Mostrando entradas con la etiqueta Historias de desamor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias de desamor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de octubre de 2011

Un día capaz que empezás a sentir que no podés contar siempre con alguien.
Que nadie es incondicional.
Y te entristecés un pedazo ASI de grande.

martes, 4 de octubre de 2011

Era obvio que iba a pasar

Anoche
-¿A qué hora te levantás?
-A las siete.
-Bueno, me levanto y te hago el desayuno y sigo durmiendo.

Hoy a la mañana
-No te voy a hacer el desayuno, mejor me quedo durmiendo.

martes, 2 de agosto de 2011

Rutina

Es todo risas hasta que uno de los dos dice esta conversación se está volviendo un poco rutinaria. Una explosión de sinceridad que no se esperaba y que el otro toma como cualquier cosa que no se espera: etapa sorpresa, etapa enojo, etapa tristeza, etapa solución.

Yo, por ejemplo, soy una dualidad con piernas: mi mayor temor es la rutina y soy la persona más rutinaria que conozco. Yo tengo rutinas para bañarme, para cambiarme, para cocinar y para ordenar o limpiar. Tengo rutinas para trabajar (o las tenía, qué sé yo, ahora estoy con toda la cabeza laboral dada vuelta) y tengo rutinas para el ocio. Me gusta la rutina y al mismo tiempo me aburre lo previsible de mis rutinas, yo sé que mañana voy a desayunar un café con leche, dos tostadas con queso y un jugo de naranja. Sé que voy a preparar todo eso y me voy a sentar a chequear mails o boludear un rato y que después voy a empezar a trabajar y que cuatro horas más tarde voy a tomarme un recreo para lavar platos, ordenar ropa y armar la cama. Y después voy a seguir trabajando pero voy a parar para elegir una película o serie para ver a la noche y voy a dejarla cargándose o bajándose. Y puedo seguir. Puedo detallar exactamente en qué orden voy a guardar la ropa, cómo voy a armar la cama o a qué hora voy a cerrar las ventanas porque ya está todo ventilado y tengo frío. Y lo sé hoy, a veinticuatro horas de que todo suceda, y lo sé porque soy así: pura rutina. Por eso, y porque trabajo en silencio y sola y encerrada y nunca cruzo palabras ni tengo compañeros de trabajo, me considero una persona aburrida. No, me corrijo: soy divertidísima pero en mi vida no existe la anécdota del día o el episodio que solamente sucedió hoy y nunca más. Soy costumbre. Si me preguntan qué tal tu día, no puedo decir demasiado. No me gusta hablar.

Es difícil convivir conmigo misma en medio de las rutinas que me impongo y que me aburren tanto. Pero de vuelta: las necesito. Necesito los mecanismos y necesito los procesos casi mecanizados. Si no están me desesperan. Pero me aburren. Pero son mis rutinas y me las banco. Nadie tiene que soportarlas. Soy yo con mi necesidad del orden. Yo con mi necesidad del método. Soy yo.

Cuando alguien dice qué rutinaria esta conversación, lo que escucho es qué aburrido es estar con vos. Es como cuando una amiga que querés mucho está enamorada de un pelotudo con el que se pelean y se amigan dos veces por semana y cada vez que se pelean y se amigan ella corre a contártelo y vos la escuchás seis meses y al séptimo le decís siempre lo mismo con ustedes. Primero, tu amiga se sorprende porque le parece imposible que su amiga del alma y el corazón la esté cortando tan en seco cuando lo único que tiene que hacer es escuchar la misma canción aunque ya se la sepa de memoria. Al toque, no pasan minutos entre una cosa y la otra, tu amiga se enoja con vos, te dice qué guacha, yo vengo a contarte cosas importantes y vos me decís ésto. Esta etapa del enojo puede durar horas, días, semanas o meses, vas a seguir viéndola pero ella no va a contarte nada y en las conversaciones va a haber un remanente de enojo, casi imperceptible, esa incomodidad que se genera entre lo dicho y lo no dicho, lo que cuenta cada una y lo que calla porque las dos sabemos que, en el fondo, algo se quebró. Acompañando esta sensación de quiebre, viene la tristeza de las cosas nunca van a ser como antes, vos extrañás la novela de tu amiga y tu amiga tiene dieciocho capítulos que todavía no te contó. Ahí hay perdones, abrazos, mails, cenas o algo que reoriente todo a la amistad que tenían antes. Eventualmente, con las amigas, todo se soluciona.

