domingo, 5 de junio de 2011

Momentos feos (III). Edición: Ama de casa desesperada

-Que la ropa se haya secado con un olor de raro tirando a feo.
-Tocar la ropa para ver si se secó y no poder identificar si está fría o húmeda.
-Planchar.
-Ver que alguien está por tirar cenizas de un cigarrillo sobre el plato donde recién se comió.
-Que la rejilla de la cocina tenga olor a vómito.
-Que se haya agujereado la bolsa de la basura.
-Acostarse y que la cama tenga migas.
-Mancharse con lavandina.

Felicidad

Me aterrorizan muchas cosas, algunas bobas como las cucarachas y la oscuridad o la muerte y la soledad, pero lo que más me aterroriza es ser infeliz. No sé si es una cuestión que uno pueda controlar demasiado, algunas cosas son dadas y no hay manera de evitarlas (algún trabajo feo, algún dolor que te deje tirada en la cama) pero hablo en otro nivel, ese nivel en el que no quiero que la infelicidad sea mi modo de vida. Vine pensando ésto durante toda la semana porque algunos conflictos familiares hicieron que mi cabeza explotara y que, a pesar de las condiciones preciosas en las que me encuentro ahora, yo anduviera medio cabizbaja o triste o introvertida o un poco de todo. Dormí unas siestas monumentales y cuando duermo ese tipo de siestas sé que hay algo que no está del todo bien y a veces puedo identificarlo y a veces no. Lo que decía de la infelicidad no tiene que ver con el pesimismo, soy pesimista y me gusta ser pesimista porque hay pesimistas oscuros y pesimistas radiantes y yo creo que ahora, a los veintisiete, me ubico en el segundo grupo. Por ejemplo hace dos años (y antes también) yo estaba en el primer grupo, el de los pesimistas oscuros que piensan que todo está mal y que todo va a estar peor, o que el amor no existe, o que la vida es una mierda. Ahora soy pesimista radiante y casi (enfatizo el casi) todo lo negativo de mi vida me da risa. Me quejo por cosas chiquitas como que mi casa está sucia o me quejo por cosas grandes como que no estoy en condiciones para bancarme los conflictos familiares y ponérmelos al hombro porque son demasiado pesados y yo estoy muy flaquita pero después me río porque los conflictos familiares son pasajeros algunos e inevitables los otros. ¿Y qué hacer con lo inevitable o inmutable o imposible de eliminar? Nada, no se puede hacer nada, y tampoco puedo dejar que ese pesimismo familiar me parta la felicidad que tanto me cuesta conseguir. No tengo bien en claro qué es la felicidad, no puedo dar una definición exacta porque la felicidad no está dada por una fórmula básica o por un listado al que le tildás todos los ítems y, listo, sos feliz. Sí puedo decir que hace unos años dejé de oscurecerme todo el tiempo, dejé de hacerme cargo de cosas que no me correspondían y dejé de acercarme a gente que me hacía mal (acá hay algo clave: hace un año me enamoré de un chico que es, además de la persona más graciosa e inteligente que conocí en mi vida, también el más bueno; o sea: dejé de enamorarme de boludos egocéntricos y eso me dio vuelta la cabeza). Me encantaría decir, también, que dejé de sentirme afectada por la mirada de los otros pero eso no, tampoco existen los milagros y si existen no sé si aplican a la personalidad de la gente y no creo que haya algo que de repente haga que mi autoestima suba. Hoy soy feliz y me gusta ser feliz y me gusta que ésta felicidad la haya logrado sola, con mucho trabajo introspectivo y con mucho esfuerzo, porque no es fácil identificar los defectos e intentar cambiarlos y siempre hay recaídas y momentos de mierda. Hoy soy feliz a pesar de las cosas que podrían hacerme infeliz, hoy puedo reírme de lo mucho que lloré ayer y puedo decir sin ningún problema que tuve una relación enfermiza que duró cuatro años y puedo no echarle toda la culpa a él porque hoy en día puedo identificar, también, todo lo que yo hice de mal (ser hinchapelotas y celosa en una primera instancia y, en una segunda, esperar milagrosamente que el otro cambiara). Puedo decirlo porque ya no me da miedo ni vergüenza decir que me equivoqué, y porque me di cuenta que puedo ser feliz sin tener la necesidad de alcanzar una perfección imposible, sin tener que satisfacer todo el tiempo al otro (ser buena hija, ser buena estudiante, ser buena trabajadora, ser buena y nada más), porque me di cuenta que la felicidad es posible y que si yo, con todas las cosas buenas que me pasan en la vida, no soy capaz de ser feliz, entonces estaría completamente jodida.