martes, 4 de enero de 2011

Es así

Es así: pensás que lo superaste. Te convencés de eso. Te lo repetís. Hasta el hartazgo te lo repetís. Hasta que las palabras pierden sentido y no son mas que un grupo amorfo de letras una al lado de la otra. Pero te voy a contar un secreto: si te lo repetís tanto, no superaste una mierda. Si todos los días visitás su perfil de facebook y te paseás por todas sus fotos, no lo superaste. Si todavía leés sus mails, si tenés algunos mensajes de texto guardados, si en la agenda tenés su foto, no lo superaste una mierda. Si odiás a su nueva novia y le buscás defectos y, peor, hablás de ella en todos lados, no lo superaste. Y es así: la grasa, la poca vida, la ordinaria, la que tiene tiempo al pedo, la que gasta energías en criticarla, la que espera, atenta, como un animal a punto de atacar, que la otra diga algo para atacar diciendo lo contrario, sos vos. La que está pendiente, la que espía, la que va sin ser invitada, la que está de más, sos vos. La que escucha palabras sueltas, la que mira de reojo, la que está metida debajo de la cama mientras los de arriba la pasan bomba, sos vos. Boluda.

En un momento de la vida se me dio por el turquesa: ojotas turquesas, musculosas turquesas, colitas de pelo turquesas, collares turquesas, todo turquesa. No recuerdo bien si fue hace cinco años o diez, lo que sí sé es que la resaca de esa turquemanía tiene forma de dos pares de ojotas i-gua-les y varias colitas de pelo, adivinaste, turquesas. No combino a propósito ojotas y colita de pelo, como pregunta alguien en el post tan deportivo que tiré ayer: simplemente es el resto de mi manía por el turquesa. Manía que sé aberrante y bastante demodé pero que me hace recordar a una época que era la mar de la felicidad. Casi como ahora.

Objetos que me dan mucha impresión y un poco de miedo

Los corpiños con breteles de SILICONA.