miércoles, 15 de diciembre de 2010

Llorá

Yo estaba tirada en la cama, con bombacha y corpiño, y vos te tiraste arriba mio y apenas lo hiciste se me llenaron los ojos de lágrimas. Me preguntaste qué me pasaba y no te respondí, no sé qué me pasaba. Me abrazaste fuerte y yo te mojé el cuello con mis lágrimas. Y me volviste a preguntar qué me pasaba y yo seguía sin saber qué me pasaba. Solamente sabía que no podía parar de llorar de ninguna manera. Sentí tu respiración en mi oído, y la escuché tan cerca mio que por unos minutos sentí que había vuelto a confiar, que había vuelto, que estaba ahí, con vos. Se me caían los mocos y respiraba entrecortado, sentía ardor en los ojos y el pelo, que se había pegado a mi cachete, estaba húmedo. Te quedaste ahí, abrazándome, y me dijiste lo que yo necesitaba escuchar. Me dijiste llorá, y yo te hice caso. Lo repetiste, yo seguí. Y mientras seguía llorando sin saber por qué, agradecí en silencio que me dijeras eso, te lo agradecí con un beso, y vos tal vez ni siquiera te diste cuenta de mi agradecimiento. Te agradecí no sólo por decirme eso, sino porque el que dice eso sabe que no es la causa del llanto, sabe que no tiene nada de culpa, sabe que es una catarsis que no tiene motivo específico, que es nada mas que llorar y desahogar. El que dice llorá está dispuesto a estar ahí. Está para abrazar. Está porque quiere estar. El que dice llorá sabe acompañar, sabe escuchar, sabe hablar y sabe hacer silencio. El que dice llorá entendió. Me entendió. Y eso es demasiado.

Y lloro con todo eh

Estoy nerviosa y sensible, y si me rozás me estremezco y enseguida me largo a llorar.

Qué intriga, la puta madre

Hoy a la mañana, en el colectivo, una señora tenía una musculosa muy grandota, no llevaba corpiño y la materia teta estuvo a punto de salir a tomar sol cada treinta segundos. Pero además, la señora se pasaba la mano por el chivo derecho, y luego se olía la mano, y después el chivo izquierdo, y de nuevo se olía, y de vuelta chivo derecho, olía, izquierdo, olía. Y así, todo el camino Almagro-Colegiales. Me pareció entre raro, asqueroso e intrigante. ¿Por qué se olían tanto y tantas veces y sin hacer pausas?

Imaginate que es lunes

Imaginate que es lunes y que odiás los lunes y sabés que todos los lunes pasa algo malo y si no pasa algo malo te inventás algo malo que pase porque es lunes y los lunes pasa algo malo. Imaginate que querías ir al trabajo en bicicleta pero cuando la inflás se te desinfla enterita y no sirve ni para perchero. Imaginate que el día en el trabajo es rutinario como siempre, o peor. Que el delivery del almuerzo te da opciones horribles y tenés que comerte un sandwich tibio de atún y a vos el atún tibio o caliente no te gusta. Imaginate que el colectivo apesta de olor a chivo, que vas parada, que te pesa el bolsón con los mil apuntes que tenés que leer y todavía ni siquiera pispeaste. Imaginate que igual le ponés garra, y llegás a tu casa, prendés la compu, te hacés un mate, y empezás. Y leés una cosa y la resumís, y los resúmenes en computadora te resultan raros porque nunca resumís en computadora: te gusta que la hoja sea cuadriculada y esté llena de flechitas y colores porque pensás que si el resumen es colorido, te va a entrar mas fácil en la cabeza. Imaginate que bueno, por esta vez, por este examen, por la cantidad de material que es y por todo el tiempo que perderías escribiendo a mano, los resumís en la computadora. Imaginate, entonces, que ya tenés la mitad de la materia resumida, imaginate que estás contenta, y que están ricos los mates, y que las cosas malas que pasaron el lunes no son tan malas como podrían haber sido. E imaginate, finalmente, que en esta pequeñísima explosión de alegría, en este extraño estado de optimismo, se te apaga la computadora.

Y que no vuelve a prender.

Y que no tenés back up de nada.