martes, 18 de enero de 2011

Y hablando de piloto

Hoy tengo un pilotín fucsia que no sé si me hace parecer canchera, extemporánea (podría ser década del 90 a full), o un poquito pelotuda.

Como el tapadito que me compré el otro día, que colgado en la percha da divino y después me lo pongo y (cito textual palabras ajenas) parecés una maestra.

¿Una maestra?

Piloto automático

Y podría hablar todo el día de la muerte. Tranquila y con mucha paz. Quién se murió, cómo, dónde, cuándo. Contárselo a los demás, no con detalles morbosos, una oración, dos a lo sumo. "Se murió (insertar nombre), parece que (insertar motivo de la muerte), tenía (insertar edad), qué bajón".

Ese piloto automático cuando hablo de la muerte esconde muchas otras cosas: miedo, odio, enojo, impotencia, dolor, incomprensión.

Que nos deje en paz, la muy hija de puta

Yo tengo una relación demasiado cercana con la muerte: a veces siento que estoy obsesionada. Si muere alguien de mi edad me agarra una angustia difícil de traducir en palabras. No importa si conocía o no conocía a la persona, no puedo dejar de imaginarme lo que significa no tener mas vida. Quiero decir: no entiendo, ni puedo pensar ni imaginar que hoy, en un rato, todo se termine para mi. En cambio, sí sé lo que pasa del otro lado, con los que quedan acá. Y es terrible. Es inexplicable. Lo mas triste que puede pasar en la vida es que se muera alguien que querés. El saber que no vas a ver mas a ese alguien, el temor de olvidarte de su voz: ese fue mi mayor miedo cuando se murió mi hermana: olvidarme de su voz. Algunos días hago fuerza y la escucho, a lo lejos. Algunos días hago fuerza y no, ya no la escucho. Memorizar una voz y eternizarla se ha vuelto mi tarea máxima cada vez que conozco a alguien.

A veces la sueño. Me habla. La escucho. Y me despierto tranquila.

Pienso mucho qué pasaría si me muero. Qué pasaría conmigo y qué pasaría con los demás. Y el pensar eso mas de cinco segundos me deja de cama por el resto de la semana: es horrible pensarse muerto, es horrible pensar en las cosas que quedarían por la mitad y en las cosas que desaparecerían por completo. Odio pensar esas cosas, pero no puedo evitarlo. No puedo evitar querer entender la muerte, querer hacerme su amiga para luego convertirme en su peor enemiga, engañarla, burlarla, que no se salga mas con la suya, que no se lleve la gente que queremos, las voces que podemos olvidar.

Que nos deje en paz, la muy hija de puta.