viernes, 13 de febrero de 2009

¿Viste cuando te das cuenta que estás remando como una loca y tu acompañante se tiró a tomar sol?

Bueno, eso.

lunes, 9 de febrero de 2009

Perdones

Me llamó un sábado por la mañana. Yo estaba recién levantada, malhumorada, y había cruzado algunas puteadas con el señor que vive conmigo, pero no me acuerdo bien por qué.
Hacía varias semanas que ella estaba mal, me llamaba llorando, me contaba sus problemas, problemones, que no sabía se quedarse, o irse, o putear o gritar, o llorar, o revolear todo o callarse la boca.
Yo no tenía paciencia en ese momento, la escuché un poco, me reprochó algunas cosas que por suerte olvidé y después la mandé al psicólogo. Se me enojó.
Estuve todo el fin de semana, y algún día mas, afligida por el enojo, le mandé mensajes (porque no tenía ganas de llamarla y que siguiera reprochándome cosas). Ella me contestaba con monosílabos, y al leerla a mi se me hacía un nudo en la garganta que no podía desatar. 
El martes (o miércoles o jueves, da lo mismo), me manda un mail pidiéndome disculpas. Había empezado la psicóloga y estaba mucho mejor. Yo la leía mejor. Me puse a llorar cuando leí su mail. Es que hay días en los que estoy tan sensible que doy asco. Lloro por cualquier cosa, cualquier cosa, cualquier cosa, la cosa más estúpida. Me puse a llorar y así, con las lágrimas rodando por mis cachetes regordetes, le contesté cosas lindas. "Pase lo que pase, siempre nos vamos a tener, y eso es lo que está bueno".

Ahora estamos como siempre. Hermanitas del alma, o algo por el estilo. Lo que sí, me di cuenta de algo, estos últimos días, y a raíz de este episodio: cuando perdonamos a un amigo, o un amigo nos perdona, no queda un ápice de resentimiento, ni rencor, ni orgullo. El perdón a un amigo -dado o recibido- es el más auténtico de todos. O por lo menos eso es lo que me pasa a mi.

Yo acomodo, no ordeno.

Arriesgada

Hace algunos días, una persona dijo, en relación a mi convivencia: "¿25 y ya convivís? ¡Qué arriesgada!".

Y sí, el momento de la decisión fue eso: arriesgar a un futuro juntos. Ese futuro juntos, esa jugada que hicimos, tan arriesgada, funcionó como el culo los primeros seis meses. Pero después de a poco, empezamos a jugar mejor, a entendernos un poco mas y a ganar con cada movimiento de fichas.

En ese momento fue arriesgado, y en ese momento salió mal, pero ahora, después de casi dos años de vivir con él, puedo decir, con firmeza absoluta, que "el que no arriesga no gana".

jueves, 29 de enero de 2009

No me gustan

Las personas que hablan excesivamente de su personalidad. Por ejemplo, vos y tu progresismo hablado me tienen los ovarios al plato. Así, de una, sin sutilezas. Me resulta demasiado gracioso (tanto que ya me causa mal humor) que la validación de tu existencia esté basada en la insistente repetición de lo progre que sos. No niego que lo seas, solo me aburre que dediques tu preciado tiempo a comunicarnos verbalmente cuán progre sos. Menos palabras chiquita, y un poquito más de acción. Aburrís. Si vas a venir a darme una lección sobre la vida en la villa, andá y fijate cómo viven ahí. Sino, chiruza, te paso el trapo, porque yo sí viví ahí. A mamá mona, no.