sábado, 14 de mayo de 2011

Shampoo contra el cambio climático

Me compré un shampoo que dentro del grupo de los baratos, era el más caro. Prometía con letras brillantes plateadas y doradas, en su envase de color chillón, que protegería mi bella cabellera de los cambios climáticos. No entendí bien a qué se refería, digamos que acá donde estoy yo más que un día con mucha humedad o un día con mucho sol, no hay tantos cambios climáticos como si puede haber en un lugar donde, por ejemplo, de repente empieza a nevar. Acá está empezando a hacer calor todo el año, no mucho más.

Sin embargo lo compré. No sé si fueron las convincentes palabras de su promesa o su color chillón, pero hubo algo, tal vez el enano consumista, el falso precio económico, las letras brillantes, algo, no sé.

Resulta que sí. Cumple. Te proteje la bella cabellera de los cambios climáticos, y es tan meticuloso el cuidado que te tiene, que no te mete la cabeza en una caja de cristal para que el aire viciado te afecte, pero sí te genera una especie de capa protectora en el pelo que lo deja duro, sin movimiento, impermeable, sin caída ni brillo ni suavidad.

El pelo, por supuesto, no siente ni una cosquilla frente a los cambios climáticos. Qué sé yo, consuelo de tonta que tiene una escoba en la cabeza y un envase gigante de shampoo en el baño de su casa.