martes, 29 de marzo de 2011

Esas fiestas que angustian

También están esas fiestas tristes y aburridísimas. Al día siguiente de esas no hay confusión ni nada similar, hay solamente imágenes de gente apagada que baila como babosa y sonrisas estásticas, sin sentimiento ni corazón. Después de esas -tuve una hace muy poco asi que tengo la sensación muy viva, lo pienso y me estremezco- lo único que quiero es encerrarme en mi casa y no salir nunca nunca mas para no contagiarme de esa angustia.

No estoy para esos trotes

No sé si se han dado cuenta, pero casi todos los proyectos que tengo (cocinar, tejer, coser) son de persona mayor. Creo que de un tiempo a esta parte crecí. No maduré, eso es difícil. Pero de repente tengo inquietudes de señora y ya no de señorita. A veces me sale un adolescente por las orejas y me mando a una fiesta y bailo hasta las siete de la mañana cualquier tema cualquier ritmo siempre mal. Porque yo bailo horrible. Bailo, salto, canto, arengo, estimulo a los demás. Me vuelco un poco de cerveza encima y me roza gente transpirada pero no importa demasiado: estoy contenta de verdad. El día después de una fiesta de ese estilo es un desierto. No puedo pensar, me duele el cuerpo, tengo hambre y mal humor. Siempre me agarran dolores de cabeza descomunales y pienso ya no estoy para estos trotes. Repito mentalmente trotes y me da gracia. Me doy gracia. Soy vieja, voy a una fiesta cada dos o tres meses, el domingo me arrepiento de haber ido aunque la haya pasado brootal. Piyameo desde que me levanto, y en general no hablo demasiado porque todo me retumba y lo único que quiero es hacer origamis y coser polleritas hasta el día de mi muerte. Y después quiero mas fiestas como la del día anterior. Y después quiero tener una casa con un perro y un jardín en el medio del campo. Y después bailar cuartetos hasta cualquier hora. Y después tejer mañanitas tirada en el paso una mañana de otoño con mucho sol.

Los domingos después de una fiesta donde la pasé bien es todo confusión. Confusión y dolores de cabeza y de pies. Y algunos restos de diversión y risas que quedaron colgados de la noche anterior. Un quilombo.