana se roba toda la luz de la ciudad

Hoy, podríamos decir, es mi primer día como desempleada oficial.
Me lo tomo con calma.
Amanecí a las diez, lavé ropa, ordené un poco, tomé mates con el piyama todavía puesto.
Escribí para el blog colectivo, salí a hacer unas compras, recibí un amigo en casa: me pasó un trabajo chiquito y por lo cual, desde que se fue mi amigo, estoy trabajando.

Tranquila.

Me ofrecieron otro trabajo y de nuevo lo rechacé: está bien que esté desocupada y con ganas de trabajar pero tampoco estoy desesperada, como para trabajar mil horas por una miseria en negro. Todo tiene sus límites.

Por momentos sigo asustadísima, pero son sólo momentos: la alegría de haberme ido de la productora es cada vez más grande. El fin de semana estuve con la cabeza laburando a mil por hora, pensando contactos y armando proyectos. Estuve editando mi reel, hacía varios meses que no editaba algo que me copara y editando me di cuenta que me encanta lo que hago. Me encanta sentarme y probar cosas, buscar música, armar la estructura, mirarlo una y otra vez hasta decir sí, listo, quedó perfecto.