domingo, 19 de mayo de 2013

19 de mayo. Faltan 8 días

No todo es alegría en la cuenta regresiva.

Sueño que tengo problemas físicos, enfermedades y dolencias en lugares desconocidos donde nadie puede ayudarme.

Sueño que estoy indispuesta. Tengo un fuerte dolor de panza y voy al baño. Me bajo la bombacha y apenas me siento en el inodoro empiezo a chorrear sangre, primero unas gotas, después un chorrito como de pis, después un poco más y después como una canilla. Largo y largo y largo sangre y no sé qué hacer porque el inodoro empieza a llenarse de sangre y si me muevo un poco salpico a las paredes. Ya está la tabla manchada de sangre y mis manos, ¿cómo se mancharon de sangre mis manos? Agarro un pedazo de papel higiénico pero es inútil porque el papel se empapa de sangre y me incorporo un poco pensando que tengo que llamar a alguien, que alguien tiene que ayudarme, que no puedo salir de ese baño así, bañada en sangre, que no puedo dejar las paredes salpicadas, el rollo salpicado y mi ropa toda sucia. No puedo y no paro de sangrar, mi canilla nunca se cierra.

Sueño que tengo algo en una muela. Algo que no debería estar ahí. Lo busco con la lengua para intentar sacarlo pero no hay forma porque es una de las muelas de atrás de todo así que meto el dedo y apenas toco donde suponía que había algo lo que siento es un dolor punzante que me recorre desde el ojo izquierdo hasta la punta de los pies. Como no me convence que la sensación haya sido real (pienso que tal vez fue el miedo, la sugestión) vuelvo a tocarme con el dedo y vuelvo a sentir ese dolor punzante y agudo y sigo tocando y sigo sintiendo ese dolor pero tanto toco que aflojo la muela y tiro un poco y me la saco y empiezo a sangrar. Escupo sangre y siento que tengo algo en otra muela y pasa todo lo mismo y así con todas las muelas y los dientes.

Sueño que estoy sola. No sé de dónde venía ni para dónde iba y no tengo idea dónde estoy. Tampoco sé dónde está Juan, dónde está la gente, dónde están los colores. Es todo soledad, calles vacías, negocios cerrados. Estoy en el medio de una película apocalíptica justo en el momento después del apocalipsis, ahí donde el protagonista se da cuenta que se salvó -o sale de su escondite- y no sabe para dónde disparar. Me quedo quieta unos segundos. Me siento en el cordón de una calle. Espero.

Sueño que me subo a un taxi con todas las maletas. Estoy yendo al aeropuerto para volver a mi casa en Buenos Aires. Es tarde. Le digo al taxista que maneje rápido, que tome un atajo, que pase semáforos en rojo, que atropelle viejitos, carritos con bebé, señoras embarazadas, que haga lo que crea necesario porque si pierdo el avión no puedo volver de ninguna manera -de ninguna manera- a mi país. El conductor se compromete con la causa y maneja rápido y brusco por todas las calles y pareciera que cada vez que doblamos levantamos polvareda. Cuando estamos llegando pienso -práctica- "voy a agarrar todos los papeles así hago el check in a toda velocidad" y cuando empiezo a buscar el portadocumentos me doy cuenta que lo dejé en el hotel en la mesita de luz junto con todo el efectivo que me quedaba. Pienso que cómo pude ser tan estúpida de no revisar el cajón de la mesita de luz sabiendo que siempre me olvido cosas ahí.

Sueño que me detienen en: el aeropuerto, la aduana, la calle, los hoteles. Me detienen sin decirme por qué me detienen y me llevan a un lugar al que no llego porque, por suerte, siempre me despierto.