domingo, 11 de diciembre de 2011

Lo único que quiero

Sánguches de milanesa.

Lo primero que pensé

Jueves
"¡Hay que armar el arbolito!". Lo pensé con mucha, muchísima alegría. También con mucha, muchísima ilusión. Es el primer año desde que vivo sola que tengo arbolito. Limpié toda la casa, incluyendo en la limpieza los vidrios de todas las ventanas y después armé el arbolito y después lo fui paseando por todo el departamento para encontrar el espacio perfecto. No sé si lo encontré, pero unos días más tarde mamá entró al departamento y miró para todos lados y preguntó "¿Y el arbolito?". Bueno, el arbolito estaba al lado de ella y ella no lo vio. Tiene bolas rojas y grullas hechas en papel metalizado y un juego de luces de muchos colores que pienso prender todos los días. 

Viernes
"¡Mañana voy a invitar a comer a mis papás así ven el arbolito!". Lo pensé, también, con muchísimo entusiasmo. No sabía si aceptarían porque la última vez que vinieron, hace ya varios meses, mientras terminábamos de almorzar escuchamos que en la vereda rompían un vidrio y después empezó a sonar una alarma y cuando nos asomamos nos dimos cuenta que eran el vidrio y la alarma del auto de mi papá que de un segundo a otro se quedó sin stéreo. Sin embargo aceptaron sin problemas.

Sábado
"No te puedo creer que tengo que ponerme a cocinar la puta madre que lo parió". Ya había prometido milanesas. Sin ilusión ni alegría ni entusiasmo las cociné y lavé el trapo rejilla para que quede reluciente como le gusta a mi madre. Miré la asunción y toda la bola y me emocioné en varias partes. Después de almorzar repitieron el juramento y volví a verlo con mis padres y los tres nos emocionamos en la misma palabra. Juan no. No se emocionó con esa palabra y por dentro debió haber pensado que estaba rodeado de tres pelotudos. No le robaron el stéreo. Las milanesas salieron muy ricas. La torta de frutillas también.

Domingo
"Qué ganas de cocinar". Pensé eso, literal, sin especificaciones de ningún tipo: no sabía si salado dulce en mucha cantidad o un bocadito, pero tenía que cocinar. Con resaca, ojeras y el mismo vestido y zapatos de anoche, hice unas galletitas de avena que resultaron se un furor para mi, para mi novio, para su amiga que está viviendo acá y para los dos muchachos que también están viviendo acá y son actores.

Me parece ideal que ahora, que está terminando este fin de semana tan largo, se largue a llover.

Pitucones

Pasaba mucho tiempo arrodillada y todas las rodillas de mis jeans pasaban del azul oscuro al blancuzco desagradable hasta que terminaban por romperse y mamá le cosía unos pitucones.
Cada vez que mamá me compraba un nuevo par de jeans oscuros me los entregaba con la advertencia "no te arrodilles mucho que se arruinan muy rápido". Y yo, que no gustaba de tener las rodillas blancuzcas o gastadas o rotas o con pitucones, me prometía que esta vez no, que no iba a arrodillarme más de la cuenta, que no iba a dejar que se gastaran y rompieran mis nuevos y flamantes jeans.
Nunca pude cumplirlo.
Nunca tuve jeans con rodillas oscuras.
Todo fue blancuzco, gastado y con pitucones encima.