lunes, 14 de marzo de 2011

Estoy rozando el personaje antisocial

Estoy rozando el personaje antisocial de una manera que nunca antes. Y lo disfruto muchísimo. Por ejemplo, el fin de semana estuve encerrada todo el sábado y casi todo el domingo (hubo, el domingo, una escena en el exterior que no duró mas de diez minutos). Ya conté que el otoño me pone medio introspectiva, y este año como que se adelantó todo. No veo a casi nadie y odio los días que tengo que tratar con clientes. No atiendo el teléfono de mi casa y me la paso haciendo maratones de series o películas. Tomo mate, ando en piyama lo mas que puedo. No estoy triste ni bajoneada: disfruto mucho de estar sola aunque en el cuarto de al lado haya alguien. Estoy tranquila, camino sin agitarme y el olor del otoño me hace sonreir. Casi no estoy viendo a mis amigas, y practicamente no chateamos ni hablamos por teléfono. Las pienso muchísimo, hablo de ellas bastante, me las acuerdo cuando veo algo y quiero contárselos. Pero estoy en días silenciosos y solitarios, hablando pausado, con listas de tareas pendientes que me preocupan pero tampoco para tanto. No tengo ganas de hablar con nadie y menos ganas tengo de hablar y contar mis novedades: no tengo novedades. Mi departamento, las mañanas de otoño, es lo mas lindo del mundo, y si pudiera no saldría ni a hacer las compras. Estoy rozando el personaje antisocial de una manera que nunca. Y lo disfruto muchísimo.