jueves, 15 de diciembre de 2011

Ruda macho

1. Para los momentos de nervio extremo, tengo una colección de anécdotas boludas que saco a relucir porque sacar a relucir una anécdota boluda en un momento de nervio extremo es como decir "no es tan grave, pelotuda, relajate".

2. Las entrevistas laborales me parecen la pedorrada más grande del universo. Las odio y sufro por igual y el odio y sufrimiento se combinan generando el nervio extremo del que hablaba en el punto 1, así que siempre, sin importar el puesto para el que me estén entrevistando y sin importar si conozco o no al entrevistador, largo un anécdota boluda para ponerme cómoda.

Ayer llegué a una entrevista y no sé cómo introduje lo que me había pasado en el colectivo: subió una señora de unos cien kilos, con el pelo cortito casi rapado, un poco colorado y otro poco morocho. Llevaba un bolsón gigante con una tonelada de ruda macho que enseguida se puso cómoda -la planta- y desperdigó todo su aroma a curandera. Repito que no sé cómo introduje el tópico ruda macho en la entrevista, pero conté todo esto y agregué que si tenía olor a ruda macho no era mi culpa, que no era que me había perfumado con nada para obtener ninguna buena energía.

Hubo carcajadas.

Después, la entrevista.
A la tarde le mandé un mensaje a Juan diciéndole: "Siempre me parece que lo que me preguntan en las entrevistas son pelotudeces pero tampoco se me ocurre qué me preguntaría a mi misma si tuviera que entrevistarme para un trabajo".