En una pareja, en cambio, no sé si hay una vuelta atrás. La palabra rutina es como un monstruo invisible que se va apoderando de los dos y cuando se hace explícita se convierte en el peor enemigo que pueda imaginarme. Yo no sé si se puede volver de la palabra rutina en una pareja, se puede cortar con la rutina por un rato, se pueden implementar placebos, engaños, pero la rutina siempre va a estar ahí, en forma de conversación repetida, convivencia frustrada o respuestas automáticas hasta que uno de los dos, casi sin darse cuenta, vuelve a decir qué rutinario todo esto.

sábado, 18 de junio de 2011

Uno se va dando cuenta

Uno se va dando cuenta cuando el otro empieza a alejarse. No es algo tan explícito como el dejar de hablar o de contestar llamados o de contestar mails. Tal vez sean esas respuestas, esas palabras, las que de alguna manera dejan en evidencia que el otro se está yendo. Las miradas esquivas, las pausas en la charla, algún silencio tapado por el ruido frenético e inarmónico que escupe el televisor. La ausencia o la presencia, que te escuchen o escuchar, hablar o no hablar. La distancia expresada en esto: que te de lo mismo. Y cuando el otro se aleja la distancia aumenta tanto que ni siquiera a los gritos existe comunicación. Las palabras, aunque estén presentes, están como vacías, ya no hay sorpresas. La llegada de la confianza deja un lugar inmenso para que las parrafadas hirientes tengan su espacio y caminen cómodas, esa distancia aterra y es imposible de achicar. Uno se va dando cuenta de la automatización y de la rutina, del te quiero por costumbre y del beso chiquito casi por obligación. Uno se va dando cuenta de que las palabras se vuelven difusas y pierden tanto poder que decirlas, hablarlas, nombrarlas, puede, incluso, volverse doloroso. Uno se va dando cuenta y trata de caminar por esa distancia cada vez mayor pero del otro lado el otro se aleja tanto y tan rápido que es imposible alcanzarlo y cuando uno se va dando cuenta de todo esto se entristece y los pasos son cada vez más lentos y espaciados y se vuelve todo pesado, cuesta arriba. Uno empieza a quedarse sin aire.

martes, 14 de junio de 2011

Lo dejo a tu criterio

Mientras me bañaba pensaba que mi novio y yo no tenemos ningún apodo meloso. Quiero decir: eso no lo pensaba, eso ya lo sabía. Lo que pensaba, en realidad, era si no tener un apodo meloso, algún código interno medio vergonzoso, es en realidad una prueba de madurez o un evidente signo de desamor.

lunes, 23 de mayo de 2011

Yo también quería mis "yo también"

Quiero escribir sobre el poder de las palabras y sobre cómo siempre terminamos enroscados por la falta de reciprocidad de un "te quiero", "te extraño" o "te amo". Quiero escribir cómo nos enroscamos con eso y nos olvidamos de todo lo otro, lo que no son palabras pero sí son acciones, esas que dice mucho más que dos o tres o mil palabritas que puede decirlas cualquiera y puede decirlas sin sentirlas y puede sentirlas y nunca decirlas. Pero la falta de reciprocidad de ese cariño hablado, de esa sobreexplicación del amor, la ausencia de esos "yo también" y "yo más", me dan unas ganas de llorar tremendas, así que mejor cierro la boca.

martes, 3 de mayo de 2011

Mail recibido. Mail enviado

Mail recibido
blablablablablabla ¿Querés que nos veamos esta semana? blablablablablabla

Mail enviado
blablablablablabla Con respecto a lo de vernos, te digo que no. Estoy saliendo con alguien y estoy muy contenta y no me dan ni un poquito de ganas de verte. blablablablablabla

Mail recibido
Yo también estoy de novio, pero puedo verte igual.

