viernes, 20 de mayo de 2011

Mi cumbia preferida de todos los tiempos

(aclaración: mi cumbia preferida de todos los tiempos cambia todo el tiempo)

Escuché este tema por primera vez en el 2003, cuando sonó junto a los créditos de Disputas. Las putas y su madama bailaban vestidas de maestras jardineras, con niños, haciendo trencitos y pasitos tontos y caras bobas y yo lo vi porque dejé la videocasettera programada porque en ese año yo todavía me iba a dormir tempranísimo y no quería perderme el final de Disputas (serie de la que vi creo que los primeros capítulos y nada más, pero tengo algo con los finales: me gusta ver finales de series y de novelas sin importar si sé de qué se tratan o si tengo que inventar nombres de personajes y tramas y subtramas que se resuelven en los últimos cinco minutos, me encantan las resoluciones). El capítulo no me acuerdo si era bueno o malo porque lo vi esa sola vez, pero los créditos con la cumbia que me había cautivado lo vi cientos de veces hasta gastarlo de tanto rebobinar y dar play. En casa de mamá seguro que está ese vhs, también tengo un vhs con el final de Resistiré y otro vhs con videos de 1995: Jagged Little Pill de Alanis Morisette me había volado la cabeza). Trato de hacer memoria pero creo que en el 2003 todavía tenía una relación de amor/odio con internet, y convengamos que internet no es lo que era, creo que busqué algunas veces de quién era la cumbia de ese vhs gastado pero no había forma, y aunque sospechaba (casi podría decir que tenía la certeza) de que el tema era de Los Charros, en ninguna página aparecía nada y yo me frustraba tanto que volvía al vhs maldito. Después de muchísimo tiempo (muchísimo de verdad, porque lo que sigue ocurrió en el 2010), me dieron ganas de volver a escuchar la cumbia y la busqué en internet y ahora aparecía la letra pero pertenecía a Ruben Blades y el ritmo no era el que yo recordaba. Me bajé el último capítulo en un .avi pedorrísimo que se veía en una pésima calidad y que se escuchaba con un ruido blanco de fondo que aturdía pero me contenté y bailé de nuevo esa cumbia con esos créditos de putas disfrazadas de maestras jardineras. Se rompió la computadora y el capítulo quedó ahí dentro, con un montón de música pedorra que había coleccionado durante muchos años y con otra cantidad de fotos y recuerdos que no me atormenta haber perdido: creo que lo importante lo conservo en la cabeza. Hoy estoy sola en casa y busqué el tema y después de bucear en muchas páginas horribles donde todos se empecinaban en querer hacerme bajar la versión de Ruben Blades, la encontré. Y qué felicidad.


Salpicré de viernes

Hay una cosa que me tiene contenta y es que de repente, en casa, tengo máquina de coser. Me pone contenta especialmente por dos motivos: tengo una estupidez nueva con qué entretenerme y es un objeto lindo. Es una máquina de coser chiquita, antiquísima, negra, con letras doradas que dicen "Singer". Viene con un maletín que parece de Mary Poppins y con el que, cuando yo era chica, jugaba (precisamente) a Mary. Hay otra cosa que me tiene contenta: esta semana fui dos veces al cine y las dos veces la recontra pegué con las películas, las dos argentinas, las dos con grandísimos guiones y actuaciones preciosas y cuánto me reí con una, y cuánto me reí con la otra.

Hay una cosa que no me tiene contenta porque pone en evidencia cierta incapacidad mía para cortar con las cosas. Sigo diciéndole jefa a mi ex jefa, que me llama y me habla como jefa y yo respondo como empleada aunque sea ex empleada. No tenemos nada que nos ate y sin embargo yo no puedo terminar de cortar la soga de la relación. Como si la tuviera atada con cierto margen, como que puedo caminar tranquila, puedo alejarme, pero ante el primer tironcito vuelvo ahí, como un perro. Como un perro. El otro día me llamó y casi discutimos. Yo tengo paciencia pero tampoco tanta, y justificar por qué hago una cosa o por qué hago la otra me pareció algo que nada que ver. Me hizo pensar en la cantidad de veces que me encontré explicando cosas a gente que no merecía mis explicaciones, que no las necesitaba o, simplemente, que no tenían por qué interesarle. Soy demasiado dependiente de la aprobación del otro (en estos días estuve pensando si mi vuelta a la facultad no fue otro intento más por llenarme de devoluciones de, digamos, gente que sabe más y que sus palabras "está bien lo que decís" me inflen el pecho de orgullo).

Queda inconcluso, el post.
Tengo que ponerme a trabajar y pensar en esas cosas que no están bien conmigo no me copa.

Que estoy contenta por la máquina de coser.
Que también estoy contenta por las películas que vi.
Que lo demás, otro día.

Ayer confundí buena onda con confianza extrema y le dije al productor del programa donde trabajo que estaba editando lento porque no tenía ganas de trabajar. Que no tenía ganas, le dije. Y el me contestó: "¿Que estás cansada?" (supongo que fue como si me extendiera la mano para que yo no me hundiera en arenas movedizas, si yo le decía "eso, estoy cansada" se terminaba la conversación) y yo le contesté (porque cuando me hundo, ojo, que me ato una piedra al tobillo y fue) "No, cansada no, no tengo ganas de trabajar". Creo que no correspondía.