viernes, 18 de marzo de 2011

El grupo de pertenencia

Desde que publiqué el post del baby shower hasta recién estuve medio colgada pensando en eso de los amigos que uno pierde o elige perder. En los comentarios me dicen que se pueden recuperar, y es cierto. Pero lo pensé y me di cuenta que no las extraño a ellas, a quienes quiero, y mucho, es una cuestión un poco melancólica o nostálgica: las quiero porque viví muchísimo con ellas, las quiero como se quiere a un recuerdo. Pero no sé si quiero formar parte de ese grupo. Creo que ahora, a las dos y diez de la tarde, lo tengo un poco mas claro: extraño la camaradería. Extraño esa cosa grupal, de unidad, ese todos para uno y uno para todos. No las extraño a ellas, extraño el grupo de pertenencia. Extraño "las chicas".

Yo tengo amigas, no muchas porque soy una persona bastante asquerosa, pero son todas amigas sueltas. Entre sí se llevan bien, pero no puedo decir que con mis amigas formemos un grupo. Yo, por lo menos, no veo esa cosa grupal medio adolescente que extraño pero a la vez no sé si quiero recuperar. Me gusta, tener a mis amigas por separado y un día juntarlas a todas o enterarme que se juntaron entre ellas y se chusmearon entre ellas. Me gusta porque yo soy abandónica. Puedo pasar meses sin atender el teléfono y me cuesta horrores mandar un mail contando en qué ando y preguntando en qué andan.

Extraño esa síntesis grupal de un conjunto de amigas pero sé que no podría bancarme tener un grupo de amigas, tan compacto como, por momentos, asfixiante.

Susanita

Cosas que quiero saber hacer desde que soy pequeña y se me está pasando la vida y no aprendo pero confío en que algún día aprenderé:

-Coser. No un botón, no una roturita: hacer mi propia ropa. Mis polleras y vestidos. No sé, cortinas. Que me dejen de romper el orto "una pollera trescientos pesos".

-Tejer. No una bufanda, eso con paciencia y esmero ya lo hago. Un pulover. Un saco. Un gorrito. Crochet. Mantas.

-Cocinar. De verdad. Amasar. Saber de memoria las recetas. Tortas caseras que no sean el apple crumble que es la única que me sale rica.

Tiempo. Eso necesito.
No. Tiempo tengo. Voluntad necesito.

Y constancia.

El baby shower

El único baby shower que había visto, la única referencia que tenía, era un capítulo de Sex and the City donde van a un baby shower. El martes me llegó la invitación, mi primer baby shower, mi primer amiga embarazada, la primera panza que me animo a tocar, la primer mujer con crío adentro a la que le pregunto todo y mucho mas: qué se siente, qué se siente, qué se siente, qué se siente. También, la única a la que le repetí, durante ocho meses: "Qué impresión, tenés un pibe adentro". Pregunté qué se hacía en un baby shower y me espanté: además de llevar regalos y comer y beber, se supone que en un baby shower hay juegos. Sí, juegos. Yo en una etapa antisocial y me dicen que tal vez tenga que participar en juegos. Odio los juegos, los odio desde que soy así de chiquita e iba a los cumpleaños de mis compañeritos. Odio muchísimo mas los juegos grupales, la división en equipos, arengar a los participantes, ganamos perdimos igual nos divertimos. Me siento en otro planeta y miro todo alrededor y todo me parece estúpido e inútil. Por qué tendría que someterme a juegos. JUEGOS.

El baby shower era a las seis y media de la tarde pero empezó casi a las nueve de la noche. Había globos celestes, banderines celestes, carteles con letras celestes, galletitas en forma de: babero, mamadera, nenito y chupete, todas decoradas con granas celestes. Había floreros celestes, cintas de raso celestes, una torta con forma de estrella toda celeste, barquitos celestes llenos de caramelos; y muffins, también con granas celestes, y con un palito y un osito de goma eva clavado en la punta. Una sobredosis de celeste que tumbaba, y a mi que me torra que el rosa sea nena y el nene sea celeste.

Después, lo de siempre. En qué andás. Tanto tiempo. Qué contás. Cómo va tu vida. Estás de novia. Seguís viviendo en Belgrano. Seguís viviendo sola. Nada del otro mundo, esas conversaciones tipo ayuda memoria que se tiene con la gente que alguna vez fue muy cercana y ahora no tanto. Las organizadoras eran mi grupo de amigas del polimodal (yo soy joven, mami), con las que me sentaba en el colegio (teníamos regias mesas grupales), con las que salía a bailar. Las que se quedaban a dormir en mi casa. Las de las primeras vacaciones en Gesell. Las de las primeras borracheras no tanto, porque yo no tomé alcohol hasta los 22, cuando me separé grosso de mi ex por primera vez y me ahogué, literalmente, en un vaso de vino. Las que me hacían reir y llorar y divertirme y aburrirme, mis amigas del colegio.

Anoche estábamos de vuelta todas juntas, pero yo no soy la misma. Y creo que ellas tampoco. Ellas organizaron el baby shower para la sexta integrante del grupo, la primer embarazada, la única con la que sigo teniendo no sólo contacto, sino una amistad fuerte como una represa: nada nos puede pasar. Me sentí ajena por momentos, como la observadora de una sitcom de un grupo de amigas de toda la vida. Yo era el espectador nomás. Les saqué fotos a ellas, las organizadoras y la embarazada, no me pareció que yo tuviera que participar de esa foto: yo no soy parte de ese grupo. Me dio un poco de tristeza, haberme alejado de ellas (porque fue mi culpa: yo empecé el CBC y me puse de novia y seguí trabajando, todo al mismo tiempo, y tuve que cortar con algo, y me equivoqué y corté con ellas), ser una desconocida, en lugar de estar ahí organizando qué galletitas, qué regalo y cuántos globos. Así, al menos, no todo hubiera sido celeste bebé varón.

Update: hablé de los juegos y de lo mucho que odio los juegos y Marie me pregunta si al final hubo juegos o no hubo. No. No hubo juegos, zafé. Quiero decir: zafé de cortar una tira de papel higiénico a ojo para ver si le embocaba al perímetro de la panza.