jueves, 22 de diciembre de 2011

Tengo el novio más inteligente, divertido y lindo del mundo

Mucha tristeza felicidad tristeza felicidad pero cuando pienso en eso del título se me pasa todo lo malo y tengo una sobredosis de felicidad que me alcanza y sobra para el resto de la vida.

Ansiedad

Quiero que pase muy rápido la navidad porque tengo ganas de subirles fotos y mostrarles los regalitos que hice para toda la gente que quiero mucho muchísimo.

Aclaración: espero que no se ilusionen con regalos de alta gama porque mis manitos no tienen tanta cancha con la máquina de coser.

Así me agarra fin de año

Fin de año me agarra así como dije en el post anterior: feliz triste feliz triste etcétera. A mi toda la época de navidad y año nuevo me ponen tan contenta y feliz que me vuelvo una estúpida que se la pasa mirando lucecitas intermitentes y arbolitos de cualquier color. Nochebuena y navidad es felicidad absoluta por mis sobrinos y tristeza inmensa porque estaré lejos de mi novio. Año nuevo es felicidad inmensa porque ¡es año nuevo! y es tristeza infinita porque estaré lejos de mi hermana.

El desempleo no es algo con lo que me esté llevando del todo bien, pero no por el desempleo en sí sino por la falta de plata. Es acá donde los polos feliz-triste se van alternando tan rápido que me marean y me dejan de cama. Descubrí que podría vivir sin trabajar. Lo dije antes de ayer y lo repetí ayer: levantarme y tener todo el día, todos los días para mi. Jugar a lo que se me cante: leer, mirar películas, salir a andar en bici, cuidar las plantas, cocinar, escribir, coser, mirar el techo y pensar, escuchar música, armar un rompecabezas, salir a correr o a nadar. Las posibilidades son infinitas. Los juegos son infinitos. Si no necesitara el dinero que me da el trabajo, repito, sería la persona más feliz del mundo sin trabajar. Me imagino levantándome y mientras me preparo el desayuno pienso qué tengo ganas de hacer hoy. Y si tengo ganas de hacer origami me siento en la mesa a doblar papelitos hasta que se me vayan las ganas o hasta que se haga de noche o hasta que me agarre hambre o hasta que tenga ganas de hacer otra cosa. Y no estar obligado a terminar nada de nada. Terminarlo porque tenía ganas de terminarlo. Pero mi mundo no funciona así y la plata la necesito igual, así que voy preocupándome de a un rato por día, pensando que nunca más me van a llamar de ningún lado, que voy a tener que trabajar en cosas horribles, que me voy a oscurecer tanto que voy a terminar desapareciendo. En general esos ratos de preocupación se dan a la tarde. Por la mañana soy una felicidad con piernas y un qué-ten-go-ga-nas-de-ha-cer que me vuelve loca de la alegría.

Qué lindo sería no tener la necesidad de trabajar nunca más. Si mis padres leyeran esto les daría una vergüenza bárbara: para ellos viene Dios, la cultura del trabajo y pegada a la cultura del trabajo la dignidad.

Además, estoy feliz porque estoy dejando de fumar de nuevo. Todo empezó después de una extracción de una muela de juicio. Van poquitos días y tuve una recaída de un cigarrillo una noche medio bajón. Pero así como tuve esa recaída, tuve obstáculos muy muy grandes como reuniones con amigos y reuniones con alcohol que no completé con ningún cigarrillo. Extraño una barbaridad el cigarrillo y todos los días pienso que debería volver, pero después huelo mi ropa y huele rico y huelo la comida y huele rica y huelo mi aliento y no es tabaco y se me pasan las ganas de volver a fumar. Tengo ataques de ansiedad y tengo atanques de "me como todo".

Por las noches estoy mordiendo fuerte de nuevo (quisiera decir "estoy bruxando" pero no sé si es correcto) y a la mañana me levanto y siento que tengo la mandíbula corrida de lugar. Es un poco desesperante pero sé que son nervios: la semana que viene tengo que hacerme un estudio con anestesia general. Me digo muchísimas veces que no es nada grave, pero lo cierto es que tengo un miedo de la concha de la lora. Básicamente, pienso que no me voy a despertar nunca más. Pero no es grave. No es grave. No es grave. Esto del médico me tiene tristísima. Yo nunca iba al médico y entonces nunca estaba enferma, pero desde junio estoy yendo de médico en médico no porque esté recontra enferma sino porque estoy con algunas cositas mínimas y además porque me atiendo por la obra social del monotributo que es todo "tengo turno para el mes que viene". Voy al ginecólogo y pum, el estudio con anestesia general. Voy al cardiólogo por el riesgo quirúrgico y pum, algo raro en el electro: "¿Fumás? ¿Tomás? ¿Hacés ejercicio? ¿Tomás cocaína? ¿Segura que no tomás cocaína? Es que tenés algo medio parecido a los que toman, ¿segura que no tomás?".

Tengo más cosas por las que estoy feliz y triste pero ya me agarró fiaca. No tengo más ganas de escribir y hoy, que todavía puedo pensar en qué tengo ganas de hacer (e ir y hacerlo), lo voy a aprovechar.