martes, 20 de septiembre de 2011

Había cosas de las que no hablábamos

No hablábamos de los padres divorciados ni de los padres que se habían borrado o de los que habían muerto. No hablábamos de tragedias ni sabíamos qué se sentía que te criara una tía o una abuela o cómo estabas ahora que tu vieja se había muerto por un cáncer. Jugábamos a las familias perfectas que nunca un problema y cuando había un problema nos decían que no dijéramos nada, que mejor que nadie se enterara. Y así andábamos, todos felices, en ese viaje de egresados que se extiende desde primer hasta quinto año, siendo parte de familias perfectas, hijos de padres perfectos, obedientes hijos perfectos.

Llorar por las dudas

Amor extremo es pensar que un día puede terminarse todo y largarse a llorar.