viernes, 21 de octubre de 2016

Terapia de bienestar

Que pase el tiempo. Volver al blog. Dormir más de lo necesario. Faltar al trabajo. Leer dos horas seguidas, darse un baño calentito, tirarse a dormir al sol. Todo eso sí, pero lo importante: que pase el tiempo, de cualquier forma y haciendo cualquier cosa. Que los minutos no se vuelvan eternos, que los qué hago qué pienso qué quiero cómo lo resuelvo desaparezcan. Mirar una serie de mierda, de principio a fin, pero que cumpla su fin: que pase el tiempo. Tapar el hueco: de la ausencia, de la ansiedad, del hastío, de la incertidumbre, de la soledad. Ir a lugares sin ganas, estar, participar, volver, que el tiempo haya pasado. Sentarse y esperar que se pasen las ganas de llorar. Contener las lágrimas, tragarlas. Comer chocolate en el desayuno y en todas las comidas que le siguen. Quedarse ciego mirando el sol. Levantar las piernas veinte minutos. Seguir con el dedo un dibujo imaginario sobre la mesa. Que pase el tiempo. Y engañarse: si pasa el tiempo, pasa todo.