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miércoles, 21 de abril de 2010

Tristeza

La temporada otoño invierno arranca con un candado gigante en la puerta de la casa tomada.

viernes, 12 de marzo de 2010

El avistaje de la casa tomada es mucho mejor que cualquiera de Lynch

Ayer por la noche, las cosas se pusieron mas que interesantes en la casa tomada. Primero, nuevos integrantes: una familia de cinco, que llegó con gran cantidad de bolsos, bolsas y chirimbolos. El chirimbolo mas llamativo era un carrito de bebé en cuya manija había enganchada una tabla de inodoro. Guarda la tosca: el surrealismo ha llegado a Almagro.
En segundo lugar, un episodio de borrachos melancólicos, que se abrazaban y se decían que se querían. El mas borracho (que no llegaba siquiera a mi edad) le insistía al menos borracho (que me doblaba en edad) para que se quedara a tomar unos "tubos" mas. El menos borracho le decía que no, no y no, porque al día siguiente (hoy) tenía que trabajar. "Yo te entiendo cuando vos no te quedás conmigo" decía el menos borracho apelando a la comprensión amistosa de su amigo el mas borracho. El mas borracho, que no entendía y seguía a los abrazos -"quedate, quedate"- se empacó de manera tal que, bueno, el menos borracho, se quedó. Los perdí de vista cuando se trasladaron al kiosco de la esquina, al que veo si asomo la mitad de mi cuerpo por la ventana. Y soy torpe: no conviene que asome medio cuerpo.
En tercer lugar, EL episodio de la noche: llegó en moto el muchacho de musculosa negra, bermudas de jean (atenti a esto) por debajo de las rodillas, soquetes blancos y zapatillas. Golpeó la puerta y esperó. Salió ella, una señora de forma redondeada y toda vestida de rosa chicle: parecía un globo bubaloo. Diascutieron. unca supe el motivo, pero discutieron y alzaron la voz y ella casi se larga a llorar. En un rapto de dignidad se metió de nuevo a la casa, antes de derramar lágrimas por quien seguramente no las merecía. Pero, ojota, la historia no terminó en eso. Algunos minutos mas tarde, mientras el motoquero de musculosa le pasaba un trapo a su vehículo, salió ella, de nuevo, seguía vestida de rosa, le entregó una flauta dulce y se tomó el buque. Él se subió a la moto, y ahí comprendió: no sabía dónde carajo meter la flauta. Probó en la mano derecha, luego en la izquierda. Cuando la tuvo en la izquierda hizo girar varias veces el manubrio de la motocicleta, y notó que estaría incómodo manejando con el instrumento en la mano. Entonces, ¡zas!, se le prendió la lamparita: se colocó la flauta en la parte trasera, entre las nalgas y el pantalón, arrancó la moto, y se fue.

jueves, 25 de febrero de 2010

Algo contigo

Todos los días, a eso de las nueve de la noche, y desde la ventana de mi casa, lo veo llegar: viste bermudas de jean y unas llantas impecables. El pelo, siempre mojado. Viéndolo, desde acá, puede olerse su desodorante. Golpea la puerta y espera, sentado en el escalón de la entrada. Un rato mas tarde (*siempre* es un rato mas tarde), sale ella. Hablan, durante horas. El es atento, ella siempre sonríe. Yo hago mis cosas, y cada tanto pispeo a ver si siguen ahí. Y siempre siguen. Charlando. El, atento. Ella, sonriente. Me encantaría saber de qué hablan tanto.

Las últimas veces que los vi, los acompañé a mi manera: armé una playlist acorde a una linda historia de amor. Y la pongo fuerte, y daría cualquier cosa por saber si la escuchan.

Hoy salí de bañarme, fui a la cocina a dejar la toalla. Empezó a sonar "Algo contigo". Cuando miré por la ventana, se estaban dando un beso. Yo sonreí.

miércoles, 17 de febrero de 2010

De toalla

Desde la ventana de mi departamento, avisto un personaje particular: en la vereda de la casa tomada de enfrente, una señora en bata de toalla y toalla a modo de turbante en la cabeza, discute con un señor en motocicleta.