miércoles, 8 de junio de 2011

Yo también fui una mujer-niña y por eso me repelen las mujeres-niñas

No me gustan las mujeres-niñas. No me refiero a las que hablan como bebés porque eso ya está más allá de toda mi comprensión, estoy hablando de las que se comportan como niñas con sus parejas. Que reclaman atenciones como si sus parejas fueran sus padres y no sus pares (¿será la diferencia de una letra la que trae la confusión?). No me gusta que las mujeres-niñas hagan caprichito por cualquier cosa y que pidan como si fueran un nene empacado que llora y grita "comprame comprame comprame". No me gustan las mujeres-niñas por varios motivos, pero especialmente porque se colocan en una posición en la que necesitan protección, en la que necesitan ser defendidas de algo que no sé si alguna puede identificar. No me gusta esa posición de hija víctima aplicada a una pareja (aplicada a la familia no sé, tendría que pensarlo un poco). No me gusta porque esa posición implica que el otro es quien tiene que protegerla y cuidarla, como si ella no fuera una mujer de equis cantidad de años que puede cuidarse y protegerse a sí misma. Y del otro lado, por supuesto, no me banco a las parejas de las mujeres-niñas que adoptan el rol paternal (o maternal) y las cuidan y defienden de algo que, repito, no saben ni ellos mismos qué es.