miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los ojos de Julia

Empecé a verla y cada vez que me agarra miedo la apago y me pongo a hacer otra cosa hasta olvidarme.
Estoy dándole play y pausa desde ayer a las 17 hs.

Por las dudas estoy mal

No estoy pasando buenos días. Siempre me pasa cuando me sobreenamoro. Pareciera que tengo un límite de bienestar que está directamente vinculado con la cantidad de amor que siento por otra persona. Y cuando ese amor se desborda y cruza el límite, empiezo a sentirme como el orto. Es miedo, inseguridad y tristeza por las dudas. Nada está mal pero yo siento que hay algo que podría estar mal. Por momentos me pregunto qué haría si no tuviera más este amor y me desgarro de la tristeza. Me pego unos viajes depreso-insoportables que no sé bien cómo parar. Lloro un montón y empiezo a desconfiar de cualquier cosa porque es tanto el amor que algo malo tiene que pasar. Es tanta la perfección que algo oculto debe haber. Que mi novio se aparezca de sorpresa en Uruguay a visitarme no puede ser gratuito, alguna tormenta se está acercando. Que además de aparecer de sorpresa me traiga de regalo unas botas de lluvia confirma lo anterior: se viene una tormenta. Todo lo lindo se me tiñe de fealdad o lo tiño de fealdad o no se tiñe un carajo pero yo me hago problemas igual. Cuando estoy así me alejo. Me refugio en casa. Cuando estoy así soy un silencio tan oscuro que me asusto de mi misma. Cuando estoy así soy el cuco. Ordeno y sobreordeno las alacenas y la biblioteca y limpio muchísimo porque la limpieza es terapéutica. Cuando estoy así me siento fea y me siento a mirar pasar la vida por la ventana. Cuando estoy así hago mil millones de cosas pero las hago por inercia, como si no pudiera disfrutar nada porque algo podría estar mal y yo podría no estar dándome cuenta. Hoy a la mañana venía Juan a desayunar y me levanté temprano y me puse a cocinar unos muffins de limón y frutillas. Mientras espiaba si se estaban cocinando bien pensé que estoy teniendo demasiada suerte y no estoy acostumbrada a tener tanta suerte: tener tiempo para hornear algo para el desayuno un día miércoles no es algo que le pase a mucha gente. Conocer gente virtual y que esa gente virtual se convierta en amigos incondicionales tampoco es algo que le pase a muchos. Tener un novio que caiga de sorpresa a otro país para visitarte tampoco es algo usual. Tener una casa linda, una procesadora nueva, papelitos para origami, ganas de hacer cosas, ganas de aprender a hacer cosas. Tener una linda vida. Debe ser que no estoy acostumbrada a tener una linda vida durante un período tan largo. Tanta felicidad es abrumadora, tan abrumadora que todo el tiempo genera dudas. Y entonces cuando llegó mi novio, lo abracé y me largué a llorar. No sabía por qué lloraba, pero lloraba. Supongo que era por las dudas.