Mail enviado
No se trata de poder o no poder: no tengo ganas de verte.

sábado, 23 de abril de 2011

Ya nunca más digo "te amo"

La última vez que le dije te amo a alguien, ese alguien amaneció enfermo. No estoy exagerando ni empleando una imagen poética ni nada por el estilo. Enfermo de estar en cama, de ataque de alergia, de dolor de garganta y fiebre. Enfermo de medicamentos.

jueves, 17 de marzo de 2011

¿A vos también te pasó?

¿A vos también te pasó de que te convenciste de algo pero en el fondo sabías que no te lo creías ni un poco? Que, por ejemplo, dijiste "el pibe no me hizo nada, en realidad, soy yo la que me enrosqué" y vos estabas enroscada pero el enrosque no había sido por generación espontánea: el pibe te había hecho algo.

¿A vos también te pasó que perdonaste pero en realidad no habías perdonado nada? O sí, supongamos que habías perdonado, pero a partir de ese momento, desconfiabas de todo, mirabas todo con sospecha. De vez en cuando le revisabas el teléfono, el mail, te preocupabas si no contestaba un mensaje tuyo.

¿A vos también te pasó que sospechaste y te quedaste callada porque "así estamos bien" y "una cosa no tiene que ver con la otra"?

¿A vos también te pasó que mirás hacia atrás y no te reconocés? ¿Que no entendés cómo llegaste a actuar así, a sentirte tan abajo, tan a la defensiva y a la vez sin armar con qué pelear?

¿Te pasó? ¿Eso de no saber de quién estabas hablando cuando estabas hablando de vos?

jueves, 10 de marzo de 2011

miércoles, 2 de marzo de 2011

Me encantaría ser un toque mas optimista

Hay algo que se pierde. Siempre hay algo que se olvida, que queda atrás por mas que hagamos esfuerzos por tenerlo ahí, cerca: el entusiasmo de los primeros meses. La primera vez que te dicen "linda", el primer "te quiero", la primera vez que dormís con alguien. La primera vez. Es inevitable, es imposible recuperar la primera vez de cualquier cosa.

La introducción, en una relación, está repleta de sorpresas, de primeras palabras, de gestos nunca vistos, de miradas que no vuelven a encontrarse. Hay algo fascinante en ese entusiasmo de los primeros meses, algo que atrae y a la vez llena de miedos. Es como un sueño del que uno no quiere despertarse. Hay mails llenos de palabras que nunca vamos a volver a escuchar, esas palabras que refieren a los descubrimientos que hacemos del otro las primeras veces que nos vemos: "qué lindo cuando te reís fuerte". Hay charlas interminables con amigas contando detalle por detalle qué pasó la noche anterior, noches que después se vuelven previsibles, noches en las que ya no se coge, noches en las que ya no dormimos abrazados. Perder el entusiasmo de las primeras veces no es algo necesariamente negativo, no es la culminación de nada, no es el fin: muchas veces es el principio de otra cosa, más íntima, más profunda, con mas amor, con mucho mas amor.

El entusiasmo de esas primeras veces, la incertidumbre, el no saber si sí o si no, si va a llamar, si le gusto, si le pasa algo conmigo. Las respuestas a esas dudas, la primera vez que escuchás "te quiero", la primera vez que conoce a tus amigos, la primera vez que te presenta como "Maru, mi novia". Todo eso un día desaparece, se va, se esfuma, se pierde. Y no hay vuelta atrás.

Me aterroriza completamente la pérdida de ese entusiasmo, me da miedo la costumbre, las palabras que de tanto repetirse empiezan a perder sentido. Me da miedo la posibilidad de que las relaciones, a partir de la pérdida de ese entusiasmo, empiecen a decaer. Que con la pérdida de la sorpresa venga el monstruo de la rutina. Y que con el monstruo de la rutina empiece a perderse todo lo demás.

jueves, 24 de febrero de 2011

Cuando tu novio y vos empiezan a tener el mismo discursito boludo sobre todo lo que hay en el mundo, se acabó el contrapunto tan adorado, están al horno.

