miércoles, 26 de junio de 2013

14 / Barcelona de nuevo. Día 05

Un poco empiezo a querer irme de la ciudad. No sé si es que ya repetimos lugares, si me cansé un poco o es solamente la ansiedad de saber que todavía me queda muchísimo viaje por delante. Para dejar de sentir que con Barcelona ya estamos hicimos una lista de pendientes:

-Probar la crema catalana
-Comer tortilla
-Ir al Romesco
-Shopping por Plaza Catalunya
-Palau de la Música

Nos juntamos con amigos a almorzar en el Romesco, un bolichito en el Raval atendido por varios viejos (el último ítem que nos quedaba por tachar en otra lista, la de nuestro amigo, y, como todas las recomendaciones que nos tiró para el viaje, ésta tampoco falló). El lugar es parecido a esos que hay en Avenida Corrientes (Banchero, por ejemplo), sólo que acá venden cosas típicas catalanas: gazpacho, tortilla, pescado, butifarra. Nico, uno de los amigos que estaba comiendo con nosotros y que ya conocía el lugar dijo que había que pedir sí o sí hígado o bacalao así que él y Juan pidieron eso y yo, que no soy fan ni del hígado ni del pescado, comí tortilla de papas y croquetas de algo que no me acuerdo. Todo recién hecho y riquísimo. Tomamos cerveza y fue una de las comidas en las que más gastamos en todo el viaje: 22 euros los dos.

Queda en Sant Pau, 28


Ah: crema catalana. Exquisita. Como un flan o una creme brulée, sé que hay una diferencia en la preparación pero no recuerdo cuál ahora. De nuevo: exquisita.

Yo quería empezar a comprar algunos regalitos así que las chicas del grupo me aconsejaron que fuera a Tiger y mientras me anotaba la dirección dijeron que podíamos ir ya porque estábamos cerca. Es como un bazar no muy grande donde hay de todo un poco y muchas chucherías y pavaditas baratas y lindas para regalar. Todas las cosas que se encuentran ahora o se van a encontrar en seis meses en cualquier tienda de diseño de Buenos Aires pero bastante más baratas. Ni más lindas ni más feas: muchas y baratas.

Como si no hubiera sido suficiente la playa en Mallorca fuimos también a la playa de Barcelona, una horita de tren para caer en un lugar que no tiene nada diferente a Villa Gesell en noviembre: agua fría, no mucha gente, paradores cada cien metros, vendedores ambulantres, música fuerte. Pero queda a una hora del Arco del Triunfo de España y con eso ya dan ganas de ir sí o sí. En la estación de tren mientras esperábamos y los que conocían trataban de decidir dónde nos convenía ir, un viejito medio desarmado se acercó para preguntarnos dónde queríamos ir y cuando le dijeron contestó que no conocía pero que su playa preferida era el lugar donde él vivía: Costa Brava. Me lo anoté mentalmente para conocer la próxima vez que vaya a Barcelona. Nosotros terminamos bajando en Montgard Nord.

Aprovechando que la playa se parecía a Villa Gesell ranchamos como lo haríamos ahí: mantas mezcladas, mate con galletitas, alguno durmiendo, otro tomando sol, otro fumando. Volvimos con el mismo tren y fue la primera vez que yo quería seguir de joda y Juan quería volver al departamento. Gané. Fuimos con todos los mismos amigos a varios bares a tomar cerveza, primero a uno irlandés donde trabaja el novio uruguayo de una de las chicas (tomamos cerveza y comimos unos nachos con queso y guacamole  y mucho picante), caminamos buscando un bar que tenía no sé cuántos tipos de cerveza pero llegamos y había demasiada gente (yo le dije al uruguayo que Barcelona me hacía acordar un poco a Montevideo y me contestó con tono de obviedad “Es igual”), fuimos a otro que se llama La luna, queda cerca de la iglesia Santa María del Mar (el bar es la vieja caballeriza) y ahí, saliendo, el uruguayo nos contó que se dice que Colón citó a un par de paisanos en esa iglesia y les dijo “Hay otro continente” y después la historia es sabida (Wikipedia no lo confirma, pero qué importa). Terminamos la velada en Oviso tomando otra cerveza (ya habíamos ido, queda en la plaza George Orwell) y comiendo un wrap tipo shawarma pero griego (en un localcito chiquito que hay en la misma plaza).

Volvimos al departamento y preparamos todo para el día siguiente: con una pareja amiga alquilamos un auto y nos íbamos a Cadaqués.