sábado, 1 de junio de 2013

03 / Barcelona. Día 03

Mientras volvíamos la noche anterior con los pies casi ampollados, le pregunté a Juan cómo hacían los españoles para beber como beben y al día siguiente levantarse para ir a trabajar. No encontramos respuesta pero sí nos dimos cuenta que éramos muy afortunados: podíamos elegir dormir. La idea inicial era arrancar temprano, ir al Tibidabo, ir a Gracia, ir a la Barceloneta pero cuando nos dimos cuenta eso de que podíamos elegir dormir. A la mañana siguiente desayunamos pan con queso y mate mientras preparábamos dos bolsos de mano para irnos seis días a Mallorca a visitar el hermano de Juan. El resto de valijas teníamos que llevarlas a la casa de otro amigo y de ahí ya nos íbamos a la aventura.

Llegamos a lo de Gaby, no lo conocíamos y nos cayó tan pero tan bien que estamos cruzando los dedos para que cuando volvamos de Mallorca podamos hospedarnos en su casa. Nos dijo que Manchester (el bar que buscamos y buscamos y finalmente encontramos) está lleno de guiris, nos ofreció una cerveza y dijimos que "No, gracias, recién nos levantamos". Nos mostró su casa, nos presentó a un amigo que está ahí parando y que es sobrino de su ex novio (un muchacho divino de Sevilla que dice "hatsa", "batsa", "gatsa", que muchas veces pasa por gay pero no lo es y yo tengo la teoría de que usa eso a su favor para conquistar señoritas). Nos volvieron a ofrecer cerveza y nosotros somos del sí fácil así que la aceptamos. Después llegó otra parejita que pasaba no sé si a buscar algo o dejar otra cosa pero me cayeron muy bien, en especial él, que cada vez que se dirigió a mi agregó "Guapa" al final, eso siempre se agradece y cae bien, las minitas somos así.

Una nota al margen: el nomadismo me cae cada vez mejor. 

Pedimos indicaciones para ir al Tibidabo, un monte que queda frente al Montjüic pero que es más alto. Había que hacer varias combinaciones de subte, tranvía y por último funicular así que presté toda la atención que pude pero mi atención nunca es suficiente, siempre pienso que estoy escuchando y a las dos cuadras cuando repito mentalmente las instrucciones me quedan por la mitad. Compramos en un super unos fiambres, queso, pan, agua y snacks (yo elegí unas papas fritas de lo más normales y Juan unos snacks de cerdo que tenían un leve sabor a bacon pasadísimo y muchísmo muchísimo sabor a una grasa espantosa que se quedaba pegada al paladar, probé uno yo y uno él y los tiramos a la basura). Gastamos 9 euros en total.

Cuando llegamos al punto de tener que combinar con el tranvía nos enteramos que el tranvía funciona algunos días y otros no, así que yo, que tenía muchas ganas de andar, tuve que conformarme con un colectivo normalito. Por último el funicular (sale casi 8 euros pero vale la pena, también puede subirse en auto), que sube los últimos quinientos metros hasta la punta del Tibidabo desde donde se ve la ciudad muy chiquitita. Hay una iglesia viejísima que se construyó alrededor de una ermita. Esto lo estaba contando un viejito que estaba medio de guía y que también dijo que a Gaudí las cosas se las dictaba Dios y que las cosas de Dios son así -mientras levantaba los brazos al cielo. Cuando nos vio comiendo sanguchitos al costado de la iglesia nos dijo "Buen provecho" y se fue con su grupo mientras nosotros pensábamos si seguir sacándonos fotos o qué.

El funicular pasó a ser mi trencito preferido en el mundo
Arriba del Tibidabo hay un parque de atracciones bastante deprimente y algunos restoranes y un barrio brutal en el que hay unas casas brutales, algo muy de ensueño, algo que mirás y decís "Si yo pudiera vendría a vivir acá". Caminamos bastante por todos los alrededores. Le dije a Juan que no estaba segura de haber empacado bien lo que necesitaba para Mallorca y me dijo que no me preocupara, que mientras tuviera la malla estaba todo bien. Parece guionado pero no: le respondí lo que en ese instante acababa de darme cuenta, “me olvidé la malla”.


Claro que nunca jamás en ninguna foto la vista es tan espectacular como en vivo


Tirando facha

Me enamoré de todas las vistas, olí todas las flores, miré el cielo pensando que lo tenía muy cerca, sentí vértigo mirando un juego parecido a una vuelta al mundo, pensé que ese era un lugar ideal para ir a suicidarse. De una camioneta bajaban manteles y mesas, Juan preguntó si había un evento y el de la camioneta le contestó que sí, un casamiento. Guau.

***

Llego al barrio de Gracia y lo primero que pienso es que ya no estoy en Barcelona pero sí, estoy. Las calles son anchas y coquetas. Hay viejas regias mirando las vidrieras de locales regios como Prada, Escada, Hugo Boss, Louis Vuitton. Saco algunas fotos de algunos vestidos que me gustan, digo "guau" frente a cualquier cosa, me imagino en esos tapados con esos anteojos con ese glamour, esas cosas que hacemos los de la clase media aspiracional. Camino entre panaderías con decenas de tipos de panes, me divierto con un muñequito como los de jengibre pero de bola de fraile, me parece un downgrade bastante interesante. Compro uno y lo como, con el primer bocado me encanto con el relleno pero al segundo me doy cuenta que no tiene ningún relleno sino que la parte del medio está un poco cruda. Me habían dicho que el barrio era como un Palermo pero yo lo pienso más como una Quinta Avenida aunque no conozco ni sé cómo es la Quinta Avenida y a la avenida Quintana.


Si esto fuera lo primero que visito de Barcelona o que si por una de esas casualidades vengo un día y conozco sólo esto me iría pensando que Barcelona es demasiado careta, que no vale la pena. Por suerte es mi segundo día y pienso este lugar tan extraño como la contracara de lo que vi el día anterior, del Gótico, del Raval, de los bares, las callecitas angostas y los jóvenes despreocupados hasta que llego a La manzana de la discordia (no diré demasiado porque para algo está Wikipedia).
La Pedrera, Gaudí
La Pedrera, Gaudí
Casa Batlló, Gaudí
Casa Amatller, Josep Puig i Cadafalch
Casa Amatller, Josep Puig i Cadafalch
Gaudí me gusta. Mucho, me gusta.

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En el subte de vuelta Juan me convence de pasar por donde están nuestras valijas y que si de casualidad está el dueño de casa, Gaby, puedo buscar mi traje de baño y tomar sol tranquila como estaba planeado desde hacía varios meses. Gaby estaba en su casa. Tengo malla para Mallorca.

***

Es nuestra última noche en el departamento al que llegamos desde Buenos Aires. Estamos solos porque Kris está trabajando. Nos sentamos en silencio cada uno con su compu y seguimos en silencio varias horas: no estamos acostumbrados a estar tanto tiempo juntos. Comemos pan con alioli y pan con queso y escalivada. Tomamos cervezas y entre lata y lata secamos la cocina porque se está descongelando la heladera. El gato de la casa nos mira con cara de enojado (su cara por default) y el perro ronca. Es una noche como cualquier otra, casi como nuestras noches en Paternal, salvo que mañana nos tenemos que levantar a las seis de la mañana, estar en el aeropuerto a las siete para subirnos a un avión a las ocho y llegar a las nueve a Mallorca.