martes, 7 de diciembre de 2010

Mi todo - tu nada

Ya no te extraño mas. Me di cuenta que lo nuestro no era amor. Era otra cosa, y aunque no sé bien qué, ahora sé que eso no era amor. Me seguís buscando, y por cómo reacciono cuando me buscás es que sé que ya no te extraño. Ya no sé qué es de tu vida y no me importa. Y ya no sabés qué es de la mia y eso te saca. No, no te saca, no exageremos. Pero te molesta: no ser mas mi centro, ni mi corazón, ni mis recuerdos ni mis pensamientos. Te molesta no ser mi todo. No sé qué cambió. No sé si fui yo o fuiste vos o cambiamos los dos. Solamente sé que ya no sos mi todo. Y que ya no me interesa ser tu nada.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Negación

Me despertó el zumbido de un mosquito en la oreja. Tenía el pelo pegoteado en la cara, la espalda transpirada. Las sábanas estaban calientes, la almohada también. Estiré el brazo hasta el otro lado de la cama: no había nadie. Me senté en la cama y agarré la botella de agua que estaba en el piso. Mientras tomaba algunos tragos caminé a la puerta ventana de la habitación, y salí.
Desde el piso catorce las cosas se ven lindas. De día hay hormiguitas que caminan y autitos de juguete que van de un lado para el otro. De noche todo son lucecitas. Como las de navidad. A mi me gusta la navidad.
Me senté en el piso del balcón. No corría una gota de aire, y supuse que el piso frío me refrescaría un poco, aunque sea las piernas. Algo. Respiré profundo varias veces pero no hubo caso: el oxígeno estaba viciado, el olor a humedad era insoportable, tenía las manos húmedas, la nuca pegoteada. Me fumé un cigarrillo. Estaba desvelada.
No sé cuánto tiempo habrá pasado desde el zumbido del mosquito hasta que me levanté. Lo que sí sé es que fue demasiado. Esperé demasiado tiempo, y sin embargo el no apareció. Cuando volví a entrar a la habitación, a lo lejos se empezaba a ver la claridad del día. Al lo lejos, en el río, los primeros reflejos del amanecer. No había nubes, y la humedad seguía siendo insoportable. Hoy iba a estar igual que ayer: pesado y asqueroso. O asquerosamente pesado.
Caminé por el pasillo hasta la puerta del estudio: estaba entreabierta. Me asomé y lo vi, de espaldas, sentado en la computadora. Otra vez. Entré, despacio, sin que me escuchara, y me apoyé contra la pared. Desde ahí podía verlo a él, y podía ver el enjambre de pijas y conchas y tetas operadas que se movían en la pantalla. Sentí envidia al ver su mano metida en el pantalón. Su respiración agitada me calentó. Traté de recordar cómo era sentirla cerca mio. Cómo transpiraba cuando estaba arriba mio. Sus ojos, por momentos cerrados, hicieron que me preguntara si yo también estaba siendo parte de su fantasía. Si entre todas esas tetas, estaban las mias. Si yo todavía estaba en algún lugar. Si, todavía, en algún lugar, en algún momento, lo calentaba.
Me respondí que sí. Que estaba entre esas tetas, que era parte de esa fantasía, que todavía lo calentaba. Antes de cerrar los ojos, encontré un mosquito y lo maté. Sonreí, triunfal, y me dormí.

martes, 30 de noviembre de 2010

Chicos, NO ENTIENDO

Si un señor te dijera "vos para mi sos un ocho", ¿se supone que es un piropo? ¿las chicas ocho son un "superó los objetivos, pero tampoco para tanto"? ¿es un "te faltó cinco pa´l peso"? ¿o es una puñalada total? ¿un "conocí chicas diez, no les llegás a los talones"? ¿un "seguí participando, má"?

¿Qué es? Por el amor de la virgen santa, ¿¿QUÉ ES??

martes, 23 de noviembre de 2010

No me humanices o atenete a las consecuencias

Te doy lo que sea, te lo juro, no me importa, pedímelo y ya está, ahí lo tenés, no ofrezco resistencia, no te pregunto los por qué, vos pedime, yo te doy. Hagamos eso, juguemos a eso, copate querido, sé buena onda, hagamos cualquier cosa, pedime lo que sea, pero por favor, te pido, te ruego, te imploro: no me humanices.

