Estar con una sola persona.
Comer livianito.
Endibias, por ejemplo.
Al aire libre.
Que no llueva.
Pero que tampoco haga calor.
Mirar estrellas.
Tomar vino rico.
Hacer dibujos en el aire con estrellitas.
Porque desde chica las bengalas me dan miedito.
Comer cerezas.
O frutillas, pero casi no quedan.
Estar en silencio.
Charlar boludeces.
Escuchar alguna música y saltar.
Seguir saltando.
Fumar. Flor estaría bien.
Cantar bajito.
Contar secretos.
Escuchar palabras lindas.
Que no haya pan dulce.
Pero que haya turrón.
Blandito que sea, el turrón.
Y almendras.
Y después brindar.
A las doce, en punto, brindar.
Chocar las copas y pedir deseos.
Pero no decir los deseos en voz alta.
Eso es medio un quemo.
Yo soy sensible para adentro.
No puedo andar diciendo "paz mundial" sin sentirme pelotuda.
Y después que se transforme todo.
El brindis.
Las cerezas.
El turrón.
La noche estrellada.
Lo trillado de la velada.
Los alambrecitos de las estrellitas.
Lo cursi.
Lo ñoña que soy.
La bronca que me da.
Que se transforme todo eso.
En besos.
Y caricias.
Y cuerpos enredados.
Respiraciones agitadas.
Calor.
Calentura.
Y subir y bajar.
Y coger.
O hacer el amor.
Eso: hacer el amor.
Sería el cierre perfecto.
Y la mas perfecta bienvenida.