martes, 28 de diciembre de 2010

No puedo entender a las personas que le regalan ropa a los niños. ¡Ropa! ¡El regalo mas aburrido del planeta! ¿Nunca fueron niños ustedes? ¿Nunca sintieron esa decepción grandísima que se siente al abrir un paquete y ver una remera? Es un bajón chicos. A los niños, juguetes, libros, juegos de mesa, música, películas, o mil opciones mas. Pero ropa, NO.

Conurbano potencia

Mamá dice de la gente adinerada: "Esa familia no cuenta la plata, la pesa".

Sed de triunfo

El entrenamiento de ping pong viene enfurecido.
Ya entendí.
Ayer metí unos golpes violentísimos.
Mi partenaire me felicitó.

(ojota con el optimismo de la etiqueta que le puse al post)

Tampoco es TAN así

En el tren perfecto las cosas son diferentes. En el tren perfecto no hace calor, las señoritas usan zapatos y los señores saco y corbata. Olores a perfumes, uno por persona, ninguno repetido. En el tren perfecto los imperfectos viajan en el furgón. Los muchachos mas jóvenes visten camisas polo y unos rulos medio despeinados. En el tren perfecto las señoras paquetérrimas no abrazan su cartera. En el tren perfecto no hay olor a chivo salvo en contadas ocasiones. Nadie escupe por la ventanilla. Nadie viaja con medio cuerpo fuera del vagón. Nadie grita. No hay vendedores ambulantes: hay un dúo que hace "hipfolk" (fusión hip hop y, bueno, folklore), un trío que sólo hace folklore. En el tren perfecto sale mucho el gaucho Cardón, que toma mate cebado por su peón. En el tren perfecto no hay niños llorando, no hay viejos locos, no hay olor a mandarina. En el tren perfecto las vidas perfectas de los perfectos pasajeros es abrumadora. Los perfectos pasajeros son como imanes que se atraen unos a otros y se largan chorizos llenos de anécdotas perfectas de hijos profesionales, mudanzas a espacios mas grandes, esposas cocineras, esposos amorosos, viajes al exterior, al interior, mucamas ladronas, "lachica" nueva. Una competencia en la que se gana con perfección. Con una perfección interminable, una perfección que supera toda medida de perfección humana, una perfección sublime, infinita, incalculable. Una perfección tan falsa como la misma perfección.