miércoles, 29 de junio de 2011

Las tardonas de pilates

Todas, pero todas las clases, hay alguna que cae media hora tarde a una clase que dura cincuenta minutos. ¿No es demasiado?

Zapping de la vida cotidiana

Mirar la televisión me produce muchísima incomodidad. Alguno programas son tan berretas que me estremecen, me dan escalofríos y ganas de taparme la cara con la almohada hasta dejar de respirar. Realities imposibles de niñas que compiten por ser mini reinitas de belleza, concursos de bailes con rutinas graciosas guionadas, cocineros afilando cuchillos para matarse entre ellos, todas esas cosas que son vergonzosas, que son imposibles de ver. Pero la televisión tiene una grandísima ventaja: control remoto. Apretando un botón puedo salir del estado de vergüenza ajena que me genera una nena con una tanga diminuta que se presta a las barbaridades que le dicen o programas periodísticos con conductores que regalan angelitos. El control remoto es mi salvación, el zapping mi religión.

Me encantaría poder inventar un control remoto para la vida cotidiana. Ir en el colectivo y escuchar cómo una madre maltrata al hijo y poder cambiar de canal o poner pausa o hacer algo así. Salirme de la incomodidad que me genera ver a una vieja chota maltratando a un mozo, cambiar de canal cuando un tipo en el colectivo ronca al lado mio y me produce asco. Sería un método completamente autoritario y dictatorial, todo lo que no me gusta desaparecería y habría un mundo lindo sin gente maltratadora y conchuda porque sí. Un mundo más feliz.

Inapetente

Estoy transitando un período de semi anorexia involuntaria que por un lado me da muchísimo temor y por otro me da muchísimo mal humor. Yo no sé qué le anda pasando a mi cuerpo que no acepta las comidas. Todo me cae mal, todo me cae pesado, nunca tengo hambre, tengo que obligarme a comer. No me gusta porque hasta hace poco era todo risas: el jean que no usaba hace tres años volvió a entrarme, conformarme con un yogur y no con media docena de medialunas estaba bueno y era saludable, pero ésto se está transformando en algo que no me copa para nada. A mi me copa comer.

A la mañana me levanto sin hambre y desayuno poquito y como me levanto casi al mediodía, me salteo el almuerzo y paso a la merienda, que consiste en un yogur que parece no terminar nunca. El otro día me obligué a almorzar y a la hora vomité lo poco que había comido. Me bajó la presión dos veces en una semana, una de las cuales tuve que tirarme en la cama porque estaba blanca como una hoja y temblaba y transpiraba y tenía frío y tenía calor, todo al mismo tiempo. Llego a casa a las doce y media de la noche y no tengo tanta hambre como para cocinar pero cocino igual porque sé que tengo que comer aunque no tenga fuerzas ni ganas ni voluntad. Tengo que comer porque no puedo estar sin comer, porque no es sano no comer. Pero como dos bocados y me lleno y me obligo a terminar el plato porque tengo la cara chupada y se me está yendo el culo y tengo unas ojeras que, mamita querida, parezco un zombie.

Estoy desordenada y no me copa. No me gusta tener que obligarme a comer porque comer es una de las cosas que más me gustan en la vida. No me gusta y me da miedo.