Manteneme ahí, en el terreno divino, perfecto, inhumano. Manteneme ahí, hagamos pausa en ese lugar, y no descubras mis defectos. No sepas que soy celosa y mucho menos que soy insoportablemente insegura. Que cualquier cosa que digas "voy a lo de mi mamá" "salgo con mi hermano" "me voy a quedar en casa" voy a escucharlo como otra cosa, horrrible, tan pero tan fea que ni siquiera voy a escribírtela acá. Me da miedo que se cumpla.

Manteneme ahí, en el terreno divino, perfecto, inhumano, y no te enteres que cada vez que me llamás para salir a último momento mi vida se convierte en una batalla en la que limpio, ordeno, me depilo y cocino a la vez. Ni se te ocurra darte cuenta de eso, quedate pensando "qué organizada, una barbaridad".

Manteneme ahí, en el terreno divino, y fijate, concentrate, memorizá, cómo te hago reir. Fijate qué buenos chistes, qué comentarios tan irónicos, qué lindo todo lo que digo. Lo demás no lo escuches, tapate los oídos y andate, date vuelta. No me veas angustiada ni triste ni llorando porque cuando me angustio y estoy triste y lloro no hago reir a nadie y mis comentarios parecen el pésame del velatorio de alguien que nunca conocí.

Y no, no mires la televisión conmigo, porque vas a saber que a veces miro Tinelli, y que cualquier reality show me engancha y que siempre lloro en las películas de marginales con talentos extraordinarios, que las películas con juicios me-pue-den y que los dibujitos son mi programa preferido. Y no, ya que estamos, manteneme también en el terreno divino musical y no te fijes, no, por favor, sacá la mano de ahí, no veas mis listas llenas de cumbia y no abras esa carpeta, no, dale, esa carpeta dejala cerrada, no te va a gustar lo que hay ahí, no lo vas a entender. Dejá, mis libros no los toques, están escritos, como esos cuadernos rivadavia de tapa dura, pero no podés mirar lo que dicen, porque si los mirás te vas a dar cuenta de mis imperfecciones, de mi insoportable sensibilidad rosa, de mis miedos y mis tristezas y de todo eso que tan alejado está de ese terreno divino, perfecto, inhumano, donde me tenés ahora.

Pero si de verdad querés ver todo eso, si de verdad querés humanizarme, imperfeccionarme y mandarme de una patada del cielo a la tierra, hacelo. Conoceme, sentate a mirar la televisión conmigo, fijate la grasada que escribí en ese cuaderno, bancate diez minutos de Tinelli porque lo único que quiero ver es quién baila y qué baila, dale, miremos dibujitos, y el reality de los peluqueros, el de los cocineros, el de las inmobiliarias y el de los diseñadores (sí, los de indumentaria y los de interiores), vení, si te animás vení, yo te hago un lugarcito y te digo al oído que anoche te llamé a tu casa y no estabas y me habías dicho que ibas a quedarte y exijo una explicación.

Está bien, hagámoslo, si te animás, pero con una condición, una solita y te juro que ya está, no me importa: yo te muestro todo, mis defectos y mis virtudes, y mis pelitos un poco crecidos y mis listas de cumbia y los programas pedorros de televisión, pero vos me prometés, con una mano en el corazón, que después de ver todo eso, después de humanizarme e imperfeccionarme e instalarme en la tierra mas terrenas, me querés menos, y me amás mas.

¿Qué hacemos?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Basta por favor

Dije que hay que terminarla con los puntos suspensivos porque esta cosita de que vengo, no vengo, voy, no voy, lo vamos viendo, hablamos, te llamo, y el sinfín de sinónimos que ya sabés, me están secando el alma a una velocidad que no se puede creer.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El título del último capítulo de esta temporada de Weeds se llama Theoretical Love Is Not Dead.

A mi y a mi corazón agujereado,
nos encantó

lunes, 15 de noviembre de 2010

Fuertísimo

Recibí un mail y no sé bien qué contestar:

1) Forro, descarado, pelotudo de mierda.

o

2) Andate a la concha de tu madre.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Advertencia

Chicas, mucho cuidado con el señor que dice tener un lado femenino bastante desarrollado. No significa para nada que sea gay, pero hay un 90% de posibilidades de histeria desmedida y egocentrismo galopante.